La Isla de la Esperanza, Lynne Olson

Un conflicto como la Segunda Guerra Mundial abarca mucho más que las grandes, y pequeñas, batallas y operaciones militares. Un conflicto como el sucedido casi a mitad del Siglo XX en el que se involucraron tantísimos países es bastante más complejo que la caída de Francia, el desastre alemán en Moscú, la carnicería de Stalingrado o el desembarco de Normandía. Quizás todas estas grandes batallas y operaciones son las que nos han marcado en nuestra mente el sendero en el transcurrir de los acontecimientos bélicos, pero, como casi todo en la vida hay mucha parte del juego que no es la protagonista, que no es la que aparece en los titulares de los periódicos pero que sin su participación se haría poco menos que imposible el resultado final y conocido por todos.

En este caso estamos ante algo parecido. Salvando las distancias con las grandes batallas ocurridas en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, el conflicto se vivió y se luchó también entre bambalinas, entre servicios secretos, entre operaciones encubiertas y entre gobiernos y gobernantes en el exilio. Inglaterra se convirtió en ese bastión que dio soporte a toda esta parte de actores secundarios, en esa base de operaciones que a todas luces parecía «intocable», tras la caída de Francia y una vez superada la primera crisis en la Batalla de Inglaterra, las islas se convirtieron en un fortín tanto física como psicológicamente para todo el orbe en su lucha contra el nazismo. Sigue leyendo

Dieppe 1942, Terence Robertson

EL DESEMBARCO FRACASADO

Agosto de 1942, tropas canadienses y británicas y hasta un grupo ranger de los EEUU se disponen a intentar el primer asalto de cierta entidad contra la fortaleza europea dominada por Alemania. La necesidad de aliviar el frente del Este y el deseo de emplear raids de fuerza, mediante Operaciones Combinadas que ayudasen a mantener en estado de alerta a las defensas costeras, y que sirviesen a su vez para mesurar la potencia de las mencionadas fortalezas costeras resultarían fueron motivos más que suficientes para que Gran Bretaña decidiese preparar esta operación militar. De todo esto va a hablar este libro, publicado inicialmente allá por los años 60 y reeditado por INEDITA en 2013, es de los pocas obras que hay en castellano, al menos que yo conozca, sobre el tema.

Entrando ya de lleno en este trabajo, podemos afirmar que este ha aguantado bastante bien el paso de los años, es un libro donde los canadienses son los principales protagonistas del mismo, no podía ser de otra manera, de hecho el libro despide un cierto aroma a reivindicación de estos, es un trabajo donde se quiere rendir homenaje a la primera participación de Canadá en la Segunda Guerra Mundial, recordar pero también analizar cómo y de qué manera se comportaron aquellos bravos hombres. Sigue leyendo

The last Eurpean War, John Lukacs

Es lamentable, pero cierto: como ya he dicho en otro lugar en el foro, este libro del gran historiador estadounidense de origen húngaro John Lukacs, no está traducido al castellano. Gacias a la editorial Turner podemos disfrutar de sus breves e intensos libros que ya han aparecido reseñados en Novilis (Cinco días en Londres; El Hitler de la Historia; Junio de 1941), así que esperemos que Turner o la editorial que sea se decida a traducir de una vez este clásico de la Segunda Guerra Mundial, publicado en 1976. Clasíco, además, de una forma de contar la Historia inteligente, precisa, elegante, sabia. El inmenso armazón intelectual de Lukacs, que es un filósofo de la Historia, como Dionisio de Halicarnaso, Ranke, Bolingbroke o Americo Castro, se nota en todas y cada una de las páginas de este libro, de 576 páginas, cuyo campo de estudio “es la historia de todo un continente en el curso de una enorme convulsión que se prolongó dos años”. Sigue leyendo

The Sleepwalkers, Christopher Clark

How Europe went to war in 1914

Europa se encontraba en paz aquel domingo 28 de junio de 1914, cuando el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía Chotek cayeron en Sarajevo bajo las balas de Gavrilo Princip, un joven nacionalista y revolucionario serbobosnio. Poco más de un mes después todo el continente se encontraba en una guerra que movilizó a 65 millones de hombres y dejó 21 millones de muertos y heridos, es decir, un tercio de los participantes, una masacre sin precedentes en la historia de los conflictos humanos. La guerra trajo tempestades impredecibles: dos imperios europeos se hundieron, una revolución estalló en el seno de uno de ellos, Estados Unidos intervino para decidir la contienda en medio del agotamiento suicida de las naciones europeas y ya no volvió a marcharse, dictando desde entonces buena parte de la historia del Viejo Continente, ante la mirada atónita de los que habían sido señores del mundo. Las heridas causadas por la matanza no se cerraron en 1918, tras la firma de la paz, sino que continuaron abiertas a lo largo de veinte años hasta el estallido en 1939 de otra guerra aún más devastadora y criminal, provocada por las presuntas víctimas de la primera, la derecha alemana. La Gran Guerra fue, pues, el acontecimiento seminal de ese siglo de las catástrofes y las ilusiones (en el amplio sentido del término) que fue el XX, nuestro siglo por más que le saliera un palito cibernético después hasta convertirse en el XXI. Sigue leyendo

Pedro I el Cruel, Desperta Ferro Antigua y Medieval nº 44

El siglo XIV fue un año convulso para Castilla y las guerras civiles en el reino no fueron sino el fruto de continuos pretendientes a la corona aupados por las distintas facciones y castas de la nobleza empeñadas en apuntalar e incrementar sus privilegios, y la irrupción de nuevos estamentos poderosos por su riqueza económica e influencia como comenzaban a ser las ciudades con su comercio y actividad gremial, y etnias como la judía, un poderoso y suculento brazo financiero para el que quisiese tenerlo de aliado.

El siglo es también testigo de la Guerra de los Cien Años, que involucrará en mayor o menor medida a los reinos más importantes de Europa occidental y, por supuesto a los reinos cristianos peninsulares. También fueron años de malas cosechas, de hambrunas y excesos de los nobles en sus feudos, quizá como consecuencia de la carestía. También fue el siglo de la peste, el mayor cataclismo que asolase el continente y que acabó con la muerte del rey castellano Alfonso XI, padre del que subió al trono con el nombre de Pedro I, conocido por el Cruel por sus enemigos y como el Justiciero, por sus partidarios, lo que una vez más confirma que la historia la escriben los vencedores. Sigue leyendo

Desperta Ferro Antigua y Medieval: La expansión del islam. El califato omeya. VVAA

Estamos ante uno de esos procesos expansivos históricos que siempre sorprenden a propios y extraños por la dimensión de la extensión de sus conquistas como por el origen humilde de los conquistadores y su perduración a lo largo de los siglos pese a la fractura del sistema en un mosaico de estados y facciones hasta nuestros días. La expansión del Islam en el periodo de los Califas Omeyas es hacia oriente y hacia occidente, en resumidas cuentas hacia el mundo conocido.

Poco después de la muerte de Mahoma, tras la fitna o primera guerra civil en la que muere Alí, el yerno del profeta, surge una entidad política fuerte y situada más al norte, en territorio romanizado, que dará lugar al califato de Damasco y al primer califa Omeya en 661, materia que es objeto del primer artículo Muawiya y Alí. Las razones de un enfrentamiento. Es el comienzo de un periodo de consolidación y expansión del Islam que se aprovecha de diversos factores, como un imperio bizantino débil, una buena red de comunicaciones romanas y una fe que es capaz de aglutinar a las belicosas tribus nómadas de la península arábiga, los soldados de Alá, a los que el número les dedica un artículo propio. Sigue leyendo

War for Oil. The Nazi Quest for an oil empire, Dietrich Eichholtz

“De las 3,7 toneladas que Alemania consumió en 1934, el país tuvo que importar del 65 al 70% … casi exclusivamente del Norte y Sur de América… Aunque Alemania otra vez se quería convertir en una superpotencia , su nivel de motorización era tan bajo que el consumo per cápita era de 40 litros, en comparación con los 85 de Francia, 144 en Gran Bretaña y 600 en los Estados Unidos”.

En un corto pero instructivo y meticuloso libro Eichholtz desgrana los planes orquestados desde las más altas instancias del Tercer Reich para resolver el problema del suministro del petróleo en Alemania, explicado en orden cronológico, partiendo desde el Plan de los Cuatro años, dirigido por Göring , en otoño del 36, hasta el primer trimestre del 43, cuando cualquier atisbo de sueño imperial (véase Cáucaso o Medio Oriente) se desvanece tras los desastres en Rusia y África.

El petróleo es un problema para las aspiraciones nazis a dirigir un nuevo orden mundial, y este sentir es común a la clase política dirigente y a los dirigentes alemanes de las grandes empresas y bancos. Deutsche Bank, IG Farben, Dresdner Bank y las grandes empresas petrolíferas alemanas son cómplices, incluso a veces van por delante en las decisiones, de los mandos nazis, que ven que ni una gran ampliación de la infraestructura para producir combustible sintético va a poder, ni de lejos, cumplir con los futuros requerimientos. Primero Austria, luego Rumanía y Polonia, son meras fuentes de petróleo que van a ser tratadas como colonias sin la más mínima contemplación ni miramiento por el futuro del país. Lo importante es el petróleo, y Alemania. Sigue leyendo

La Batalla de Teruel, David Alegre

Guerra total en España

La batalla de Teruel (15 de diciembre 1937-22 febrero 1938) fue en muchos aspectos determinante en el transcurrir posterior de la Guerra Civil española, lo que en un principio comenzó como una operación secundaria con el objetivo de distraer fuerzas al ejército sublevado, que preparaba una nueva ofensiva sobre la capital, acabó por convertirse en una de las grandes batallas de la Guerra de España. Grandes contingentes de tropas se enfrentaron dura y sangrientamente en un territorio agreste, donde el frío fue determinante a la hora de condicionar las diversas acciones operacionales de ambos bandos y, un lugar en el que las bajas serían numerosísimas hasta el punto de poder afirmar que lo mejor y más granado del Ejército Popular de la República se perdió allí, los sublevados también sufrieron elevadísimas pérdidas, entre cuarenta y cincuenta mil hombres pudieron caer bajo en las tierras del Bajo Aragón. Sigue leyendo

Tempestad sobre Vietnam, José Miguel Romaña Arteaga

“Con esta guerra he de llegar hasta el fin”.
J.F.Kennedy

La guerra de Vietnam. Esta es LA guerra para los que crecimos en los 80. Es cierto que entonces se estaba produciendo la guerra Iran-Irak, pero de esa no se hacían películas, y la cantidad de títulos que se estrenaron en aquellos años hacía que la guerra de Vietnam estuviese siempre presente en el horizonte de cualquier chaval, como algo normal y casi cotidiano. Aunque, naturalmente, como una guerra que se concentraba en patrullas de americanos buscando en la selva oscura y pegajosa a unos orientales vestidos de negro, que aparecían y desaparecían a su antojo.

Sigue leyendo

EL SITIO DE VIENA 1683, VVAA

Desperta Ferro Historia Moderna Nº32

Apenas el húsar baja su lanza
Queda un turco ensartado en su extremo
Aterroriza esto al enemigo y lo confunde
Este golpe, que ni frenarse ni desviarse puede
Atraviesa a menudo dos enemigos a la vez
Otros huyen con premura de semejante visión
Igual que las moscas en frenesí.
Vespasian Kochowski, 1684

Fue uno de los últimos grandes órdagos a Occidente y al corazón de Europa por parte del Imperio Otomano. También el mayor momento de gloria de los célebres húsares alados de la caballería polaca. El término de la Guerra de los Treinta Años había propiciado unos instrumentos en los tratados de paz de Münster y Osnabruck que habrían de regir las relaciones internacionales entre estados a partir de 1648, y quizá trajeran un poco de estabilidad al ordenamiento jurídico del Sacro Imperio de y a la resolución de los antiguos pleitos por las usurpaciones sucesivas de tierras en los distintos estados del Imperio, pero los problemas estratégicos continuaron siendo básicamente los mismos a partir de entonces: Francia seguía apostada en el Rin queriendo fagocitar Alsacia y Lorena y establecer su influencia en la otra orilla; y Suecia continuaba empeñada en la dominación de la costa báltica de sur en pugna por Pomerania y el ducado de Prusia, y con sus enfrentamientos dinásticos con Polonia. Sigue leyendo