
Uno de los episodios más trascendentales y relevantes de la historia de Inglaterra tendría lugar como consecuencia de la muerte de un rey sin herederos. Eduardo de Inglaterra, El Confesor, moría en enero de 1066 sucediéndolo en el trono su primer consejero y cuñado, el conde de Wessex Haroldo Godwinson, aunque no por mucho tiempo, pues los pretendientes al trono no se hicieron esperar. Empezando por su propio hermano Tostig Godwinson, exiliado por una pugna anterior, el rey de Noruega Haroldo Hardrada y Guillermo, duque de Normandía, al que habían prometido la sucesión del trono unos años antes. Estos pretendientes no tardaron en organizar sus propias invasiones de Inglaterra. Sigue leyendo



