
Los vikingos siempre han despertado en nosotros un sentimiento aventurero, no sé si emplear el término épico. Desde aquella plegaria «¡Líbranos señor de los hombres del norte!» que cantaban en sus misas los pobladores de las riberas de medio mundo cristiano, pasando por Kirk Douglas y Hollywood, los cascos con cuernos y las borracheras épicas de cuernos de cerveza en las pantagruélicas fiestas de aquellos fornidos barbudos que saqueaban y mataban por Odín, hasta sus extraordinarios viajes por mares y océanos hasta el Mediterráneo, hasta Sevilla, hasta Groenlandia y hasta las costas de América del norte, conforman nuestro imaginario colectivo del mundo vikingo. Sigue leyendo







