
«Amo apasionadamente al Mediterráneo, tal vez porque, como tantos otros, y después de tantos otros, he llegado a él desde las tierras del norte. Le he dedicado largos y gozosos años de estudios, que han sido para mí bastante más que toda mi juventud. Confío en que, a cambio de ello, un poco de esta alegría y mucho de su luz se habrán comunicado a las páginas de este libro». Qué duda cabe que Fernand Braudel cumplió sus deseos: nadie puede leer este libro inmenso, este monumento, sin sentir el goce de la erudición, el enorme magnetismo de la prosa de Braudel y el gran amor que tenía a su objeto de estudio. Sigue leyendo








