Un adúltero americano, Jed Mercurio

“Nuestro hombre es un ciudadano americano que ocupa un alto cargo en el gobierno, casado y padre de una familia joven, que opina que la monogamia rara vez ha sido el acicate de la vida de un gran hombre. Siempre ha tenido mujeres –numerosas mujeres, consecutiva y simultáneamente, entre ellas amigas de la familia, herederas, figuras mundanas, modelos, actrices, amistades profesionales, esposas de colegas, golfillas y prostitutas–, a raíz del descubrimiento juvenil de que a él le gustaban las mujeres y a ellas les gustaba él”. Sigue leyendo

Sin cobertura, Jordi Bordas y Eduardo Martín de Pozuelo

En nuestro país, el género de política-ficción al estilo Tom Clancy o Frederick Forsyth no ha sido demasiado practicado. Igual que ocurre con la novela policiaca –aunque quizás menos–, existe una especie de déficit de credibilidad a la hora de escribir thrillers políticos que ocurran en España o que estén protagonizados por españoles. Lo que creemos a pies juntillas cuando lo escribe John Le Carré no parece verosímil si lo escribe un autor que se llama Pérez o Fernández. Y me temo que esto también ocurre en otros géneros, como muchas veces se ha constatado en este foro. Sigue leyendo

La guerra en la historia europea, Michael Howard

Si tuviera que recomendar un libro de síntesis sobre la historia de la guerra éste sería sin duda el libro que reseño aquí. Se trata de un pequeño volumen de 257 páginas, publicado en 1983 por FCE en su colección de breviarios y aun precio muy módico, haciendo gala del nombre de la editorial (corre la leyenda que FCE iba a llamarse en su origen Fondo de Cultura Ecuménica, pero que un error de imprenta la transformó en Fondo de Cultura Económica, circunstancia a la que los fundadores de la editorial se adaptaron haciendo gala de fair play). Siempre le he tenido mucho cariño a este libro; hasta recuerdo perfectamente que lo compré en la librería Laie (mi segunda librería preferida de Barcelona, después de La Central). La mala noticia es que, al ritmo de destrucción de la industria editorial (aprovecho aquí para lanzar la consigna de “Muera el libro digital”), esta colección genial de FCE, en la que había publicados libros de gente tan diversa como María Zambrano, Borges o Marcuse, ya será pasto de librería de lance. Por eso aconsejo que si os topáis con él en las circunstancias que sean (hasta si os lo lanzan desde una ventana un oscuro siervo del Ipad) os lo agenciéis inmediata y despiadadamente. Sigue leyendo

Las armas y las letras, Andrés Trapiello

 Creo que es mejor no hablar de estas cosas, aunque quizá sea peor el olvidarlas.

Lorenzo Villalonga

Este libro de ecos quijotescos (del Discurso de las armas y las letras, del capítulo 38 de las aventuras del loco hidalgo de la Mancha procede su título) es uno de los libros más divertidos y al mismo tiempo más tristes que he podido leer en los últimos años. Divertido porque el autor consigue entusiasmar inmediatamente al lector con la época y sus personajes, sus destinos y sus ideas, con un estilo impecable, irónico y lleno de gracia. Triste porque Las armas y las letras, cuyo subtítulo es Literatura y guerra civil (1936-1939), es una mirada amplia y minuciosa sobre el papel de los escritores durante los tres años de la contienda más dramática librada jamás en suelo español. Sigue leyendo

Matar a un elefante y otros escritos, George Orwell

No creo que la personalidad y la literatura de George Orwell necesiten de presentació alguna. El volumen que se reseña aquí es una miscelánea de diferentes piezas, ninguna de ficción, y creo que contiene el mejor Orwell, el político y el testimonial. Orwell es uno de esos autores un poco inclasificables que molesta a los ortodoxos de todos lados y al que, en ocasiones, reivindican supuestos heterodoxos que no lo son tanto. Sigue leyendo

El Hitler de la Historia, John Lukacs

Escribo esta reseña desde Berlín. Dentro de veinte minutos exactamente, las selecciones de Alemania e Inglaterra se enfrentarán en Sudáfrica. Las terrazas están llenas, las barbacoas expeden cerveza y currywurst –las salchichas típicas berlinesas- a diestra y siniestra. Mientras los aficionados alemanes se preparan para animar a su selección, pasa un par de tipos con la bandera inglesa a modo de capa, pero no pasa nada. Es Berlín, domingo, aquí el Furhtruck, el desayuno, se puede tomar en un montón de cafés por todas partes hasta las cinco de la tarde, esto es un mar de tranquilidad. Ayer, sin quererlo ni beberlo, en un cementerio cerca del Spree encontramos las tumbas de nada menos que Lettow von Vorbeck, Werner Molders, Hans Udet, Erich von Falkenhayn, von Schlieffen y von Moltke. Y en medio de las tumbas gente tomando el sol en bikini. Con toda naturalidad, a dos pasos del Reichstag y de la Cancillería. Unas cuantas calles más allá se alza la cúpula dorada de la gran sinagoga de Berlín, en la misma calle donde se puede ver también uno de los edificios emblemáticos de los squatters berlineses de los sesenta, actualmente una especie de museo de la roña. Sigue leyendo

Calle de la estación 120, Jacques Tardi

Igual que es rigurosamente cierto que una ciudad británica es “una vasta conspiración para desorientar a los extranjeros” (Georges Mikes, How to be a Brit), con su profusión de nombres distintos para nombrar las calles y la manía de cambiarles el nombre en cuanto hacen la menor curva o de conservar el mismo cuando se ve claramente que se trata de dos calles bien diferentes, hay que decir que no existe ciudad francesa que se precie que no disponga de su digna y habitualmente bastante fea rue de la Gare. Por eso es normal que Nestor Burma, detective y director de la agencia Fiat Lux (“hágase la luz”, un lema muy adecuado para un polizonte privado que investiga crímenes), se sienta desazonado cuando la única indicación para comenzar a desentrañar un misterio es “Calle de la Estación, 120…”. Y aún más cuando las dos personas que han intentado seguir la frase de marras la han palmado en sus propias narices. Sigue leyendo

Junio de 1941. Hitler y Stalin, John Lukacs

El mismo título del libro no deja lugar a dudas sobre su tema: estamos a las puertas de la Operación Barbarossa, la mayor ofensiva militar de la guerra mundial, la invasión de Rusia. Cuando ví el libro en La Central de Barcelona (cuando me fijé en él, en realidad, pues suelo mirar distraidamente las estanterías de Historia contemporánea siempre que voy, y eso ocurre por lo menos dos veces por semana) me pregunté qué de nuevo podía contarme el tal Lukacs sobre Hitler, Stalin y Barbarossa que ya no supiera o creyera saber (pues, como dijo aquél, la soberbia es lo mejor repartido de este mundo: todos creen tener la suficiente; tal es su soberbia). Me bastó leer diez líneas aquí y allá para comprender que estaba ante un libro hipnótico y de lectura que yo me atrevería a calificar de imprescindible. Habrá gente que se esté preguntando ahora mismo qué hace una chica como yo en un lugar como éste; es decir, porqué no conocía yo a John Lukacs, que al parecer siempre ha sido uno de los historiadores de la segunda guerra mundial más interesantes, prolíficos y contundentes de los últimos veinte años. No tengo disculpa, ya lo sé. Sorry. Verzeihen sie. Mil perdones. Vamos con el libro. Sigue leyendo

El telegrama Zimmermann, Barbara Tuchmann

EL DOCUMENTO SECRETO QUE CAMBIO EL CURSO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Este libro le da la razón a aquel famoso adagio que dice que la realidad siempre supera a la ficción. Un servidor se encanta con las alambicadas historias de espionaje de John Le Carré, pero he de decir que, mientras leía el libro de Barbara Tuchmann sobre el episodio del telegrama Zimmermann no podía dar crédito. ¿Quién sino la realidad misma y los intentos desesperados de los alemanes por ganar la Primera Guerra Mundial, podían convocar en una misma historia a la marina japonesa, Pancho Villa, el presidente Wilson, el maquiavélico almirante Reginald Hall, jefe de la Inteligencia Naval británica, los criptógrafos de la Sala 40 –antecedentes de Ultra-, el atildado von Rintelen y un sinfín más de fascinantes personajes?

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Gallipoli, Alan Moorehead

Los Dardanelos separan Europa de Asia. Es un estrecho de unos 50 km de largo y no tienen más de kilómetro y medio de largo en su punto más angosto. Conducen del Mediterráneo al mar interior de Marmara. En la costa noreste, Estambul (Constantinopla, la antigua capital de Bizancio, y en 1915, la del Imperio Otomano) guarda la entrada del Bósforo, aún más estrecho que los Dardanelos, y que conduce al Mar Negro. A partir de la orilla asiática, el Imperio turco se extiende por el Caucaso, el golfo Pérsico y el Mar Rojo. En el curso de la Historia, la posición estratégica de los Dardanelos atrajo siempre a los ejércitos y las armadas. No lejos de allí, en Tracia, los godos aniquilaron al ejército del emperador Valente en el 378, batalla que determinó bien fait la caida del Imperio Romano de Occidente. En Gallipolli habían resistido Ramon Muntaner y sus almogávares después del asesinato de Roger de Flor a manos de los bizantinos, que despertaría la famosa Vengança Catalana. Sigue leyendo