
A pesar de su decrépito estado, de sus hojas amarillentas y de sus bordes pelados, resulta harto complicado desear deshacerse de una obra del genial Julio Verne. Es más, aparte de la belleza de la edición (aunque la portada diría yo que pertenece a “Cinco semanas en globo” (no lo he llegado a leer)), plagada de ilustraciones, es la primera novela cuyo recuerdo atesoro en mi mente y no es broma. Al igual que ya me sucediera con el libro de “Guía ilustrada de aviones espía y vehículos a control remoto”, me acuerdo del lugar donde fue adquirido por mis padre como obsequio para mi hermana. Estábamos en los soportales del pueblo que me vio nacer, Gernika, y debería ser una feria del libro de ocasión. Yo era muy niño y como estaba enganchado a la serie de dibujos animados de Sherlock Holmes (“Meitantei Holmes”), pues me emperré en llevarme también un ejemplar bajo el brazo, pero escrito por Arthur Conan Doyle (por ahí anda también). Sigue leyendo








