Revista Nº 10 De La Guerra

Ya está disponible el nº 10 de la revista De La Guerra para descargar y disfrutar:

Contenidos:

  • Editorial
  • Indice y Créditos
  • Teletipista de Guardia
  • Entrevista – Rubén Sáez Abad
  • El Libro – “Los ases de la Lutfwaffe”
  • El Arma – IJN Taiho
  • El Hombre – Toyotomi Hideyoshi
  • El Equipo de Redacción Recomienda
  • El fin del Akagi – José Miguel Fernández Gil
  • Origen e historia del Me 262 – Rafael Gabardos Montañés
  • Zenón de Constantinopla – Javier Sánchez Gracia
  • Hubo algo mas allá de la PT-109- Javier Yuste González

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Colección Aviones de Combate a Reacción

Desde su aparición a finales de la Segunda Guerra Mundial, los aviones de combate a reacción han revolucionado la aeronáutica y han superado todos los límites en materia de velocidad, potencia, radio de acción y capacidad de ataque. Se encuentran entre las máquinas más sorprendentes jamás creadas y son actualmente las armas más eficaces de la historia de la técnica militar.  Son, hoy por hoy, el máximo exponente de la tecnología más avanzada en cuanto a diseño, electrónica, navegación o propulsión. Y cuentan con las más avanzadas y poderosas armas jamás creadas.

Ahora Planeta DeAgostini nos ofrece la posibilidad de coleccionar los modelos en miniatura de los aparatos a reacción más extraordinarios desde la Segunda Guerra Mundial hasta el siglo XXI. Sigue leyendo

«Tank Men» Primeros capítulos disponibles para leer

DESIERTO IRAQUÍ, 28 DE FEBRERO DE 1991

Mi primera visión de un tanque estallando me dejó atónito. Era febrero de 1991: la Primera Guerra del Golfo.

El campo de batalla nos pertenecía y, tal y como había leído en muchas narraciones de la Segunda Guerra Mundial, “reventábamos” sistemáticamente los tanques iraquíes abandonados para dejarlos totalmente inservibles. El fogonazo y el humo de la explosión y después el retumbante “crump” precedían a la onda expansiva. Una torreta saltaba del casco para mantenerse por un momento sobre un extremo, con el sobresaliente tubo del cañón sosteniéndola como si fuera un gigantesco saltador, antes de derrumbarse. Las llamas se proyectaban rugientes a veinticinco metros de altura como si se tratara de un lanzacohetes invertido. Un momento después, la torreta volteada  también se incendiaba entre silbidos y crepitar cuando el propelente de los proyectiles apilados en su interior vomitaba fuego. Proyectiles aulladores volaban en todas direcciones y el aire por encima y alrededor se llenaba de silbante y veloz chatarra. Durante veinte minutos nos quedábamos clavados en tierra. Sigue leyendo