
«…y me senté por primera vez en un aparato de aviación. El aire producido por la hélice me fue en extremo molesto; no me era posible hacerme oir del piloto; todo se me volaba; saqué un papel del bolsillo y me desapareció; mi casco protector se me escurría, la bufanda se me soltaba, la chaqueta no estaba abrochada con suficiente fuerza; en una palabra, mi estado era desastroso». Así describe lo que sintió al volar por primera vez el As de Ases, el mítico Barón Rojo. Sigue leyendo