Wehrmacht im Ostkrieg, Christian Hartmann

Hace ya muchos años que el Instituto de Historia Contemporánea de Munich (IfZ) viene trabajando en distintos proyectos sobre la historia reciente alemana, donde suele sentar cátedra. Por lo que un humilde lector puede observar, su clave está en contratar a los mejores especialistas del mundo académico, para que trabajen con el objetivo de intentar dar respuestas a las grandes preguntas  sobre su pasado cercano, que la sociedad alemana demanda. Yo creo que sin la Wehrmachtausstellung, o “Exposición de la Wehrmacht”, del Hamburger Instituts für Sozialforschung, y el consiguiente debate que se levantó en toda Alemania, al demostrarse en ellas con documentos gráficos y testimonios cómo la Wehrmacht perpetró innumerables crímenes de guerra en el frente del Este, el IfZ no hubiera emprendido el proyecto que tituló como Wehrmacht im der NS-Diktatur (“La Wehrmacht en la dictadura nacionalsacialista”). El trabajo fue encargado  en 1999 por el ministerio de cultura y educación de Baviera. Para esta nueva empresa  el IfZ reunió a algunos de los mejores historiadores alemanes, verbigracia Christian Hartmann, Johannes Hürter, Dieter Pohl o Peter Lieb. Atendiendo a su nombre, se podría pensar en distintos aspectos en torno a la relación entre la Wehrmacht y el estado nazi. La realidad es que el leitmotiv de todo el proyecto, y de los cinco libros que ha generado, ha sido la relación e implicación de la Wehrmacht con los crímenes de guerra.

Wehrmacht im Ostkrieg es una obra maestra. El objetivo de Hartmann es el estudio de la relación e implicación del soldado alemán con los crímenes de guerra, más que el estudio de la Wehrmacht como institución. Para ello ha trabajado sobre tres aspectos referenciales: Organización, Lugar y Tiempo: la Wehrmacht como organización, como lugar la URSS, y respecto del tiempo, el primer año de guerra: de junio del 41 a junio del 42. La Wehrmacht, después del Reicharbeitsdienst, fue la organización del gobierno nazi con más componentes: Por sus filas pasaron entre 17 y 18 millones de hombres, de los cuales 10 millones combatieron en Rusia. Es un volumen inmanejable. El autor decidió entonces centrarse en el estudio de 5 divisiones alemanas que, en cierta medida, podrían ser una muestra representativa de la variedad organizativa que la Wehrmacht concentró en el Este. En total unos 60.000 hombres. Las divisiones escogidas son: dos de infantería, la 296 y la 45, una división de élite, la 4ª Panzer, una división de seguridad, la 221 Sicherungsdivision, y el Korück 580 (Kommandatur Rückwartigen Armeegebiets), esto es, una división encargada de la retaguardia más inmediata o cercana a la línea de frente de un Ejército alemán.

Para analizar el comportamiento de estas divisiones Hartmann se ha centrado en el estudio de cuatro “compartimentos estanco”, Instituciones, Espacio, Tiempo y Guerra, todos ellos usados y analizados interdisciplinarmente con el objetivo final de tratar de dar respuesta al por qué de los crímenes de guerra en la guerra germano-soviética. Para su análisis de estos cuatro puntos, y sus implicaciones o consecuencias en los crímenes de guerra, el autor ha dividido su libro en sendos  capítulos, más uno final sobre los crímenes en sí.

El primer capítulo, “Formaciones”, Hartmann disecciona la estructura de la Wehrmacht, la tremenda variedad de unidades y su organización y composición. Algunas de las conclusiones más importantes a las que llega , después de unas 60 páginas de análisis, son que 1) aunque las 5 divisiones que se han elegido no son más que una pequeña muestra de la Wehrmacht, ya por sí solas demuestran la tremenda complejidad de estas fuerzas armadas.  Los principios de división del trabajo y especialización no sólo obligaron una supeditación total al colectivo militar, sino que también hicieron que las tareas que los distintos soldados hicieran fueran a veces extremadamente distintas unas de otras. Esta variedad tan grande de tareas se aprecia ya en una sola división. Si a eso le unimos el resto de tipos de divisiones, pues más todavía.

2) Aunque había muchas tareas distintas, todas estaban supeditadas al objetivo supremo: el objetivo militar. Es decir, la dominancia de lo militar en las divisiones de la Wehrmacht se deja calar hasta los niveles de más abajo.

3) Las divisiones de infantería y sobre todo las de ocupación recibieron un material paupérrimo. El material bueno  estaba casi exclusivamente en las motorizadas. Esto tendría consecuencias, no sólo militares. No pocas veces la sensación de inferioridad o de inseguridad fue denominador común en esos soldados, con lo que eso pudo conllevar.

4) Hubo una gran diferencia entre las formaciones de combate y las de ocupación. El objetivo de las primeras fue siempre militar, mientras que las de ocupación desde el principio tuvieron objetivos también administrativos y políticos. Estas divisiones de seguridad tuvieron que convivir con otras formaciones no militares, instrumentos del aparato de explotación y de asesinato del estado nazi.

En este sentido Hartmann se muestra muy crítico con Heer , que afirma ( Hannes Herr , Hitler’s War, p244) que no hubo “divisiones de ocupación” como tales, sino que las “pretendidas divisiones de ocupación” no eran más que una división más. Hubo algunas que efectivamente actuaron como de ocupación, pero según Hartmann fueron tan pocas que la afirmación de Heer no puede ser convincente. (p78) En general se trató de divisiones muy débiles, como el luctuoso ejemplo de la 707 DI.

5) La Wehrmacht fue una organización en la que como en ninguna otra, el individuo estuvo integrado por completo en la maquinaria de la organización. Esto no se debe sólo a que la dictadura y la guerra lo catalizaran. También hay potentes precondicionantes mentales  e históricos. La militarización de la sociedad prusiana no debe minusvalorarse. Por tanto , no todo  en este respecto se debió al nacionalsocialismo, pero sí que es verdad que Hitler entendió cómo sacarle provecho a esta mentalidad.

En el segundo capítulo, “Soldados”, Hartmann hace un estudio a fondo de cada una de “sus” cinco divisiones, desde varios puntos de vista: desde el mismo momento de la formación de la división, pasando por su estructura social, estudios de los soldados y oficiales, familia, educación, nivel económico, lugar de procedencia, el cuadro de mandos , las condecoraciones que obtuvieron o las bajas. Sacar una frase lapidaria que resuma este capítulo es imposible. Quizás la más acertada sería decir que había una variedad muy grande de material humano en la Wehrmacht, muchos con educación , motivación, familia, nivel económico muy distintos. Pero si me centro en lo particular, la verdad es que hay datos, interpretaciones que dan mucho que pensar, son muy ricas: “ Los soldados alemanas cada vez fueron siendo más jóvenes. En 6 años de guerra se hundió la edad media de los reclutas alemanes hasta coger de 15 años. Esto puede ser una causa de que la Wehrmacht aguantara tanto: los soldados estaban 100% adoctrinados.(p99) O cuando se habla de políticas de la Wehrmacht sobre la composición de las unidades: dos tercios de los soldados de una división , al menos, tenían que ser de la zona donde esa unidad estaba estacionada.  Los oficiales sí eran de todo el Reich, y esta medida servía para garantizar la uniformidad de las divisiones. Hartmann ve esta filosofía de agrupar a los soldados de la misma zona como un “artificio” para mantener a los soldados unidos incluso en la guerra (p113-14). El apartado de cuadro de mandos es muy interesante. La magnitud del crecimiento de los oficiales es exponencial: En el Reichswehr había más de 5500 oficiales. En otoño del 38 hay 22.000 y 77000 en la reserva. Hasta Julio del 43 son 250.000 , y en toda la guerra unos 500.000 (p138). Comparando los oficiales de las divisiones del frente con las de ocupación, Hartmann explica que en muchos casos allí llegó destinada gente que estaba rebotada, que no estaba cómoda, o que había tenido problemas en el pasado. Quizás estos perfiles no eran los más idóneos para capear con las tareas que se les exigiría, en el sentido de una guerra irregular (p185). No es menos curioso que “cuantos más oficiales de la reserva hubiera en una unidad, más nacionalsocialista era.”(p178). Para este capítulo Hartmann ha tomado prestados muchos de los métodos analíticos que Christoph Rass ha usado en su obra Menschenmaterial. Deutsche Soldaten an der Ostfront. Innenansichten einer Infanteriedivision 1939 – 1945, (2003).

Bien, hagamos un receso. La lista de datos sueltos que he puesto en el párrafo anterior no son más que algunos de los apuntes a vuelapluma que hice durante la lectura, y con ellos no quiero otra cosa más que destacar la exhaustividad del trabajo de Hartmann, lo inteligente de sus continuos análisis de la ingente cantidad de datos que maneja, la interdisciplinaridad de esos análisis y su esfuerzo por inferir, llegar a conclusiones partiendo desde abajo. Es un trabajo espectacular, pero cierto es que se percibe un equipo de investigadores por detrás ayudando al historiador, porque la densidad de anotaciones y datos vertidos es acongojante. Y, cuidado con lo que puede pasar con las notas al pie, que a veces se pueden comer la historia y fijar ellas el ritmo de la misma. No es el caso; las anotaciones están al servicio de la historia. Además del ingente uso de fuentes primarias de los archivos federales (BA-MA) o del propio Instituto de Historia contemporánea de Munich, por decir sólo dos, Hartmann ha tirado, de forma que llama la atención, de otros dos tipos de fuentes:

1) Domina como pocos la historiografía sobre la Wehrmacht. Leer a Hartmann teniendo Internet a mano, y saldo en la VISA, es muy peligroso.

2) Echa mano continuamente de las experiencias personales de los soldados, ya sea a través de cartas, diarios o memorias, y de las “historias divisionarias oficiales”.

El tercer capítulo lo dedica a la guerra. El lapso de tiempo de estudio, un año desde junio del 41, favorece la división de los subapartados de este capítulo en los distintos estadios por los que pasó la tropa: movilización, rotura, guerra móvil, crisis defensiva y guerra de posiciones o trinchera. Hartmann comienza el capítulo con una reflexión, igual o más válida hoy día, a saber, que tras la Wehrmachtausstellung, los crímenes han desplazado a la guerra como objeto de estudio (p243). Y así es: en concreto en Alemania, el mundo académico está volcado con el estudio de los crímenes. Ahora, conociendo las “circunstancias de partida” referentes a la organización,de tipo militar, sociales y mentales toca ver cómo se comportó esta unidad en acción y dónde ocurrió. Es entonces, después de más de 200 páginas cuando al autor justifica por qué ha elegido para su proyecto como unidad organizativa a la división, y no a otra, ya sea el ejército, cuerpo, regimiento, batallón…:” con el estudio a nivel de división se trabaja en dos niveles: el macrocosmos de la gran estrategia con sus intenciones y decisiones más o menos abstractas y el microcosmos de la guerra y la política de ocupación. En la División se da un juego entre estos dos niveles: Como la unidad más pequeña del nivel operativo que era, la división actuaba como interfaz. A las divisiones les corresponde el proceso dialéctico entre Intención y Realidad de la dirección de la guerra. Este planteamiento integral , desde una perspectiva vertical, abre nuevas posibilidades de estudio: permite estudiar tanto la historia operacional clásica como la nueva historia social, de las mentalidades y del día día aplicada a la historia militar. Y por otro lado permite dar con una narración en la cual siempre hay dos elementos presentes: La institución y el individuo que a ella pertenece. Esto a partir de distintas fuentes: actas oficiales, pero también diarios privados, recuerdos o cartas. Es decir, fuentes que normalmente la investigación coge por separado. “

Un mantra continuo en el estudio de Hartmann es que conforme la guerra se iba haciendo más dura, más puertas se le abrían a los soldados para perpetrar crímenes de guerra. A partir de noviembre del 41 la situación se fue degradando a paso rápido. No sólo en el frente, sino también en retaguardia y con respecto a la política de prisioneros. Referente a estos meses, noviembre y diciembre del 41, el autor explica que  “Que la Wehrmacht había alcanzado su cénit en otoño del 41 era algo que muy pocos soldados de los que estaban luchando sabían.  Estos quedaron normalmente atrapados en un día a día que sólo les dejó tiempo para luchar y sobrevivir. Más que darse cuenta, siguieron avanzando obstinadamente hacia el este, como si no hubieran tenido pérdida alguna. Y lo mismo ocurrió con las tropas de ocupación, que siguieron actuando de igual manera después de pasar el cénit, aunque cada vez se estaba quedando más al descubierto que los métodos que estaban usando no eran los mejores, incluso dejando aparte las consideraciones morales. En general, cada vez iban aumentando las señales que anunciaban el cercano cambio brusco, que tendría como guinda y comienzo el plan de Hitler de Weltsblitzkrieg o Blitzkrieg global”(p344).

Efectivamente, Se tiene que llegar a la situación de diciembre de 1941 para llegar a la brutalización y atavismo en que se transforma la acción de la 4ª div Pz (p 357). O , dicho de otra forma (p382), el cruce de la crisis militar con la carta libre a la violencia sin límites promovida desde el principio por el alto mando alemán, llevaron indefectiblemente a muchos crímenes de guerra. En el diálogo y pugna constante entre la Intención y la Situación, Hartmann continuamente se inclina hacia la Situación. Por ejemplo, en la página 339 lanza una contundente crítica a Hannes Heer (las críticas hacia Heer son varias a lo largo de todo el libro) en referencia al comportamiento de las tropas de la 221º División de Seguridad. Según Heer, en ellos había una mentalidad como mezcla de gusto por el asesinato y sadismo, frialdad y perversión sexual ..(Mordlust und Sadismus, Gefühlskalte und sexuelle Perversionen). Hartmann no está de acuerdo: En contra hablan datos, como por ejemplo que durante julio y agosto estos soldados tuvieron un comportamiento mucho mejor, la mayoría de los partisanos cogidos como prisioneros no fueron ejecutados, y especialmente el análisis social (expuesto por el autor en el capítulo 1) de la tropa de ocupación no sustenta la teoría de Heer.

Un vez pasada la crisis del invierno del 41/42 llegó la “calma” , en una guerra de posiciones, los soldados se ven obligados a tener que confraternizar con la población (p419).

El siguiente capítulo se titula “Espacios”. Entre otras cosas, Hartmann defiende aquí su punto de vista frente a Hannes Heer en lo referente a la división del campo de batalla en Rusia en dos partes: una línea de frente, y una retaguardia. Dos zonas distintas, que Heer sólo ve como una, con las implicaciones a que puede llevar esto: “todos fueron iguales”. Hartmann es más del gusto de matizar, intentando demostrar que cuando hubo divisiones de infantería actuando como divisiones de ocupación , se trató de casos puntuales. La probabilidad de cometer o participar en crímenes de guerra dependió en buena medida en si el soldado en cuestión estaba en el frente o estaba en la retaguardia.

Todos estos vectores interpretativos, agrupados en forma de capítulos, son el sustrato sobre el que se va a trabajar en el gran capítulo, que ocupa casi la mitad del libro, el de los crímenes. Porque ese es el objetivo: dar una respuesta al por qué. Merece la pena transcribir cuáles son las aclaraciones desde las que parte el autor para comenzar su análisis:

– La guerra demostró una y otra vez que los patrones de comportamiento de los soldados constituían un amplio espectro.

– En los documentos no está todo, ni mucho menos, de lo que pasó. Cada soldado apuntaba lo que le interesaba.

– Tratar de explicar todo el comportamiento de los soldados a través de las órdenes daría como resultado algo incompleto.

– En ningún caso hay que suponer que los soldados y sus jefes tenían el mismo objetivo

– Los motivos personales (p475): intención, y lo difícil de discernir este factor en el proceso de toma de decisión de un soldado que pertenece al ejército de un sistema totalitario.

– ¿Cómo de grande fue la libertad de acción de los propios soldados?  En un sistema militar que tiene bien regladas las relaciones entre sus componentes y los procesos los tiene bien divididos por competencias, es muy difícil discernir los motivos personales de los soldados.

– El tema de esta investigación no es tanto la responsabilidad jurídica que puedan tener los soldados, como averiguar el por qué de ese comportamiento.

– Las actas de los juicios llevados a cabo por la Wehrmacht revelan información tanto de civilización como de barbarie.

– Estos crímenes de guerra, ¿eran la norma o eran la excepción? Cómo dar respuesta a esto: necesidad e medir, de contar: Notwendigkeit einer quantifizierenden Militärgeschihtsschreibung, la Kliometrie des Krieges” (Wegner).

– En algunos casos no estuvo claro qué estaba conforme la derecho,  y qué no.

A partir de aquí el autor se zambulle de lleno en las distintas categorías de crímenes en que la Wehrmacht se implicó en Rusia: Sobre la orden de los comisarios, sobre los prisioneros de guerra, asesinato de población, partisanos y crímenes en la retirada.

Cuando Hartmann publicó su libro, aún no se había publicado el de Felix Römer, Der Kommissarbefehl: Wehrmacht und NS-Verbrechen an der Ostfront 1941/42 (2008). Pues bien, precisamente Römer es el asesor de Hartmann en este asunto. Son casi 40 páginas dedicadas al análisis de la orden de los comisarios y, no basta con la interpretación del ingente material con el que Hartmann está arropado, es que también está asesorado por la autoridad número uno en la materia, Felix Römer. Esa es la tónica del proceder del autor, y por eso se trata de un trabajo impagable. Respecto a por qué tanto se ha hablado de la orden de los comisarios cuando no es ni mucho menos el aspecto que causó más muertos entre las filas soviéticas, Hartmann cree que es porque : 1) Es difícil negar su maldad, y 2) embarcaba a la mayor parte de la tropa (p486).

Al apartado de prisioneros de guerra es al que más espacio dedica, más de 100 páginas (entre la p516 y la p635). Lo ha dividido entre “prisioneros de guerra en zona de combate”, y “prisioneros de guerra en la retaguardia”. Hay mucho en alemán escrito sobre esto, y Hartmann parece conocerlo todo. Se mueve muy bien entre la exposición del estado de la materia y las puntualizaciones donde trata de no perder de vista la veleta que apunta a tratar de contestar “¿Por qué?”. Quizás en este capítulo deja un poco de lado el estudio de “sus” 5 divisiones y opta por lo general. En el debate generado entre Christian Gerlach por un lado y Christian Streit y Klaus Jochen Arnold por otro, principalmente, Hartmann se decanta por Streit. Gerlach piensa que el “mando alemán planificó desde el principio avituallar a los prisioneros con cantidades inferiores a lo mínimo necesario para vivir. En septiembre este plan se puso en marcha y, por tanto, los campos de prisioneros se convirtieron en máquinas de exterminio, en instrumentos para un asesinato en masa planificado por el estado”. Hartman et al no es que piensen que sólo la culpa de esta catástrofe fue que no se planificó absolutamente nada al respecto antes de la guerra, aunque tampoco se puede pasar por alto. El curso que tomó la guerra hizo que el alto mando alemán pasara al grupo de los prisioneros de guerra, el más débil de todos, al último puesto de la perversa jerarquía de la alimentación. Resumir los argumentos en media línea a veces puede ser peligroso. Las páginas 572-574 son muy buenas y hay ricos matices e interpretaciones. Es un placer muy grande que alguien te ponga encima de la mesa un debate historiográfico, lo diseccione, analice los puntos de vista y luego justifique por qué toma un camino u otro.

El siguiente apartado de crímenes es el referido al asesinato de la población. Empieza de forma contundente (p642), con una presentación de las cuatro primeras órdenes (del OKH y OKW) para la colaboración entre la Wehrmacht y las SS en la campaña de Rusia. Mucha claridad expositiva y muchas frases para subrayar, apuntar: “Hubo como una especie de transacción entre la Wehrmacht y Hitler. Para mantener a los soldados alejados de los asuntos políticos y garantizar una mano libre en los asuntos militares, la Wehrmacht sacrificó una parte de su autonomía, especialmente en la gestión de su retaguardia (p646)”.

Transcribo a continuación algunas de las conclusiones que el autor saca (p696-698):

– Nadie estuvo tan implicado en el Holocausto como las tropas de retaguardia.

– Hartmann deja probado que el trabajo de exterminio de los Einsatzgruppen no se podría haber realizado sin la colaboración del personal de la Wehrmacht, y mucho menos a esa gran escala a que llegó sin no hubiera sido por su apoyo logístico y administrativo.

– Causa de la dificultad de encontrar opiniones o trazas sobre la actitud del soldado para con los judíos: las condiciones de un sistema totalitario que no permitía otras interpretaciones a la cuestión judía, no dejaron mucho pie a que la gente ese expresara.

– Paradoja: Los que cometieron la mayoría de los crímenes no fueron los que más habían estado sometidos a la maquinaria propagandística del régimen, la gente joven, sino que fueron los viejos, que eran mayoría en las divisiones de ocupación.

– La Wehrmacht, apoyándose en la “parcelación” de las tareas, intentó mantenerse alejada de este gigantesco crimen. Fue un pacto con el diablo.

– Sin embargo, las consecuencias  que se derivaron de esta parcelación no se debieran subestimar. Esta estructuración, precisamente, fue la que permitió , la que sentó la base para el exterminio, para la colaboración entre Wehrmacht y SS.

– La mayoría de las veces lo único que determinó si un soldado se convertía en asesino fue la situación.

Los dos últimos apartados del capítulo de crímenes son “Partisanos” y “Crimenes en la retirada”. En “Partisanos” Hartmann nos explica por qué fue tan importante el  Kriegsgerichtsbarkeitserlass o decreto de jurisdicción de guerra, que dejó las puertas abiertas de par en par a la arbitrariedad en las filas de la Wehrmacht.

Y con esto se llega a las conclusiones que, visto lo visto, son muchas y muy ricas:

A pesar de todos los condicionantes organizativos o sociales, el Ostheer se desenvolvía como en dos escenarios distintos, en dos grandes campos: guerra y ocupación. Por tanto el Heer tenia como dos grupos: uno muy grande, que principalmente estaba en el frente, y otro más pequeño que es el que estaba en la retaguardia.

Para los crímenes de la Wehrmacht, siempre según Hartmann,  hay que aplicar lo mismo que para el resto de crímenes del nacionalsocialismo: eran producto de un gigantesco, anónimo y dividido en tareas aparato organizado, y el rol que cada uno jugó en ello, dependió de su posición jerárquica, su función, y ESPECIALMENTE, del sitio donde estuviera (Einsatzort). (p794) Este lugar de acción decidía mucho: si estaba delante, en el frente, entonces el soldado tenía que estar casi 100% concentrado en sus tareas de guerra. Ahora bien, cuanto más lejos se estuviera de la primera línea de batalla, más claramente se empezaban a discernir las metas políticas de esta guerra. Si un soldado estaba en la retaguardia, lejos del frente, entonces por fuerza la probabilidad de que éste participara o perpetrara un crimen de guerra subía. No hay que olvidar que el alto mando ya había previsto, antes de la guerra, que morirían “varios millones” de hombres por la ocupación.

Las diferencias estructurales entre la acción en el frente o en retaguardia constituyen  “precondicionantes de derecho” en el sentido de que en el frente los soldados alemanes se encontraban con otro soldado armado: había una especia de simetría de la violencia. En la retaguardia era otro asunto distinto:  Aquí los soldados alemanes se movían ante un campo civil, al principio con gente sin armas, un terreno en el que ellos iban a poner en marcha una política de ocupación que poco tenía que ver con algo que se pareciera al derecho. Pues precisamente por las condiciones militares, políticas y de derecho, la posibilidad de cometer un crimen en la retaguardia era mucho más grande que la de hacerlo en la linea de frente. A ello contribuyó también la cantidad tan pequeña de tropas destinadas a la retaguardia. Su número tan pequeño da un contraste desagradable ante la dimensión tan terrible de sus crímenes. (p796)

Referente al “factor tiempo”, el autor cuenta que  Echando un vistazo al microcosmos de los acontecimientos militares que acaecieron en el este de junio del 41, se puede apreciar cómo de rápido se radicalizó la guerra. No era lo mismo en junio-julio del 41 que a partir del otoño del 41, cuando la guerra se complicó y la orden de Reichenau se había expandido por todo el ejército.

Muchos oficiales, después de 1941, se volvieron mucho más cautos. Aquí no sólo hay motivos militares. En muchos sitios los alemanes comenzaron a pensar , a partir de primavera del 42, “esta guerra no se iba a ganar contra los rusos, sino con los rusos”. Se intentó un cambio de actitud.

Sin embargo, se ha visto que en retaguardia, aunque también se intentó operar ese cambio de actitud, ya era demasiado tarde. La radicalización de la ocupación alemana a partir de otoño del 41 puso en marcha una espiral de violencia que ya no se pudo parar simplemente con algunas medidas políticas y económicas. Visto desde este prisma: el invierno de 1941/42 también fue un punto decisivo en la retaguardia.

En el factor guerra, “cuanto más abajo estaba un soldado en la jerarquía, más obligado estaba a cumplir con muchas órdenes. Naturalmente que los soldados estaban sujetos a unos determinantes estratégicos. Pero estos condicionantes empezaron a diversificarse al ser el campo de guerra tan amplio, que los comportamientos y el hacer de los soldados también se diversificó.

El hecho de que estuvieran luchando dos regímenes criminales y totalitarios en muchas ocasiones dejaba poca libertad de acción al soldado: Cualquier soldado que intentara escapar a a sus obligaciones corría el serio riesgo de caer bajo las garras de los aparatos coercitivos de uno y otro monstruo totalitario. Aunque la mayoría de las veces fueron tan solo los acontecimientos militares los que determinaron la actitud de una división (p799). Por supuesto que sería incorrecto explicar el quehacer y los crímenes de los soldados exclusivamente con la situación de la guerra. Decisivos fueron las intenciones de sus mandos. No menos incorrecto sería ocultar el poder catalizador de la guerra, catalizador en el sentido de invitar al crimen.

No sé si por su longitud le pasará a este libro que no será traducido. ¿Ni siquiera al inglés? Ahí está Hitler’s Strategie, de Andreas Hillgruber. Ni al inglés. Wehrmacht im Ostkrieg es un faro, que sirve para orientarse “por dónde van los tiros” en la historiografía, cuáles son los aspectos que preocupan en la actualidad a los académicos estudiosos de la Wehrmacht y la Segunda Guerra Mundial, y un clásico por muchos años.

  • Gebundene Ausgabe: 928 Seiten
  • Verlag: Oldenbourg (16. September 2009)
  • Sprache: Deutsch
  • ISBN-10: 3486580647
  • ISBN-13: 978-3486580648
  • Größe und/oder Gewicht: 16,7 x 4,5 x 24,4 cm

5 pensamientos en “Wehrmacht im Ostkrieg, Christian Hartmann

  1. Te felicito por tu soberbia reseña, Isidoro. Un libro sin duda interesantísimo, tanto por la profundidad de su análisis como por la demostración irrefutable de la implicación del Heer en la guerra de exterminio que se llevó a cabo en el frente oriental. Una pena que sólo esté disponible en lengua alemana. Me temo que con suerte se publicará en inglés (y en tirada reducida) pero casi imposible que alguna editorial española se atreva con esta obra.

    Saludos

  2. ¡¡¡Felicidades Isidoro!!! Tu reseña – por su extensión, extraordinariamente lúcido análisis y magnetismo – va más allá de una simple reseña y se convierte casi en una tesis doctoral.

    Afortunadamente, gracias a tí, disfrutamos de las conclusiones del magnífico y ciclópeo trabajo del profesor Hartmann pues es evidente que, desgraciadamente, esta obra no será traducida al castellano.

    Algunos de los aspectos que tan bien has tratado me han recordado análisis similares a los recogidos en dos obras imprescindibles sobre el tema – aunque mucho más limitadas -: “Aquellos hombres grises: el Batallón 101 y la Solución Final” de Christopher Browning; y “Amos de la muerte: los SS Einsatzgruppen y el origen del Holocausto” de Richard Rhodes.

    Saludos y gracias

  3. Gran reseña Isidoro. Enhorabuena. En el libro Soldaten queda también patente la participación de los soldados del Heer en crímenes de guerra. Hay algunas conversaciones de prisioneros que son tremendamente reveladoras.

    saludos

  4. Hola, gracias. Me alegro de que os haya gustado. Efectivamente, Verdoy, Hartmann está muy en la onda de Neitzel. Una suerte que haya sido traducido por Crítica. Es una lectura que tengo pendiente, y que sirve (especialmente al que lea sólo español) para conocer los derroteros de la historiografía alemana sobre el estudio de los crímenes de guerra perpetrados por la Wehrmacht, especialmente en el Este.

    Saludos.

  5. Buenos días,

    José Sebastian, el libro de Browning es una obra maestra. Me encantó, siendo corto, sencillo y profundo. Son muchas las diferencias entre el libro de Browning y HArtmann, pero sobre todo es que HArtmann se ocupa sólo de la Wehrmacht y el papel que juega en los crímenes de guerra, y no de otras unidades no pertenecientes a las fuerzas armadas alemanas, como por ejemplo el luctuoso batallón de policía del libro de Browning.

    “Amos de la muerte” no lo he leído. Lo tengo por ahí en formato bolsillo pero, si no me equivoco, se ocupa de las SS, y no de la Wehrmacht.

    Después de las famosas dos ediciones de la Exposición sobre la Wehrmacht en Alemania (Wehrmachtausstellung), se han publicado muchos trabajos que certifican el fin de la leyenda blanca sobre una “Wehrmacht limpia”. Algunos de los autores más conspicuos en este respecto son el propio HArtmann, Johannes Hürter, Sönke Neitzel, Felix Römer o Dieter Pohl. Tampoco me olvido de Omer Bartov.

    Saludos

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