Supervivientes de Stalingrado, Reinhold Busch

“Aunque no hay paz en la tierra y la gente se deleita con la guerra, esta tarde leí en la historia de la Navidad las lacónicas palabras “¡no temas!”, y este será mi eslogan de Navidad este año”. (p259)

Reinhold Busch es un médico de Metz nacido en 1942 que lleva investigando los servicios de salud de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial desde 1995. Aquí ha reunido 39 testimonios de soldados que sufrieron el cerco del 6º Ejército alemán en sus propias carnes, y sobrevivieron para poder contarlo.
Sólo hubo dos vías de salida: por avión si fue durante el periodo del cerco, o sobrevivir al cautiverio soviético.Prácticamente casi todos los testimonios fueron escritos después de haber salido de la bolsa. Y el horror es su denominador común: los heridos, los mutilados, muertos… todos los testimonios son luctuosos y escabrosos… el horror

Sin embargo hay otros aspectos que me han resultado mucho más interesantes. Por ejemplo, la relación que los alemanes tenían con los italianos y, especialmente, con los rumanos. Cito algunas, una muestra mínima, perlas sobre los rumanos:

Sindjorzano hizo sus habituales reverencias y me aseguró con gestos típicos del sur de Europa y con el ceño fruncido que no volvería a suceder de nuevo algo parecido. Al igual que sucede con los italianos, no se le puede dar valor a dicha afirmación. Los soldados rumanos que están de pie alrededor me saludan marcialmente cuando yo, su “capitano”, paso junto a ellos. Saben que podría darle a un soldado de aspecto marcial un cigarrillo o dos. (p265)

Para el 4 de diciembre … los rumanos se habían integrado en mis unidades: el comandante de su compañía pasaba el tiempo en la retaguardia con los servicios de intendencia y solo se le veía aparecer por la noche para hacer recuento de las bajas. Obtuvo raciones dobles, una de nosotros y otra de la base de suministro rumana. (p289)

En los barrancos de Gumrak había muchos búnkeres con heridos, algunos de los cuales se rindieron y otros decidieron venir con nosotros. También los llamados rezagados o, mejor dicho, los cobardes, se sentaban en sus refugios con comida y contenedores de provisiones que habían robado, a la espera de que cayese Stalingrado. Los rumanos destacaron especialmente en este respecto. (P297)

Me da la sensación de que el desprecio por el aliado rumano fue aumentando a medida que la situación se complicaba para los alemanes. Bernd Wegner ya nos enseñó sin embargo (Germany and the Second World War vol 6) la situación en la que los rumanos tenían que sostener sus posiciones insertadas en el larguísimo flanco izquierdo alemán, que iba de Voronezh a Stalingrado: unas condiciones tan penosas que no se explica uno cómo aguantaron siquiera las escaramuzas anteriores al 21 de noviembre. Pero líbreme la providencia de despertar a mi espíritu twittero para condenar a los pobres Ländser por ser racistas mientras, bien airado, suelto un ¡¡inadmisible!!. Varios soldados alemanes describen también alguna travesura, un momento en que se hartan de comer. En sus casos son travesuras simpáticas; en el caso de los rumanos, rastreros. Esa es la historia de la vida, en cualquier caso: se ve en los patios de los colegios y en la diplomacia de alto nivel.

La memoria ha jugado malas pasadas a algunos, y eso es muy interesante. Por ejemplo, uno dice que aquella era una guerra sin odio. Otro dice que Yo tampoco me podía creer, ni aún hoy en día, que nuestra Werhmacht alemana estuviese pasando por esta situación (p 212), como si fuera difícil, incluso estando allí encerrado muriendo de hambre, gangrena o frío, aceptar lo que estaba pasando: romper el mito de invencibilidad de la Wehrmacht. En muchos otros se aprecia el sentimiento de culpa por haber sobrevivido a sus compañeros, al estilo de la culpabilidad experimentada por Levi tras su experiencia por Auschwitz.

Y el otro denominador común de todas las historias es la imagen del aeropuerto como ventana de salvación. Y una vez allí, la angustia por subir a un avión. Muchos soldados describen Gumrak como un aeródromo mucho peor que Pitomnik, que creo recordar se perdió el 15 de enero. ¿Cómo tendría que ser Gumrak cuando Pitomnik, el bueno, era “una pista de hierba” (p172) ?

Más allá de los testimonios de sufrimiento hay mucha información “ponderable”, valiosa, como por ejemplo: cómo se gestionaban las noticias sobre el cerco, no sólo en la patria sino también en la retaguardia, las rutas que seguían los aviones al entrar y salir del caldero, las principales rutas de aprovisionamiento, armamento, mecánica, servicios médicos alemanes o geografía.

Stalingrado nunca se agotará.

Saludos.

FICHA DEL LIBRO:
Tamaño: 15×23 cm.
Nº de páginas: 396
Incluye páginas con mapas y más de 50 fotografías en blanco y negro.
Incluye un tríptico a todo color 40×23 cm desplegable del cerco al Sexto Ejército en Stalingrado.
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 9788494497179
Año edición: 2017
Precio: 25€

3 pensamientos en “Supervivientes de Stalingrado, Reinhold Busch

  1. El libro es una pasada, me lo regalaron para Navidad y lo devoré en un par de días, cada historia más increible. Totalmente recomendable.

  2. Libro muy bueno. Quizás si uno se lo lee en pocos dias los testimonios resultan algo “parecidos”, pero es un libro ameno, entretenido y que deja un buen sabor de boca.

  3. Totalmente recomendable, a mi me gustan mucho más estos libros que los tediosos movimientos de ejércitos arriba y abajo. La batalla urbana en toda su crudeza.

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