Los viajes de Júpiter, Ted Simon

“¡¡ATENCIÓN!!

A causa de este libro hombres y mujeres han abandonado sus trabajos para tomar la carretera.

Durante 30 años ha cambiado muchas vidas.

Podría cambiar la tuya.

Ted Simon recorrió 126.000 kilómetros por 45 países a través de cordilleras, selvas, desiertos y océanos; viviendo con campesinos y presidentes, durmiendo en prisiones y en palacios, sufriendo guerras y revoluciones, experimentando las profundidades del miedo,  las cimas de la euforia y la recompensa del amor.

Fue tomado por espía, por un romántico estrafalario, por hacedor de mitos e incluso por Dios.

Para Ted Simon, este viaje fue también un viaje de descubrimiento al centro de su espíritu.” (Texto en contraportada).
La primera vez que oí hablar de este libro fue en el documental “The Long Way Round” (o, como se tituló en España, “La vuelta al mundo en moto con Ewan McGregor”, aunque no sé por qué se olvidan siempre de Charlie Boorman, pero me lo imagino por la repercusión mediática). En uno de sus capítulos, exactamente, cuando estaban en un mercadillo en plena Mongolia, se encuentran con un tipo maduro y de rostro curioso que responde al nombre Ted Simon. Aquel hombre dio la vuelta al globo en los años ´70 del pasado siglo montado en una Triumph, relatando sus experiencias en este libro que os voy a comentar con el permiso y beneplácito de la Administración de NOVILIS.

Me gusta tanto “The Long Way Round” que me quedé, a la fuerza, con el título de la obra que había inspirado a McGregor. Eso sí, no me dediqué a buscarlo en las librerías como un poseso, ya fuesen físicas o virtuales, y dejé correr el asunto durante meses y años… Hasta este 2009 en el que he sufrido demasiados altibajos en relación a mi autoestima y en cuanto a incidentes, frente a los cuales mi única arma ha sido, y es, comprarme algo que me levante el ánimo. Sí, puede que consideréis una actitud más propia de mujeres (yo creo que no), pero me dedico a adquirir objetos coincidentes con mis gustos a modo de premio por mi resistencia numantina (o para que no decaiga aún más).

Pues estaba en una de esas semanas, aunque no recuerdo el motivo exacto de mi estado de ánimo, cuando me detuve ante el escaparate de una de las librerías más noveles de mi ciudad y que cuenta con un nombre comercial bien curioso y literario: “Cronopios”, sita en c/ Fray Juan de Navarrete, 5-bajo de Pontevedra (¿por qué no hacerles publicidad gratuita?). De entre todos los libros que había allí expuestos, solo uno me llamó poderosamente la atención. Tenía como título “Los viajes de Júpiter” y regresé mentalmente a aquel mercadillo de Mongolia con McGregor y Boorman. No entré ni me lo compré en aquel momento, ya que postergué la decisión para momentos más estables económico-personales ya que quería controlar mi gasto caprichoso (sobre todo cuando hacía pocos días que me había agenciado en Ebay un Código Penal de la Marina de guerra española). Sin embargo, la situación general anímica, en vez de estabilizarse, empeoró y se pasó de marejada a mar gruesa e, incluso, arbolada. Cuando estuve en la Facultad no nos confesaron los sinsabores que acarrean estos lances de los que no se obtiene, casi nunca, un resultado positivo y beneficioso. Es difícil sentirse medianamente realizado aunque todos tus esfuerzos están, o deberían de estar, dirigidos a la profesión. Así que, recordando el punto exacto geográfico en el que tomé la determinación de adquirirlo, puse proa hacia “Cronopios” con firmeza, entré en el establecimiento y dije:

-¡Hola! Quisiera comprar “Los viajes de Júpiter”.

La chica del mostrador se quedó algo perpleja:

-“Los viajes de Gulliver” será.

-No, no, de Júpiter. Lo teníais hace unos días en el escaparate.

-¡Ah! ¿La de un motero, verdad?

Exacto.

La chica me lo trajo corriendo y me comentó el casi desorbitado precio del volumen con una cara de “Mierda (perdón por la expresión), a ver si no se lo va a llevar por el precio…”.

No consideré que podría ser tan caro, pero al final me hice con él casi más por apoyar a un establecimiento todavía incipiente y por que la chica era muy amable (cosa última que no es muy habitual en las librerías de este determinado punto del mapa cercano a la marca de “Aquí hay dragones”).

Contento, pero con unos duros de menos en los bolsillos, salí de la tienda con mi más reciente adquisición, devanándome los sesos para encontrar la forma de hacerlo engrosar las filas de la librería de mi hogar sin que se notara demasiado. ¡Tranquilos! No os voy a aburrir con el relato de mis peripecias a la hora de hacer entrar este libro por la “Aduana” de mi casa, casi como si fuese contrabando (es lo que pasa cuando hay demasiados volúmenes que sacan de quicio a mi madre, la cual siempre nos “amenaza” con mandarnos al rastro a venderlos).

Puede que este tomo sea el primero que me haya leído casi recién salido de la imprenta (me lo compré el 17 de Junio de 2009) y marcado con el número 1 de la Colección.

Cuenta con un prólogo escrito por el propio autor para esta edición y para el lector español. No, no estamos hablando del típico texto en el que el nombre del país de distribución se deja en puntos suspensivos para que la rellene la editorial de turno. Esto se nota, sobre todo por que INTERFOLIO presentó esta edición en Madrid con presencia de Ted Simon, siendo ésta una obra salpicada de mapas, fotos en b/n y en color que ilustran muy bien a todo aquel que se atreva a adentrarse en el interior de este libro bien “gordote”.

Tras su lectura quedé algo decepcionado por la siguiente razón: pensé que iba a ser más descriptivo en cuanto a los lugares por los que pasaba, pero un viaje en moto no siempre es propicio para el detalle al milímetro. Aparte de esto, es casi un completo diario de cuatro años alrededor del planeta desde al vista del viajero, desde sus tribulaciones y de las de la gente con la que se encuentra.

No es un libro, en mi caso, con el que me haya decidido a dejarlo todo y a lanzarme a la carretera como alerta la contraportada, pero me ha aportado otra visión sobre el mundo y sobre todo lo que me rodea. Me ha enseñado una actitud a la hora de enfrentarme a todos mis problemas a través de los que tuvo Ted en su largo periplo, acompañándole en su miedo atroz cuando estaba el primer día bajo la lluvia; con una moto inglesa de una fábrica inglesa en plena crisis laboral; paseándose por países musulmanes de África en plena guerra del Yom Kipur; siendo detenido en Egipto bajo sospecha de ser un espía israelí, detención (más bien, retención) que se repetiría, pero por otros motivos, en Fortaleza (Brasil); temor a quedarse tirado en la carretera y a sufrir mil percances más. Pero también acompañándole en las buenas horas y en la visión del ser humano, tan distinto según la latitud y longitud en la que nos encontremos. Así somos testigos de un mundo que ya no existe, sobre todo en el “continente negro” al pasar por países que desaparecieron y con formas de vida en peligro de extinción por las revoluciones que fracturaban a la población.

Hay una sensación de cambio, acompañada de otra de incertidumbre, en un mundo en el que, no en pocas ocasiones, se le antoja a Ted como anclado en una época anterior a la II Guerra Mundial. Esto no lo dice con tono despectivo, sino con nostalgia ya que en Australia, en Melbourne, llega a vivir durante unas semanas en un barrio igual al que vivió de niño. Es como si sintiera que en aquellos países la vida aún fuera más auténtica, ingenua y feliz a pesar de todos los avatares que ésta trae consigo. Una vida también condenada a desaparecer.

Como os habréis podido imaginar, nos encontraremos con fallos mecánicos, caídas, etc., que nos muestran  a un Ted que sufre lo mismo una y otra vez, hasta convencerse de que, como en todo, uno no puede olvidarse de mantener la máquina, pero que tampoco es bueno, para nada, estar siempre pensando en que algo pueda salir mal.

Casi recorriendo un continente por año, tenemos tiempo hasta para relaciones amorosas efectivas, como con Carol en aquella casi utópica comunidad en California; de tentativa con Lulú en Río de Janeiro o con la agente federal Franziska en Fortaleza; pasando por el simple sexo en África con una camarera que se quitó la ropa interior a cambio de cierta cantidad de dinero. Pero también hay tiempo para entrar en contacto con humildes gentes de cualquier punto del planeta que viven en la miseria, ya sea en la India, en Sudamérica, Asia, etc.; con varios camioneros australianos con los que llegó a hacer muy buenas migas durante unas inundaciones; o con la gente más pudiente que, aunque le caían bien, le echaban un poco para atrás por sus ideas racistas y preconcebidas como en Rhodesia o en Australia.

Ted Simon tiene palabras para todos, que van desde el halago hasta el desprecio, según sea el caso, queriendo hacer, mientras, un análisis de las razones que expliquen sus comportamientos hacia los demás y, sobre todo, hacia un polvoriento motorista.

Sí, me ha gustado por que, con un lenguaje cercano y nada rimbombante, este periodista me ha regalado la posibilidad de alcanzar una nueva conciencia sobre el horizonte marcado, como si me viera en la obligación de empezar desde cero.

El punto negativo que tengo sobre la obra es que es corta en sí. El trayecto por África ocupa prácticamente la mitad del libro, mientras que hay países sobre los que nada se comenta debido, lógicamente, a que pasa por ellos volando con su moto, llegando a creerse una especie de dios o, al menos, de centauro. Seguramente Simon estaría ya cansado de revisar las notas y diarios, y quería dejar que su esencia fuese río abajo como él lo hizo en una travesía por el Ganges. Quizá parte de la culpa de que no quedes satisfecho del todo, acusando la ausencia de más experiencias y de más páginas, la tenga la misma editorial al poner algunas fotografías tomadas por el autor durante su recorrido, recogiendo hechos y lugares de los que luego no se habla en el libro como es, por ejemplo, las semanas que permaneció en Nepal; aunque es posible que se hayan dedicado a recoger la edición original tal y como se publicó.

Es un libro de viaje en moto, pero también de descubrimiento interior. Una nueva perspectiva que os invito a vivir con estas humildes palabras.

Lengua: CASTELLANO
ISBN: 978-84-936950-3-3
Nº Edición: Primera
Año de edición: 2009
Editorial: INTERFOLIO (Colección Leer y Viajas Actual)
Plaza edición: Madrid
Páginas: 800 con cuadernillo interior

 
 

 

5 pensamientos en “Los viajes de Júpiter, Ted Simon

  1. Eres una caja de sorpresas Comandante. Ya espero los viernes a ver con que reseña nos sorprendes!!. Yo conocí un tipo parecido a este que se subió en una moto y se recorrió junto a un grupo de “aventureros” toda África y la verdad es que en algunos sitios lo pasó bastante mal. Entre otras cosas llevaban un botiquín con lo típico, aspirinas, almax, iboprufeno, antigripales, etc… El problema es que llevaban todo eso casi en cantidades industriales y en 3 fronteras los detuvieron por tráfico de drogas, esto entre otras penalidades. Cuando hablaba con el decía que en general, el viaje había sido toda una aventura y muy positivo, pero no se yo, no volvió a repetirlo…..

  2. Curioso libro. A mi no me suelen gustar los libros de viajes por lo que comentas: Demasiados tornillos y falta de combustible.

    De esta temática me leí hace un tiempo el libro sobre la vuelta al mundo de Manu Leguineche. Dosis suficiente de tornillos, y agradable evocación histórica.

    Naturalmente como aficionado al tema, Manu no deja escapar nunca el detalle friki-histórico.

  3. Creo que a todos nos gustaría en alguna medida disfrutar de una aventura así, lo que pasa que a la hora de la verdad muy pocos son capaces de dejarlo todo y llevarlo a cabo. Me dan cierta envidia estos personajes ya que yo soy incapaz de ir a ningún sitio en plan mochila al hombro.

  4. Hombre, Navegante, trato de ser sorprendente, errático en mi proceder, pero con una coordinación… Debe ser que me están afectando en este sentido las enseñanzas de Sun Tzu.

    Esos viajes se disfrutan en retrospectiva, es la opinión que me da. ¿Pero qué llevaban???

    No es que abuse de las tuercas, Urogallo, pero se nota que controlaba el tema y Ted te relata como desmontaba la moto para arreglarla y lo que le pasaba.

    Hasta este autor se sintió desarraigado de su hogar y no lo decía como algo positivo. Es más, en la última parte del viaje corre como un poseso hasta su casa.

    Gracias por vuestras palabras.

  5. Muy buena y persona reseña…
    Y sobre el precio añadiría que no sería tan desorbitado si los los márgenes de las distribuidoras fueran más razonables. Los editores debemos ser como los ganaderos o algo así. Un día tendríamos que salir a regalar libros (como los vaqueros la leche)… no descarto esta acción.
    Ah!!!, pero 800 páginas con fotos y mapas y cuadernillo central en color… no creo que haya otro más barato. Ni siquiera de los grandes que imprimen en China. 😉

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