Los Centinelas, Xavier Dorison y Enrique Breccia

Capítulo Primero: Julio-Agosto de 1914 LAS COSECHAS DE ACERO

Una vez abierta la brecha del género con mi anterior artículo dedicado a la precuela de la saga Cat Shit One, resultaría ser poco diligente abandonar dicho camino y no continuar encaminando mis pasos hacia parajes inexplorados en NOVILIS. Por esta razón, vengo a bien ofrecer a vuestras retinas este cómic.
La sinopsis argumental de esta obra podría bien ser la siguiente:

1911. Un hombre avanza con sus compañeros bajo una lluvia de balas escupidas por las maxims apostadas en un fuerte rifeño. Es un francés más que sucumbe en el intento de asalto,  pero no por sus heridas. Él no siente las balas. Es más, rebotan al contacto con su cuerpo. Realmente no es como los demás y no solo por que no porta arma alguna salvo sus miembros de hierro. Él cae por que se queda sin baterías. Es un mutilado al que han mejorado mecánicamente.
Cuando cae se constata el fracaso definitivo que hace enterrar el proyecto Centinelas (al igual que a otro proyecto que creaba, mediante drogas sintéticas, soldados brutales que acababan masacrando a sus propios compañeros) durante unos pocos años tras la campaña de Marruecos.
Ya con la Gran Guerra en ciernes, Gabriel Feraud, un hombre de ciencia, teniente en la reserva y antibelicista, crea la pila de radio sirviéndose de los estudios de los Curie. Descubre una fuente de energía virtualmente inagotable y, por supuesto, mucho mejor que el carbón. La ventaja primordial era el reducido tamaño de la pila y su gran autonomía, pero los posibles inversores no son muy dados al progresismo y siguen anclados en el s. XIX. Decepcionado tras la exposición de su última y deslumbrante creación, es abordado por el coronel Alphonse Mirreau y le propone vender al ejército su invento antes de que la guerra llegue y se lo arrebaten por la fuerza. Quiere resucitar a los centinelas como sea y necesita esa  pila a toda costa. Sin embargo, el  joven, que no quiere colaborar ni vender al ejército, cree que los europeos no son tan estúpidos como para autoinmolarse a causa del asesinato del archiduque Ferdinand.
¡Qué equivocado estaba Feraud!
La guerra estalla y él mismo acaba en el frente por decisión propia. Le proponen ceder la pila de radio a cambio de ser destinado a un puesto seguro. Sin embargo, sus principios le obligan a no tomar el camino fácil. A pesar de tener asignado un guardaespaldas por orden de Mirreau, el cual responde al apodo de Yibuti (y que es una de las cobayas que tomaban drogas para ser unos brutos en combate) resulta mutilado de todas sus extremidades en su bautizo de fuego. Ante tan desesperada situación, no le queda más remedio que ser la primera cobaya de los nuevos prototipos de Centinela (pasando a denominarse Cortahierro), ofreciendo su cuerpo y su creación, la pila de radio, al doctor Kropp, creador de los cyborgs. Tras sufrir las dolorosas intervenciones y consecuencias del proceso de transformación, desea que lo maten, sin embargo… Todo sea para evitar el avance alemán y por Francia… Pero alguien más conoce de la existencia de esta nueva arma y trabaja para el enemigo.”

 El resurgimiento de mi interés por el cómic de factura europea es bastante reciente. Ha llovido ya mucho desde aquellos tiempos en los que leía Astérix y Obélix o los Pitufos. Por alguna extraña razón, quise ir más lejos y es que me llegué a auto – convencer de que poco más había en nuestro viejo continente. Entonces, me hice consumidor de cómic norteamericano de superhéroes. ¿Quién no ha tenido entre sus manos, aunque sea un solo ejemplar de la Patrulla X o de Spiderman?.

No es que haya regresado a alguna suerte de “redil” europeo, pero desde hace unos meses me dejo llevar por un trasiego incesante de historias gráficas que bombardean mi retina y mi mente. Entre ellas destaco, sin duda alguna, la saga francesa protagonizada por la agente espacial Navïs a bordo del mega convoy que da nombre a la obra: “Estela” (“Sillage” originalmente). Estos volúmenes, que ya van por el décimo (en breve saldrá el decimoprimero) son perfectos ejemplos de imaginería de ciencia-ficción, otra pasión mía, la cual no he llegado a cultivar en su justa medida. De dichos ejemplares destaco los titulados “Engranajes” (número 3) y “Artificios” (número 6) en los que tanto guionista (Jean-David Morvan) como dibujante (Philippe Buchet) se dejan arrastrar por la retrotecnología en plan futurista de nuestros s. XIX y s. XX (éste último, en sus primeros pasos). Son mis historias favoritas, tanto a nivel de lectura como de admiración de trazo.
Esa retrotecnología se da también en la obra que os estoy ofreciendo a conocer en el presente artículo.

Buceando de nuevo en mares vecinos, aunque sea retomando tomos con ya unas cuantas décadas a las espaldas y de cuya existencia ya tenía conciencia como si fueran fantasmas tímidos en las esquinas de las librerías, me sorprendo agradablemente, por  un lado, pero, por otro lado, me ofusco. ¿Cuál es la razón para que mi ánimo se deje esclavizar por tan contradictorios sentimientos? Eso os preguntaréis estimados camaradas, ¿verdad? Pues la razón es simple, llana, escueta y desnuda: el gran interés que suscita entre los lectores de otros países europeos que no sea el nuestro, sea la edad que sea, sobre la Historia Nacional de cada Casa, en lo que destaca esplendorosamente Francia. En las estanterías que se dejan mimar por las hojas de autores galos nos podemos dejar acompañar por personajes reales o ficticios por todos los siglos, con un gusto y exquisitez mayúsculos, no digamos ya en cuanto a su respeto por su Pasado. ¿Aquí qué tenemos de eso? Un par de autores o poco más (por suerte reconocidos) que solo son capaces de animar el espíritu de algunos realmente interesados. Por mucho que nos esforcemos, parece que nuestra propia Historia avergüenza o aburre a demasiados y siempre queda maltratada. No sé, pero me da la nariz que por aquí puedo acabar hablando de la Leyenda Negra o Dios sabe qué más, y no tengo el día como para dejarme enloquecer por semejantes aspectos que ya nos son casi cotidianos y, como podéis saber, tampoco estoy aquí para emular a Marco Tulio Cicerón en el templo de Júpiter Stator y expulsar de nuestra ciudad la mentada Leyenda que parece esconderse en los pliegues de una toga, al igual que las conjuras Lucio Sergio Catilina… Aunque ganas no es que falten. Pero claro, la historieta en nuestras tierras son cosas para niños y los libros solo sirven de adorno… Por suerte, nosotros sabemos apreciar lo nuestro a todos los niveles.
Volviendo al tema que nos ocupa, este cómic, y los que le seguirán en la saga (según tengo entendido, ya ha salido el segundo que está dedicado a “Le Marne”), fluye furibundo hacia el mar de la Ucronía en consonancia con los anteriores trabajos de su autores.

Seguramente a más de uno de los lectores eso de Ucronía le suene un poco a chino, pero, cuando lo explique, seguro que se dará cuenta de que ya se ha tropezado con ella en más de una ocasión. ¿A quién no le suena, ya sea la  novela, ya  sea la película titulada “Patria” en la que se ofrece un mundo en el que Hitler sigue gobernando Alemania y no ha perdido la guerra? Podría daros otros ejemplos, muchísimos más, incluso dedicados a nuestra propia Historia, los cuales se centran casi exclusivamente en la victoria de la Armada invencible, la derrota de los Estados Unidos en 1898 o el fracaso del Alzamiento nacional, etc. Este término encierra un subgénero de la ciencia-ficción que también podría ser llamado novela histórica alternativa. Se toman unos hechos reales como punto de partida y, a partir de entonces, se desarrolla un pasado distinto (presente e, incluso, futuro).
Esta Ucronía es la que se da en este cómic en el que se nos muestra un antiguo proyecto militar centrado en una especie de cyborgs para ayudar a Francia.

Creada por Xavier Dorison, guionista, (“W.E.S.T.”) y Enrique Breccia, dibujante (“El Sueñero”) está editada (y relanzada) en Francia por Éditions Robert Laffont y en España por Norma. Es una obra que ha llegado a ser desprestigiada por miembros del mundo del cómic como Rich Johnston, el cual acusa a Dorison de reescribir simplemente una idea que presentó a Marvel para una historia ambientada en la I Guerra Mundial y protagonizada por el superhéroe Iron Man (no es extraño ver a esta clase de personajes en distintas etapas de la Historia, no obstante, en una de las primeras aventuras de los 4 Fantásticos (allá, en los ´60), viajan a la época de Barbanegra con la ayudita del Doctor Muerte). Esa idea fue rechazada por la compañía de la cual Stan Lee es su principal figura. Una acusación que no es únicamente ilógica, sino estúpida, por que si no puedes moldear, redefinir, disfrutar y elevar tus propias ideas, ¿de qué sirve entonces tenerlas? A pesar de que puede haber una comparación con el bueno de Tony Stark, creo que estamos ante algo totalmente diferente que no se vería en un cómic de la compañía americana.

La trama que propone Dorison me parece atractiva y espero seguir leyéndola, aunque, si os soy sincero, el trazo de Breccia no termina de convencerme. Me recuerda mucho a ciertas obras de los años ´70 y 80 las cuales, personalmente, las he llegado a calificar de “dibujo sucio” en el que, tras su coloreo, dejan mucho de qué desear en comparación con otros autores, aunque la calidad de su trazo mejora página a página. Y eso mismo veo aquí, aunque no es que desmerezca el resultado final ya que en el fondo es capaz de contar con sus lápices la historia con acción y manteniendo al lector atrapado, con especial interés en la descripción de los personajes y lugares donde transcurre la historia. Como curiosidad, intercala imágenes reales de la Gran Guerra entre las viñetas con el ánimo de situarnos en la época de manera más cómoda.

En cuanto a la parte gráfica que estoy comentando, deciros que no es para todo el mundo, ya que hay unas cuantas escenas que pueden herir la sensibilidad y, en no pocas ocasiones, he llegado a esbozar cierta mueca de desagrado por los sesos esparcidos, miembros mutilados, operaciones, etc.
Me parece un volumen recomendable para aquellos que disfrutan de este singular género, ya que ofrece una visión novedosa y bastante curiosa, sobre todo por que el Ejército francés era uno de los menos modernizados que entraron en guerra, con unos métodos y estrategias (y no digamos ya uniformes (preciosos, eso sí)) propias del s. XIX.

Lengua: CASTELLANO
ISBN: 978-84-9847-479
Nº Edición: Primera
Año de edición: 2008
Editorial: Norma Editorial
Plaza edición: Barcelona
Formato: Cartoné
Páginas: 64 color

 

 

5 pensamientos en “Los Centinelas, Xavier Dorison y Enrique Breccia

  1. Gracias Javier por el aporte , lohe encontrado muy interesante.
    Si te gusta el BD francés y la “ucronia” te recomiendo “El Gran Juego” de Pécau, Pilipovic y Thorn ;Donde se mezclan nazis , hombres lobo , magia negra , etc. en una realidad alternativa que se desarrolla en 1945 donde Alemania fue derrotada en 1939.Gran dibujo y mejor historia, por ahora han publicado dos volúmenes.
    Saludos.

  2. Desde luego el Sr. Comandante está hecho un experto y los aporte que nos trae son de los más orginiales, sugerentes y sus reseñas increíbles. Alabanzas a parte, no se por que pero la I G.M. se presta mucho a este tipo de “fantasías”. No se si será por el “horror” de las trincheras o por los atuendos con las máscaras de gas por ejemplo pero son escenarios que se prestan a dejar volar la imaginación en pro de historias como estas. Muy interesante.

  3. Gracias, Mikmicro, me alegra que te haya parecido interesante.

    Esa obra que me propones no me suena. Aunque la magia negra y los nazis ya se mezclaron en la realidad. Buscaré en las librerías.

    Gracias Antonio. ¿Experto? Ni mucho menos. Simplemente me he dejado llevar por las páginas de este cómic y de otros anteriores. La verdad que las últimas décadas del s. XIX y del XX parecen como de cienciaficción, sobre todo en cuanto a los barcos, véase buques como el Dupuy de Lôme con su espolon que parece el Nautilus.

    Gracias Rodrigo, aunque este artículo no es más que un granito de arena que ha pasado a formar parte de esta maravillosa montaña de conocimiento que es NOVILIS.

  4. Javier, tenemos que estar de enhorabuena después de esperar tanto tiempo (2008). No sé si lo sabrás, Norma Editorial acaba de publicar (es novedad de noviembre) un nuevo capítulo de Los Centinelas, esta vez se centra en El Marne (septiembre de 1914). Veremos que hace nuestro soldado cibernético. Bueno, ya sabes… ahora toca leerlo y la reseña que esperamos.

    ¡Saludos!

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