La torre elevada, Lawrence Wright

Al Qaeda y los orígenes del 11-S

Dondequiera que os encontréis, la muerte os alcanzará, aun si estáis en torres elevadas.

Coran, sura 4, 71-79

Los atentados de septiembre de 2001 han dejado y dejarán todavía una impresionante cantidad de literatura de todo tipo, más o menos afortunada, más o menos autorizada. El hecho de tener que rendir cuenta de los hechos por parte de los periodistas o la polémica sobre el “choque de civilizaciones” o la identidad del Islam como religión enemiga de Occidente han producido muchos miles de palabras centrados en el después, en la geoestrategia o en la guerra en Oriente Medio. Sin embargo, faltaba a mi entender un trabajo de investigación riguroso sobre los hombres que planearon el atentado y sobre sus ideas y su visión del mundo.

Creo que el libro de Lawrence Wright cumple esas exigencias de manera suficiente. Armado con una impresionante colección de fuentes, con la ayuda de expertos de todo el mundo y sus conocimientos del mundo árabe (Wright trabajó en la Universidad del Cairo), el autor nos lleva de la mano a los lugares donde se incubaron los atentados más influyentes de la historia del mundo moderno: desde los suburbios de clase media del Cairo, hasta las mezquitas de Hamburgo, desde Islamabad hasta la ciudad de Greely, en Colorado, donde en los años 1950 Sayyid, el principal teórico del wahabbismo radical quedó espantado por la supuesta corrupción y disipación occidentales (básicamente representados por las “atrevidas” muchachas estadounidenses con las que no se comía un rosco) y escribió su particular tratado filosófico para aniquilar al Satán consumista y devolver a los musulmanes a la ideal senda del Islam primitivo, algo que al parecer solo existía en su mente retrógrada.

Wright bucea en las coordenadas ideológicas que llevaron a los discípulos de Sayyid, las organizaciones más radicales del Islam, a convertirse en terroristas suicidas (una práctica muy reciente en la historia de los grupos paramilitares árabes, contrariamente a lo que pudiera parecer) para derrotar a Occidente causando el mayor número posible de víctimas y destrucción y siendo conscientes de que la represalia que provocarían llevaría a la guerra a Oriente Medio con excasas posibilidades de alcanzar algo más que otra cantidad de destrucción y dolor.

En el mundo actual, cuando las decisiones individuales parecen haber pasado el testigo a las grandes entidades, corporaciones, gobiernos, complejas tramas financieras, rescates y primas de riesgo de las que al parecer solo es responsable un anónimo “mercado”, sorprende saber que el 11-S fue una operación en buena parte improvisada. En ella, un pequeño grupo de fanáticos, únicamente pertrechados de mucha ilusión y una dosis pequeña de cálculo, pretendía herir a los Estados Unidos en su mismo corazón financiero y político, desencadenando una reacción a escala mundial, una revolución conservadora que acabaría con Occidente (recordemos, de paso, que Al-Qaeda había sido financiada durante el comienzo de la revolución conservadora reaganiana, en su lucha contra otro “Gran Satán”, la URSS). En el otro bando, un grupo igualmente pequeño de hombres y mujeres, convencidos de que el ataque era inminente, luchaban para evitarlo desde el complejo de inteligencia estadounidense, el FBI y la CIA, a menudo enfrentados en su visión de cómo evitar el atentado. Y ahí es donde el libro atrapa realmente al lector: como radiografía de dos culturas en cierto modo complementarias, terroristas y antiterroristas, La torre elevada compone un extraordinario fresco de la cuenta atrás ante del primer impacto en el World Trade Center, con ritmo de thriller y de tragedia griega poblado por personajes de carne y hueso tantas veces teledesfigurados, y en el que se desvelan muchas de las preguntas que tantas veces nos hemos hecho. Como dice el reseñador del New York Times, solo por leer el retrato de John Oneill, el agente del FBI encargado de la detención de Osama Bin Laden durante la época de Clinton, y que acabaría muriendo el 11 de septiembre en una de las torres (era jefe de seguridad del WTC) vale la pena leer el libro de Wright. Pero es que ahí no acaba la cosa: el libro nos explica una asombrosa cantidad de detalles sobre Osama Bin Laden, Al-Zawahiri, el mullah Omar, dirigente de los talibanes y otros protagonistas de la historia. Así, nos enteramos de que Bin Laden estaba prácticamente arruinado cuando huyó a Afganistán, que los talibanes desconfiaban profundamente de él, y solo lo acogieron por las presiones saudíes (que, por cierto, habían intentado asesinarle poco antes en Khartum). También sabemos que Al-Qaeda había olvidado el proyecto del atentado con aviones porque no disponía de hombres capaces de infiltarse en Estados Unidos hasta que llegaron a Afganistán los hombres de Mohamed Atta, estudiantes educados en Europa lo suficientemente atrevidos para imaginar que el atentado era posible y ofrecerse como mártires de la fe. A partir de ahí, la suerte estaba echada.

El 11 de septiembre de 2001, en el refugio de adobe en el que Bin Laden se alojaba cerca de Kabul, intentaron orientar una parabólica para seguir en directo el impacto de los aviones contra las torres de Manhattan. No hubo manera de captar la señal de satélite y finalmente tuvieron que escuchar el servicio de noticias en árabe de la BBC. Luego se escabulleron hacia las montañas de Tora Bora, donde en diciembre de aquel mismo año Al-Qaeda fue acorralada y destruida por las fuerzas norteamericanas. Bin Laden sobrevivió, amargado porque su espectacular ataque no había desencadenado una Jihad global contra Occidente. El resto ya es historia.

Saludos y buenas lecturas.

DATOS DEL LIBRO

  • 15.0×23.0cm.
  • Nº de páginas: 624 págs.
  • Editorial: DEBATE
  • Lengua: ESPAÑOL
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788483068380
  • Año edicón: 2009
  • Plaza de edición: BARCELONA

5 pensamientos en “La torre elevada, Lawrence Wright

  1. ¡Descomunal reseña!,sin palabras Leiva.

    Hace 6 meses que tengo el libro en un cajón de la mesita de noche junto a unos cuantos más.Creo que va siendo hora de abrir el cajón.
    Añado,por si no se ve en la tapa,que el libro esta premiado con el Pulitzer,y que además de la excelene reseña de Leiva,he leido maravillas sobre la calidad de este.

    Ami me sigue fascinando que diablos ocurrió en el Pentagono…¿un avión,un coche bomba,un propio misil americano?.Leiva,¿trata Wright el tema del Pentagono?.

    Os dejo una noticia interesante que apareció en El Mundo sobre el tema:

    http://www.elmundo.es/elmundo/2006/05/16/internacional/1147800180.html

  2. La version oficial del 11S, AlQaeda y demas, muchos la cuestionamos, seguramente ese libro no mencionara que durante el mandato de los talibanes en Afganistan las plantaciones de Opio eran destruidas por ellos, y si desde que Afganistan fue “liberada” las plantaciones abundan, por no mencionar que el principal destino de la heroina (ya que se saca del Opio) es el mercado Occidental via kosovo.

  3. Gracias por tus palabras, Xavi. ¡Estaba un poco desentrenado en las reseñas después de varios meses de inactividad en este campo!

    He de aclarar una cosa que me he olvidado de comentar en la reseña. Y es que el libro se detiene en el mismo día 11 de septiembre y no va más allá. No habla ni de la guerra de Afganistán ni de Iraq, pero desde luego sostiene las teorías oficiales sobre los tres aviones estrellados en sus blancos y el que cayó en otro lugar (este me temo que si fue derribado por cazas y no después de una lucha desesperada de secuestradores y pasajeros, aunque la leyenda épica de ese día trágico necesitaba algo para levantar la moral).
    El libro tampoco se hace eco de las teorías que niegan la versión oficial del 11-S. Supongo que hay personas a las que les gusta buscar razones enrevesadas para explicar sucesos históricos, pero creo que Estados Unidos no necesita realizar un atentado en su propio territorio para justificar nada de lo que hace. Lo hace y punto. No hizo creer a nadie que Allende había organizado un atentado antinorteamericano cuando lo derrocó valiéndose de Pinochet, ni tampoco liquidó la Revolución de los Claveles de Portugal. En este caso financió a Mario Soares, vía los socialdemócratas alemanes, para “encauzar” el “peligro comunista” en el flanco sur de Europa. Pero cada cual es libre de creer lo que quiera.
    En cuanto a los talibanes y el tráfico de opio, el libro no profundiza demasiado en ello. Habla mucho del apoyo saudí a los talibanes y de la relación –más bien pésima- de Bin Laden con los amos de Afganistán en ese momento. Los talibanes solo tenían relació con Al-Qaeda porque dieron asilo a Bin Laden en Afganistán poco antes del 11-S. Bajo la denominación de talibanes en realidad se reunían toda una serie de grupos tribales, sociales y reformistas diferentes, aunque su denominador común era, desde luego, el rigorismo islámico y una crueldad extrema con todo aquel que se les opusiera. Personalmente, no lamento que les expulsara del poder y no creo que nadie con un mínimo sentido común crea que eran o son la solución para un pueblo como el afgano, que ha sufrido terriblemente, atrapado en las pugnas geoestratégicas de las superpotencias.

    Un saludo

  4. “Estados Unidos no necesita justificar nada de lo que hace.Lo hace y punto”, Leiva totalmente de acuerdo contigo,más que una frase es una sentencia.Bahia Cochinos,Vietnam,la Guerra del Golfo,Somalia 1993…son ejemplos que dan más fuerza a tu sentencia.
    Yo me quedo con los Estados Unidos de la 2 Guerra Mundial,aunque tarde y obligados por el Dia de la Infamia,al menos hicieron honor a esa frase tan peliculera de “luchar por la libertad”.
    Lástima que no hayan aplicado la misma premisa para ayudar en el genocidio de Ruanda,Costa de Marfil,en la exYugoslavia,o en la actualidad dónde cada dia vemos como en Siria,el gobierno mata impunemente a niños,mujeres,ancianos y algún que otro rebelde al régimen.
    La globalización,esa maravillosa idea,visión del planeta Tierra que sirve para estar en contacto desde una punta al otro del globo,que sirve para vender/comprar con cualquier persona del planeta en minutos…y que también sirve para que estemos informados de todo lo que sucede en cualuier parte del mundo,al instante y hasta si queremos podemos apagar nuestra televisión o radio cuando lo que vemos en la tele no nos agrada,como por ejemplo un niño de 2 años con la barriga reventada,una mujer embarazada que muere por lapidación…

    De todas formas sigo creyendo que somos mayoría las personas de bien,el único problema historico es que ya sabemos que lo que vende es lo negativo…y si no que se lo digan al Piqueras,jejeje.

    Disculpad la parrafada.

    Saludos.

  5. Inmejorable reseña, Leiva. Haces atractivo un libro en el que, en un principio, jamás habría reparado. Gracias.

    EEUU,como cualquier potencia,hace siempre lo que más conviene a sus intereses,aunque a veces maquille alguna acción con colores humanitarios. Saludetes.

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