La Retirada, Michael Jones

Ayer se cumplió el 69 aniversario de la Operación Barbarroja,  la invasión alemana de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial,  una campaña que a priori parecía destinada al éxito. En Europa solo quedaba una aislada Inglaterra, y con Francia en el bolsillo, Hitler que  parecía no tener freno volvió sus huestes hacia el Este  para hacer caer al régimen soviético.  En la preparación de la campaña, de fondo, como un murmullo silencioso, estaba la histórica invasión de Rusia por parte de Napoleón, pero esta vez iba a ser diferente, se iba a aprender de los errores y no sucerdería la catástrofe que aniquiló a la Grande Armee, o eso al menos es lo que pensaba la cúpula nazi en el momento de la invasión y sus preparativos.

Pero la historia se volvió a repetir y el ejército alemán, que comenzó arrasando y aplastando toda resistencia soviética, envolviendo y aniquilando grandes formaciones rusas e iba avanzando inexorablemente hacia el corazón de la URSS, no pudo completar con éxito la campaña y sufrió un revés del que no se volvería a recuperar nunca.

El libro analiza con retazos de testimonios, cartas y diarios las grandes decisiones, los movimientos militares durante los primeros meses de campaña hasta la llegada en Diciembre de los alemanes ante la capital rusa y la posterior contraofensiva soviética que obligó a una retirada total alemana. Como siempre de fondo el eterno debate sobre la discursión de si Moscú se convirtió en el objetivo prioritario demasiado tarde o no.

La primera parte del libro está dedicada al avance de la Werhmacht hasta que en los primeros días de Diciembre llegan al límite de su avance:

“Estamos tan cerca  que parece increíble- insistía Schrodek (teniente Gustav Schrodek de la XI división blindada). He visto un cartel que decía: Moscú 18 Kilómetros. La capital está tan cerca que casi podemos tocarla”

“Una de nuestras baterías estaba emplazada a menos de veinte kilómetros de Moscú -recordaba el teniente Walther Schaefer-Kehnert, adscrito a las XI división blindada-; lo que quería decir que podíamos alcanzar directamente la ciudad con nuestros proyectiles. Una cosa así sirvió para levantarnos la miral. Estábamos como niños, girtándonos unos a otros: “¡Estamos disparando al Kremlin!”. Las dotaciones de artillería hacían turnos para disparar sin descanso, a tal ritmo que al mecanismo de retroceso se le fundió la pintura por el calor”.

Estos testimonios dan una muestra visual de hasta donde llegaron, que realmente estuvieron ahí, con el objetivo final al alcance. Algunas unidades de motoristas consiguieron entrar en algunos barrios de las afueras de Moscú, pero en general se puede considerar que esto es lo más cerca que llegaron a estar las tropas alemanas del Kremlin desde que comenzase la invasión el 21 de Junio . Llegaron lejos y parecían imparables, pero para los primeros días de Diciembre de 1941, aunque estaban a tan solo 18 Km de Moscú, los que habían llegado no eran los mismos que habían comenzado tan alegremente en verano la invasión, esto es lo que comentaba un oficial acerca de su unidad unos días antes de la contraofensiva rusa y ante las puertas de Moscú:

“Están demacrados por la tensión a que están sometidos constantemente y por el agotamiento físico y moral. Tienen el rostro macilento y ojeroso, llevan semanas sin afeitar y en sus bocas se adivinan muecas de amargura”.

Así es como había llegado la victoriosa Werhmacht ante las puertas de la capital rusa, totalmente exhausta y agotada. Sin preparación para el invierno soviético, sin la llegada de nuevos reemplazos y suministros, los alemanes tuvieron que hacer frente a una cada vez más feroz resistencia rusa y por otro lado a los elementos atmosféricos de uno de los inviernos más fríos de la historia rusa. Desde el otro lado, Hitler exigía a sus generales una fecha determinada para poder anunciar al pueblo alemán y al mundo entero la caída de Moscú, viviendo en una realidad propagandística y paralela que nada tenía que ver con sus agotadas fuerzas.

Y aquí es donde llega la segunda parte del libro con la contraofensiva rusa y el cambio de tornas. Ahora son los alemanes los que  fueron barridos de sus posiciones  por las tropas siverianas que irrumpieron y desquebrajaron el frente por completo, obligandoles, aun en contra de las órdenes del Fuhrer de resistir a toda costa, a retirarse a posiciones más seguras en una completa desorganización.

Todos los aspectos que afectan al frente del Este están presentes y son analizados, apoyado en todo momento por testimonios de soldados que vivieron sobre el terreno la guerra ideológica que inexorablemente va adosada a esta campaña, sobre todo lo ocurrido y que pudieron presenciar, testimonios en muchos casos sobrecogedores. El trato de los prisioneros de uno y otro bando, las matanzas y ajusticiamientos y la escalada en espiral de violencia de ambos bandos son temas ineludibles cuando se habla del frente del Este.

En este libro Michael Jones se mantiene fiel a su estilo mezclando teoría e interpretación con profusión de datos de primer nivel como testimonios, estractos de escritos, actas, cartas o diarios. Yo lo calificaría de muy recomendable.

Editorial Crítica
Colección Memoria Crítica
Páginas 384
Edición 1
Formato 15,5 x 23 cm
Encuadernación Tapa Dura
Código 969189
ISBN 978-84-9892-089-5

36 pensamientos en “La Retirada, Michael Jones

  1. Excelente reseña Javi. Me imagino que la dinámica de este libro tiende a ser muy parecida al anterior trabajo de Michael Jones publicado por Crítica (El Sitio de Leningrado). A mí, sin disgustarme del todo este último libro mencionado, me dejo cierto sabor agridulce, tal vez esperaba algo más de “acción”. En cuanto al reseñado, percibo que el aporte de testimonios será la base de este libro, ¿no? La trama bélica, por supuesto sin que pueda quedar relegada a un segundo plano, supongo que no será el eje central del mismo. Pienso que estamos ante un nuevo documento donde prima la parte humana, las sensaciones y padecimientos de los verdaderos protagonistas de la retirada de Moscú: los soldados y los civiles implicados.

    En cuanto a la retirada parece que la mayoría de historiadores no se muestran excesivamente críticos con la orden de repliegue ordenada por Hitler. Tal vez habría sido muy problemático retirar excesivamente a las tropas del frente de Moscú, tanto a nivel logístico como en cuanto a moral entre los soldados. Los rusos tampoco disponían de tanta envergadura y capacidad de maniobra como para hacer retroceder fuertemente a los alemanes. Tal vez habría sido un regalo de Reyes para los soviéticos si los germanos deciden dar la espantada y retirarse hasta posiciones más defendibles, como apuntaba más de un alto mando de la Wehrmacht.

    Un saludo.

  2. Hola David, como apuntas el autor es fiel a su estilo y mantiene la misma base que usó para el libro sobre el sitio de Leningrado. Sin embargo, aunque el núcleo del libro son los testimonios, en esta ocasión si hay más acción y el aspecto militar al tratarse de operaciones directamente del frente está muy presente. Quizás la diferencia sea que mientras que en el de Leningrado el foco era la población civil sometida a tan salvaje asedio estando el aspecto militar muy diluido, en esta ocasión al centrar el foco en el frente, en el soldado alemán y russ que participaron en las operaciones en diciembre de 1941 el plano militar es totalmente ineludible.

  3. Buen libro. Ya tenía ganas de leer alguno con este estilo narrativo-periodístico basado en testimonios. Leí hace poco el de Glantz, muy “técnico”, y ahora este continua donde acaba el de Glantz, ante las puertas de Moscú y un poco más a nivel de trinchera, ¡¡perfecto!!.

  4. Muy buena reseña, Javi. No he leído nada de Jones. Éste me atrae más que el de Leningrado.
    No estaría mal que de aquí a un tiempo Crítica se dedicara a sacar estos libros en bolsillo.

  5. Gracias por los comentarios sobre la reseña, el libro merece la pena. El libro de Leningrado hay que tener ganas de leerlo para poder abordarlo, teniendo en cuenta que los aspectos militares están muy al margen y se centra en la dureza del asedio. Para los que gustan más del plano operacional, como puede ser tu caso Isidoro, éste es mucho más atractivo, aunque comparado con la bibliografía que manejas no te va a descubrir nada nuevo, quizás el aporte de los testimonios.

  6. Jejeje, eso es verdad, Urogallo. Pues la verdad, Javi, es que ya lo he tenido entre mis manos más de dos veces, y lo voy postergando. Ya veremos.

  7. Pues mira Isidoro, cuando estaba transcribiendo los testimonios estuve a punto de poner yo de mi cosecha (11º PzDiv) pero luego decidí dejarlo tal como viene en el libro, así que la respuesta es que si, que en el libro pone exactamente eso “XI división blindada“. A mi esa denominación me chirría, pero es la que hay.

  8. Una pregunta; Crítica no se caracteriza precisamente por hacer unas buenas traducciones (La batalla del Ruhr, Okinawa, …), ¿qué tal la de “La retirada”?.
    Saludos.

  9. Hola Licurgo. A mi me ha parecido correcta. Tiene fallitos, como casi todos, es raro el libro que no tiene alguna cosa, pero en este caso son menores. Al menos yo no he encontrado nada importante, cosas como la ya comentada “XI división blindada” refiriendose a una División Panzer y con números romanos, no es que sean errores literalmente hablando, pero hay cosas que no se deberían traducir y Panzerdivision es una de ellas. Cositas así.

  10. Tema interesante. Traducción espantosa, en ocasiones incomprensible. Lo de usar “circunvalación” para envolvimento o embolsamiento me recuerda a la M40.

    Lo de los números romanos para las divisiones es raro. No se aclara entre lo que son ejércitos, cuerpos, divisiones y regimientos.
    Voy a ver si lo busco en inglés.

  11. Estoy leyendo el libro y lo que se va comentando es cierto; es un libro de testimonios básicamente del bando alemán con pequeñas descripciones operacionales del devenir de la batalla. A estas alturas resulta incomprensible que; tras posponer la invasión de Rusia hasta junio por culpa de Yugoslavia y Grecia y se cambiara el eje de avance desde Moscú hasta Kiev para comenzar la operación Tifón el 2 de octubre del 41 los alemanes no tuvieran previsto ropa de invierno para sus soldados y aceite anticongelante para sus máquinas. El 6 de diciembre los rusos desarbolaron a unas tropas cansadas, sin equipos de invierno y con la movilidad de sus equipos parada por las temperaturas de -35º. Y el 7 de diciembre, Hitler le declaró la guerra a EEUU cuando los japoneses nunca tuvieron interés en declararle la guerra a Rusia.
    Respecto al tema de las traducciones es un poco chirriante cuando habla de “Hitler y sus adalides (generales)” o circunvalación en lugar de cercenamiento. Parece una película del oeste con John Wayne hablando en chicano.

  12. Las retiradas no son un tema demasiado tratado, aparte de la napoleónica de 1812 y algún ejemplo más. Hitler siempre creyó que había salvado a la Wehrmacht en el invierno de 1941 al empeñarse en que permaneciera en sus posiciones. Y la verdad es que es más que probable que esta defensa empecinada, junto a la torpeza operacional de los soviéticos (habían estado a punto de de colapsar a causa de sus pérdidas y de Stalin), prolongara la guerra.
    Eso de poner los números de las divisiones en romanos es un cacao maravillao terrible. Me recuerda aquellas ensaladas de las traducciones de la Osprey que hizo Ediciones del Prado. Recuerdo uno de Colenso que no había por dónde cogerlo.

  13. Se ha mencionado el de “La batalla del Ruhr”. ¡Qué libro tan espantoso, aburrido y finalmente mal traducido!
    Por cierto, estoy leyendo “La guerra de los treinta años”, de Geoffrey Parker (editor) y es magnífico.

  14. En este libro Jones habla muy bien de Walter Model como elemento galvanizador del renacimiento militar de la Wehrmacht en el invierno del 41/42. Todo un bastardo, sin concesiones al humanitarismo o a los enemigos pero cercano a sus soldados y cantandole las cuarenta a Hitler que acababa de destituir a Guderian y a Hoepner por haber desobedecido sus órdenes de resistir a ultranza.

  15. Si este libro tiene una cosa fascinante es la doctrina operacional que se plantea un mando a la hora de enfrentarse a una derrota y a una retirada incontrolada. 6 de diciembre de 1941, los alemanes están a 15 kilómetros de Moscú; están extenuados, los mandos les obligan a tomar Moscú, desprecian al enemigo al que derrotan con facilidad, no tienen equipos de invierno y la temperatura desciende a -40 º, las líneas de avance están sobre extendidas y la logística no lleva al Frente, las armas que les garantizan la movilidad como carros de combate y aviones no pueden utilizarse porque el frío extremo impide su funcionalidad. Con todo esto encima los rusos atacan con determinación, con armas útiles y con ropa de invierno cerca de sus fuentes de aprovisionamiento lo que conlleva una retirada alocada del ejército alemán. El fantasma de Napoleón se cierne sobre la Werhmacht.
    ¿Qué hacer?
    1. Echar a correr de forma alocada acosados por los cosacos, los esquiadores y los paracaidistas rusos que los exterminan poco a poco o mucho a mucho.
    2. La doctrina de un paso atrás que consiste en no retroceder allí donde se encuentren y exponerse a tácticas de flanqueo y embolsamiento por parte de las móviles fuerzas rusas.
    3. Dejar una zona de terreno libre al enemigo y correr hasta una línea de defensa natural como un río o una vía ferroviaria para hacer la línea de Frente mas corta, mas compacta y cercana a las líneas de aprovisionamiento vía ferrocarril. Desde allí esperar a que el enemigo extenúe sus líneas de avance y contraatacar en zonas localizadas.
    Según un oficial de Estado Mayor que estuvo en la retirada:
    “Nada resultó tan pernicioso como la orden de no dar un paso atrás dictada a mediados de diciembre que nos obligaba a aferrarnos a cada palmo de tierra y sólo nos permitía replegarnos con gran lentitud mientras el Ejército Rojo no dejaba de pisarnos los talones. (…) De haber retrocedido con mayor velocidad, las temperaturas extremas y la nieve habrían jugado en nuestro favor al impedir la persecución del enemigo. Habríamos tenido que sacrificar parte de nuestra impedimento, cierto es; pero eso lo hicimos de todos modos. Si hubiésemos replegado nuestras líneas con celeridad, habríamos podido crear una reserva nutrida con los refuerzos llegados de occidente y formar grupos específicos de combate con los que hacer frente a los intentos de avance de los rusos. (…) ¡ Cuánto mejor habría sido que el ejército alemán hubiese tenido la oportunidad de hacer frente a esas acometidas desde una posición ventajosa!
    Cuánto se puede aprender de una derrota o de una retirada si sabe uno a donde hay que retirarse. Esta es la gran lección de este libro. Correr a favor del viento es muy fácil.

  16. Me gustó mucho cuando lo leí (también “El sitio de Leningrado”, una obra abrumadora imprescindible para todo amante de la II Guerra Mundial).

    En cuanto a “La retirada” describe a la perfección la “Operación Tifón” y lo cerca que estuvo Hitler de tomar Moscú. ¿Por qué no lo logró? Indecisiones tácticas – desviar tropas hacia la gran bolsa de Kiev -; factores climatológicos – intensas lluvias que frenaron el avance de las fuerzas motorizadas de la Whermacht y posteriores heladas que inhabilitaron gran parte del armamento alemán y provocaron numerosas bajas por congelación -; factores logísticos – graves dificultades de aprovisionamiento, carencia de ropas de abrigo y de mecanismos contra el frío en armas y blindados -; agotamiento extremo de las tropas llevadas hasta el límite de sus fuerzas; y la defensa a ultranza que Stalín ordenó de la capital rusa – resumida en la frase “Tenemos Moscú a las espaldas” – y la llegada de tropas de refresco enviadas desde Siberia y Extremo Oriente.

    Pero, aún tomando Moscú, ¿Qué hubiera pasado? Recordemos que Napoleón entró en la ciudad de los Zares y tuvo que abandonarla a las pocas semanas iniciando una caótica retirada que diezmó la “Grande Armée”. La retirada napoleónica planeó sobre las cabezas de los soldados alemanes y solo la profesionalidad de sus mandos – ej. el general Model organizando grupos de combate – y el empecinamiento de Hitler en frenar la retirada impidieron un colapso total del Grupo de Ejércitos Centro. Ello, a la postre, resultó fatal para la Whermacht porque cuando un año después se encontró en una situación idéntica frente a Stalingrado y Hitler apeló a la fuerza de la voluntad y a la Providencia significó la aniquilación del 6º Ejército de Paulus.

    La aventura de la “Operación Tifón” le costó a Hitler 900.000 bajas y tener que recurrir en la primavera siguiente para poner en marcha la “operación Azul” a las tropas de sus poco fiables aliados italianos, rumanos y húngaros.

    Saludos

  17. En el fondo, al tomar Moscú, Hitler tenía en mente dos cosas: pensaba al igual que Napoléon que la toma de la capital obligaría a Stalin a rendirse ( o que lo retiraran sus compañeros de partido) y que los ingleses se rindieran para que Hitler no les invadiera también; lo cual no deja de ser una idea peregrina. Y también pensaba en rédito publicitaria ya que para los alemanes tener Moscú un año después de haber tomado París le hubiera repercutido en imagen pública benevolente. Franco también pensaba lo mismo en noviembre de 1936 ya que pensaba que si hubiera tomado Madrid se hubiera desplomado la IIª República y el mismo Stalin se empecinó en tomar Berlín en lugar de Eisenhower ya que la guerra tiene ciertos simbolismos que movilizan emocionalmente a los soldados y a los ciudadanos que apoyan a los políticos. El caso es que no llegó, tal vez por culpa de Mussolina y Yugoslavia o por culpa de la bolsa de Kiev. El caso es que no la tomó aunque en el libro de Jones se describe a soldados alemanes cogiendo tickets para el autobús de línea moscovita.

  18. A Napoleón no le diezmó el invierno, y a Hitler tampoco. ¡qué manía con quitarle a los rusos/soviéticos lo que es mérito suyo!

    El cuerpo principal de la Grande Armeé, inicialmente de unos 378.000 hombres disminuyó a la mitad en 8 semanas. En Borodino, Napoleón sólo pudo reunir a 135.000 soldados, y perdió 30.000 en un pírrica victoria.

    Volviendo al tema de la IIGM, a mi me parece que el oficial de Estado Mayor flipa en colores: si no había petróleo, vehículos ni suministros ni para avanzar, ¿cómo iba a haberlos para una “rápida retirada”? Si se les hubiera ocurrido retirarse, hubiera sido como una cacería de conejitos. Tenemos como ejemplo el Alamein y las brutales pérdidas alemanas. Rommel escapó porque Monty quiso, los soviéticos no lo hubieran permitido, y eso sin olvidar los efectos de las bajísimas temperaturas ¡menuda masacre!
    Por otra parte, si uno observa los mapas, los progresos soviéticos fueron mínimos. El frente se mantuvo y aguantó, creo que la decisión fue un acierto,

    Respecto a Moscú, yo siempre pensaré (al menos hasta que lea argumentos más sólidos)que fue una decisión correcta dejarlo en segundo plano y centrarse en Kíev, pero esto ya entra en el campo de la “opinión muy personal”,

    Saludos

  19. Que el invierno solo fue un factor más y no el decisivo creo que a estas alturas es algo que todo el mundo acepta. Pero tampoco es que fuera mérito de los sovéticos el estado en que se encontraba la Werhmacht en diciembre de 1941. Hasta la fecha los rusos no habían hecho otra cosa que perder sistemáticamente y ceder ante los embites alemanes. Con la tropas extenuadas, las líneas de suministros totalmente inoperativas (no a causa del invierno sino por que logísticamente no estaban preparadas) los alemanes llegaron tarde a Moscú. Yo si creo que fue un error táctico el no ir a por Moscú en septiembre/octubre y distraerse en Kiev. Claro que ahora es cuando se sabe que los rusos estaban al borde del colapso en esas fechas y que no tenían apenas tropas para defender su capital.

  20. Los alemanes sufrieron 734.000 bajas (el 23% de sus efectivos originales de 3.200.000 hombres)durante los cinco primeros meses de la invasión. Que los soviéticos sufrieran más bajas no obsta el daño que hicieron a la Wehrmacht, Barbarroja no fue ni mucho menos un paseo triunfal. Y se agrava por el hecho de que para los soviéticos eran reeemplazables, para los alemanes, no.
    Ya el 27 de noviembre de 1941, el General Eduard Wagner, el Intendente General del Ejército Alemán, informó que “Estamos al final de nuestros recursos en personal y material. Estamos a punto de enfrentarnos a los peligros del profundo invierno”.

    Respecto a Moscú, yo creo que hubiera sido una locura dejar a ese contingente de fuerzas soviéticas en el flanco del grupo de ejércitos centro, se hubiera tomado Moscú, sí, pero por poco que hicieran las tropas soviéticas hubieran comprometido aún más las líneas de suministro a la ciudad, la pinza posterior sobre Kíev se hubiera empantanado, y aún consiguiendo al final el mismo objetivo, las tropas hubieran quedado en tal estado que, efectivamente en este caso, la llegada del invierno podría haber causado una super catástrofe
    De todos modos, sobre este campo no me gusta discutir, porque hablamos de historia-ficción, y podemos argumentar hasta el infinito,

    Saludos

  21. Estoy leyendo los Diarios de guerra de Dionisio Ridruejo y habla del descontento de los divisionarios cuando los trasladaron, despues de Smolensk, al Frente Norte de Leningrado. Los divisionarios pensaban que les habían arrebatado de haber tomado Moscú enviándolos a un frente estático y secundario como era Moscú. Hay que pensar en los Krasnybors que hubieran sufrido de haber seguido el despliegue del grupo de ejércitos Centro. Lo que son y pudieron haber sido las cosas.

  22. Digo lo de la División Azul porque en septiembre/octubre de 1941 había una euforia generalizada con la operación Tifón y el cerco de Viazhma. Hasta los divisionarios españoles pensaban que “lo de Moscú ya estaba hecho”. Moscú era un objetivo para cerrar la campaña de 1941 antes de llegar el crudo invierno. El que el eficiente Estado Mayor Alemán no tuviera dispuesto ropas de invierno o aceites anticongelantes para la mecánica de los aviones/carros/vehículos/armas era porque esperaban tomar Moscú antes de noviembre y negociar con los ingleses una paz por separado. Pero los cálculos fallaron: después de cambiar de objetivos (Kiev por Moscú o Grecia) a mitad de camino, se les vinieron las lluvias y el frío antes de que tuvieran tomada la ciudad emblemática: Moscú. Los rusos también hicieron lo suyo con Zukhov y las reservas siberianas que Japón les había permitido liberar. Para mas locura Hitler le declaró la guerra a EE.UU por apoyar a un aliado, Japón, que no había fijado las tropas que reforzaron el contraataque ruso del 6 de diciembre.
    Fue un gran derrota en término tácticos y en términos estratégicos ya que fue la primera gran derrota que solo se pudo paliar con el talento de Model y el abandono de la táctica hitleriana del “ni un paso atrás” que fijaba inflexiblemente tropas de manera que los rusos las pudieran flanquear y destruir con tácticas de movilidad de equipos y hombres adaptados al clima.
    Mas allá del territorio perdido o de las bajas (casi un millón) y la pérdida de material es el cambio de clima psicológico en un ejército que salió de la campaña con la mayoría de sus generales destituídos: Runstedt, Kluge, Guderian, Hoeppner, Leeb, Brauchitsch o Bock. 6 meses antes eran los líderes operativos y estratégicos de la operación Barbarroja.

  23. Pues es curioso, pero respecto a lo de que el Estado Mayor Alemán no tuviera previsto los suministros de invierno porque esperaba tomar Moscú antes del invierno, yo tengo entendido lo contrario. Según Martin Van Creveld, por supuesto que estaba previsto, pero el problema era que las líneas de suministro eran incapaces de llevarlo al frente. Recuerdo que Creveld también aducía a razones logísticas el cambio de Kíev por Moscú.

    Y por cierto, no hay que olvidar que Hitler tenía en mente pasar a la defensiva tras Kíev, y retomar la toma de Moscú tras el invierno. Fueron von Bock, Guderian y demás quienes le convencieron de que los rusos estaban acabados, y que tomar Moscú estaba chupado. Esto último no recuerdo dónde lo leí, si de Glantz, Bellamy o a saber,

    Y dicho esto, sigo con la tarea 😉

    Saludos

  24. Acabo de echarle un vistazo al Osprey que publicó RBA sobre Moscú, y efectivamente dice esto último. Quizá lo leí aquí. Disculpadme por no consultar otras fuentes, pero es que tengo difícil, en estos momentos, examinar en profundidad mi fondo bibliográfico,

    Saludos

  25. Buenos días.

    Leía no hace mucho un libro en el que se criticaba la ligereza con la que muchos autores hablan de “tomar Moscú” antes del invierno; pues muy pocos se detienen a pensar en el esfuerzo logístico y táctico que hubiera supuesto una batalla urbana en una ciudad inmensamente mayor que Stalingrado; y mucho menos en lo que hubiera supuesto dicha batalla con todas las fuerzas soviéticas de la región de Kiev aún operativas y todas las tropas provenientes de siberia en proceso de despliegue.

    La tesis acaba concluyendo que “cercar” Moscú tal vez hubiera sido posible, pero desde luego no “tomar” la ciudad; y plantea claramente el “y luego que”. Es decir, que hubiera podido hacer el ejército alemán durante el invierno de 1941-42 con sus líneas 100km más al este de donde estuvieron en la realidad y con una inmensa ciudad cercada a sus espaldas.

    Me pareció un razonamiento interesante, por eso os lo dejo aquí.
    Bernard Schnetzler: “Les erreurs stratégiques du IIIe Reich pendant la Deuxième Guerre Mondiale”.

    Un saludo.

  26. Koenig, ese libro que mencionas de Bernard Schnetzler: “Les erreurs stratégiques du IIIe Reich pendant la Deuxième Guerre Mondiale”, lo tengo en el punto de mira hace tiempo, si lleva a cabo planteamientos tan interesantes como el que mencionas sobre la posibilidad real de tomar y ocupar Moscú y sus más que imposibles condicionantes logísticos ante tal objetivo, creo que habrá que hacerle un hueco en mi librería.

    Saludos.

    Un saludo

    .

  27. Siempre me pregunté porqué me cansaba tanto leer de la SGM y gracias a este libro ya se porqué me pasa eso: Hitler. Si Hitler no se hubiera entrometido tanto en las decisiones militares y no hubiera sido un sicópata tan repulsivo las cosas no le hubieran ido tan mal al pueblo alemán ni a la Wehrmacht que goza de toda mi estimación.
    Si la fama la tienen Stalingrado o Normandía la campaña de otoño-invierno del 41 es la primera vez que Hitler se enfrenta al cuerpo de oficiales que le había llevado al éxito en Polonia y en Francia y decide convertirse en Alejandro Magno con los resultados que se describen en el libro: Guderian de baja forzosa, Hitler leyendo mapas militares y los alemanes huyendo como ratas sin ropa adecuada para el clima del momento.
    Siempre he pensado que la verdadera tragedia de la PGM fue que no se llevara por delante al ridículo sicópata del bigotito.

  28. Bueno, pues por fin le llegó su turno a este libro. Bueno, Michael Jones es fiel a su estilo y monta o,mejor dicho, describe la Operación Tifón, en este caso, a través de numerosos relatos de soldados alemanes y soviéticos. El anterior trabajo de M Jones sobre Leningrado, aunque sin disgustarme, se me hizo un tanto cuesta arriba leer, pero en este caso no ha sido así, aquí hay más acción y el soldado es el principal protagonista de la historia. Está claro que si queremos conocer la Operación Tifón desde la perspectiva operativa, táctica y estratégica…este no es el mejor libro, pero como visión humana del conflicto desde luego puede ocupar un lugar importante en cualquier librería de los aficionados a la IIGM entre los que me encuentro.

    Un saludo.

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