La mesa de trabajo de Antony Beevor

Enfrentado al titánico spring final de la temporada de trabajo, no he tenido tiempo para escribir ninguna reseña, pero me permito esta pequeña delicatessen: Antony y yo somos amigos desde que fuimos juntos al All Souls. Luego hemos seguido caminos completamente diferentes, pero siempre que voy a Londres o siempre que él viene a Barcelona. Bueno, qué os voy a contar. Tenemos miles de anécdotas. Recuerdo que un día, en Ascot, ¿o fue en aquel olivar de Creta, precisamente donde mataron al pobre Ashbury mientras leía los inmarcesibles poemas de Keats encaramado a una peña durante la batalla de Maleme?

Bueno, como ya os podéis imaginar, ni conozco a Antony Beevor ni fui al All Souls. La foto del pequeño despacho donde se han escrito algunos de los libros de historia militar más famosos de la última década la he sacado de la web de The Guardian, en un apartado que a mí, que soy un fetichista de los lugares de trabajo de la gente, me chifla, “Writers Rooms” (http://www.guardian.co.uk/books/series/writersrooms). Según cuenta el mismo Beevor en el artículo que acompaña a la foto, se trata de un estudio añadido a la casa en el campo donde vive con su mujer (la hija del embajador británico en París después de la Liberación, que era el antiguo beneficiario del bonito escritorio). En el momento en que fue tomada la foto, Beevor se encontraba escribiendo, como puede verse, su libro sobre el Día-D. En el centro de la habitación hay una mesa de ping-pong en la que Beevor ordena las montañas de documentos que utiliza para sus libros. A mí personalemente Beevor no es que me vuelva loco, pero reconozco que el lugar tiene su encanto.

Siempre me ha llamado la atención que gente que se dedica a escribir, y a pesar de tener unas ventas medianas, tenga que trabajar en lugares tan exigüos, y en cambio los burócratas más obscenos e indecentes tengan despachos kilométricos donde descansar sus culos en poltronas faraónicas. Malos tiempos para la lírica, que decía aquel.

Saludos y buenas lecturas

8 pensamientos en “La mesa de trabajo de Antony Beevor

  1. Muy buena reseña Leiva, estas cosas siempre despiertan curiosidad. Ya me imagino a Beevor estudiando esos mapas que tiene colgados en el corcho de la pared e intentando desplegar los ejércitos para luego plasmarlo en palabras. Un trabajo creo que de lo más envidiable.

  2. Simpática referencia, ha estado muy bien, reconozco que al principio según iba leyendo me lo he creído que lo conocías. La foto de El País la recuerdo de cuando salió el libro que leí el reportaje.

  3. Rodrigo yo también he caído al principio,Leiva me las ha colado aunque sea por un momento.
    A mi el escritorio me encanta,soy de corte clásico,pero reconozco que no parece muy cómodo.Esa ventana en la que asoma tanto verde parece un buen lugar para concentrarse.
    A mi el otro día me dió por escribir en pleno atasco de la Ronda del Litoral (Barcelona).Supongo que por eso y por mil cosas más me dedicó a la venta y no a la escritura.

    Original Leiva.

  4. Sí, el jardincillo tiene muy buena pinta. Cuando Antony me ha invitado… No, fuera coñas. Xavier, sigue escribiendo si te gusta. Hay mucha gente que lo hace por simple afición, sin pensar en publicar, y no por eso deja de ser mejor o peor. A lo mejor un día, cae la breva, que dicen.

    Saludos

  5. Yo también creí que Leiva hablaba en serio…el sitio no es de mi estilo, pero reconozco que cada uno personaliza su lugar de inspiración a su manera. Está claro que Beevor no es un novelista, pero para escribir ensayo también hace falta una buena dosis de imaginación para conformar un relato que atraiga al lector. Creo que en este apartado Beevor es un crack.

    Un saludo.

  6. También a mí me has dado inicialmente gato por liebre…
    Hábil ardid, Señor Leiva.
    Desde luego que ese escritorio parece de lo más incomodo pero cada uno es cada uno…

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