La Casa Rusia, John le Carré

Moscú, en el tercer verano de la Perestroika. Niki Landau, un agente comercial británico, es abordado por una atractiva joven rusa, Katya, que le pide que transporte a Inglaterra un paquete con información vital para la defensa de Occidente.

Con su genial habilidad narrativa, le Carré construye una historia que combina una apasionante trama de espionaje con la alegoría de un amor no convencional.” (Sinopsis de contraportada).

Al comenzar a escribir esta reseña, me puede resultar un tanto curioso, extraño y hasta inconcebible que éste sea el único ejemplar proveniente de la pluma de le Carré que cohabita en las profundidades de la hogareña librería. Ciertamente, me he cruzado con el señor le Carré en la pantalla más que en los anaqueles. Un hijo solitario, desprovisto de todo contacto con el resto de sus hermanos, de Smileys y otros. Pero esa es la terrible e indiscutible realidad. También es el único libro de este autor inglés que he leído, a pesar de que siempre estuvo tentándome con otros títulos. Razón de ello es que este La Casa Rusia me lo leyera cuando no era más que un patético adolescente que creía, en su frágil raciocinio y brutal falta de seso, que podría enfrentarse a semejante obra. Quizá la oportunidad que tenía en casa y el olvido eterno para sacar de la biblioteca municipal o del colegio El espía que surgió del frío (que siempre me llamó la atención por semejante título), me convencieron para que abriera las tapas y comenzara a hundirme en sus páginas. Y durante años tuve el vano e infundamentado convencimiento de que me lo había devorado, pero en esta relectura para NOVILIS, me he dado cuenta de que mis recuerdos se limitaban tan sólo a las primeras cien páginas. ¿Quizá lo dejé abandonado y he perdido toda memoria sobre esa decisión tomada hace ya media vida?

Lo que ha despertado mi interés, ahora, con algo más de muebles dentro la sesera, como si eso me autonombrara censor, fue el narrador de la historia, Palfrey. Está narrado en primera persona, pero es más bien omnisciente que interviene en los hechos y cuya identidad conocemos. Habla de sucesos imposibles de conocer más allá de las conjeturas o de ser testigo ocular directo de los mismos. Mucho más allá de extractos de cintas magnetofónicas. Detalles que se olvidan con la propia narración, si fuera realmente en primera persona. Aún así resulta terriblemente elegante y puntillosa la fórmula empleada, pero sin llegar a agobiarnos, lo cual es un triunfo para el escritor. Cuando te quieres dar cuenta, los capítulos y las páginas han volado, se han quemado, y te llevas las manos a la cabeza mientras exclamas de pura sorpresa algo como: ¡pero si solo han sucedido cuatro cosas! Como prueba de esto, tan solo la entrega de los tres cuadernos a Niki Landau en la feria de fonografía de Moscú, que estos llegaran a las autoridades apropiadas en Londres y contactar con Barley Scott Blair, exigen ciento y pico de páginas.

Los personajes se hacen íntimos. Los vemos por fuera y por dentro. Podemos sentir sus miradas, el sonido de sus trajes al arrugarse; hasta olerles. Y otro tanto sucede con los lugares que describe. Se siente que le Carré estuvo allí y habló con esas personas, u otras bien semejantes. Muchos de esos diálogos rezuman tal realidad que hasta causan turbación.

La historia es de espías, la de los hombres y mujeres de este Servicio “tranquilo”, sin alborotos ni efectos especiales, humana al fin y al cabo, ya que lo que acaba destilando la prosa es  un drama de amor casi imposible y de sacrificio.

Mientras el material de Yakov Savelyev, alias Goethe, nombre en código Pájaro Azul, puede hacer tambalear la realidad de una Guerra Fría cada vez más calmada, denunciando las supuestas deficiencias y ruinas del gigante militar soviético, la trama de espionaje es una matrioshka para que Barley, en su mundo literario, de Jazz, risas y alcohol, descubra algo que le cambiará para siempre: Yekaterina Orlova, Katya, una joven rusa, miembro de la editorial “Octubre”, madre de una pareja de gemelos y amante.

Al final se demuestra que todo es mentira y verdad a la vez, mientras los sentimientos de los hombres grises afloran poco a poco en el pesimismo.

La aventura de Barley y Katya puede que sea la nota de esperanza en esta obra bien trazada, entretenida y que es una lección de cómo se escribe.

John le Carré es el pseudónimo de David J. M. Cornwell, nacido en Poole, Inglaterra, en 1931. Estudió en las universidades de Berna y Oxford y fue profesor de Eton. A fines de los años cuarenta fue miembro de los Servicios secretos británicos en Austria y de 1961 a 1964 fue funcionario de la Foreign Office. Su primera novela, Llamada para un muerto, fue publicada en 1961, pero fue la tercera, El espía que surgió del frío, la que le dio fama internacional. Entre sus obras posteriores destacan Una pequeña ciudad de Alemania, El amante ingenuo y sentimental, La chica del tambor, Un espía perfecto y las protagonizadas por el célebre agente Smiley: El topo, El honorable colegial y La gente de Smiley.

Lengua: Castellano
ISBN: 84-7473-0736-0
Nº Edición: Segunda
Año de Edición: 1995
Editorial: RBA
Plaza de edición: Barcelona
Páginas: 313

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