La Armada Invencible, Garrett Mattingly

El 30 de mayo de 1588, después de innumerables retrasos, partió de Lisboa la gran armada reunida por orden de Felipe II. Alineaba 127 navíos, entre galeones, galeras y transportes de toda clase. Ya antes de salir, los ingleses, que estaban aterrorizados ante sus dimensiones y su poder, la bautizaron como Grande Armada. Se consideró la partida de aquella “selva de mástiles” un acontecimiento tan importante que su intención y su orden de batalla ya se conocía por numerosas impresiones en Amberes antes de que los navíos llegaran al Canal de la Mancha. La mayor parte de los contemporáneos, sin embargo, poco podían hacer, salvo especular sobre el resultado de la empresa y encomendarse  a  la forma de Dios en la que creyeran.

Porque la Armada era la solución de Felipe II a la cruel guerra religiosa que se libraba en Europa entre católicos y protestantes desde hacía décadas; su misión era apoyar el desembarco en Inglaterra del ejército español de Flandes. Con la invasión de Inglaterra se quería acabar con la principal fuente de financiación de la rebelión en los Países Bajos y de la agitación luterana en todo el continente. Durante los años anteriores, Isabel I había intensificado la guerra de corso contra los navíos españoles, llegando al extremo de atacar Cádiz con los barcos de Drake; continuaba el apoyo a los holandeses revueltos y a los hugonotes franceses, y se había ordenado la ejecución de María Estuardo, reina católica de Escocia y, por su matrimonio con el difunto Enrique II, con derechos a la corona de Francia, uno de los baluartes del catolicismo y tercero en discordia en la guerra por la hegemonía europea. Los españoles , por su parte, tampoco se habían quedado mancos, cometiendo todo tipo de desmanes en los Países Bajos, aplaudiendo la matanza de San Bartolomé (hasta el Papa celebró un banquete para regocijarse por tamaña fechoría, digna de la guerra de Yugoslavia), etcétera. 

La envergadura logística de la invasión sobrepasaba los medios existentes y exigía una cooperación que Medina Sidonia, el agobiado y tan criticado almirante de la flota, y Alejandro Farnesio, comandante del ejército de Flandes, no tuvieron nunca –todas las comunicaciones se hacían por carta y, como dijo Braudel, las distancias eran el gran enemigo en el siglo XVI-. Aún así la expedición podía haber triunfado. Nadie sabe qué panorama se habría abierto después, claro, pero la empresa no parecía tan disparatada como ahora nos gusta imaginarla. Geoffrey Parker ha escrito al respecto un interesante ensayo “Si la Invencible hubiera desembarcado…”, que merece ser leído como base de un verdadero ejercicio de ucronía histórica o, para los aficionados, como escenario para un wargame apasionante (a ver si hay alguien que se anima: incluyo aquí el enlace a un capítulo en castellano de este texto, es.geocities.com/capitancontreras/armada-invencible.pdf ).

Pero, suposiciones aparte, lo cierto es que la Armada remontó el Canal, se enfrentó a los navíos ingleses, fue derrotada y volvió a España después de un terrible periplo por el Mar del Norte. Pero nada más: ni el imperio español se hundió en 1588, ni Inglaterra conquistó el dominio de los mares, ni la Inquisición se fue al carajo (por desgracia), ni Felipe II se santiguó cien mil veces delante de su pequeño altar en El Escorial lamentando haber enviado a la muerte a miles de hombres valientes. Las cosas siempre son más complejas, para irritación de los propagandistas y los listillos. 

Por eso y por mucho más merece la pena leer este libro de Garrett Mattingly. Su autor es un historiador norteamericano de probada solvencia, especialista en la dinastía Tudor y el Renacimiento. En 1942 se encontraba en Inglaterra, esperando otra invasión, y durante sus patrullas a bordo de un destructor por el Canal, aprendió a familiarizarse con tan traicionero estrecho, sus bajíos y bahías, el campo de batalla de la Armada. Fue allí donde concibió este estupendo libro. En una serie de “secuencias históricas”, ambientadas en Roma, El Escorial, Londres, París, Blois, Lisboa, el Atlántico y Cádiz, Mattingly, que es un estupendo narrador, consigue un fresco completo de la situación estratégica, mental y personal de los protagonistas de una de las batallas más espectaculares de la Modernidad. Personalmente, el retrato de Bernardino de Mendoza, embajador español en París, el ataque de Drake a Cádiz y el asesinato del duque de Guisa son de lo mejor que he leído nunca.

Y a sus cualidades como escritor, Mattingly une una imparcialidad y una capacidad de análisis perfectas. Cuando los lectores españoles vemos publicado un título anglosajón sobre la Armada Invencible pensamos inmediatamente que se trata de otro libro de autobombo de la Pérfida Albión, repleto de tópicos de la Leyenda Negra y de juicios más o menos sesgados sobre la política de Felipe II y la “amable y querida soberana” que era Isabel I. Ejemplos no faltan. Pero este es un asunto que debe quedar en manos de los historiadores, que normalmente son señores prudentes y delicados.

De momento, llevan las de ganar los ingleses. Los libros anglosajones publicados sobre este episodio en los últimos años son mucho más abundantes que los de historiadores españoles; el prólogo del libro que comento da cuenta de algunos de los títulos de ambos “bandos”, pero los españoles –salvo honradas excepciones- son de una antigüedad exasperante, y claro, algunos de los escritos en Inglaterra son magníficos (el ya clásico de Geoffrey Parker, La gran estrategia de Felipe II sigue siendo, como tantos otros de este hombre, un modelo de erudición, claridad y buen hacer). Quizás lo que hace falta es menos victimismo y más estudios serios y un interés por parte de los lectores españoles sobre nuestra historia, que es ya historia de Europa y del mundo. Pero sobre la de verdad, no la de capa y espada y frasecitas del Siglo de Oro impostadas. Y tampoco sobre la infumable representación que un folletín hollywoodiense como Elizabeth ha hecho de la Armada: la mofa sobre Felipe II que perpetra Jordi Mollà bastaría para que le prohibieran a este señor volver a España para siempre jamás. Es broma.

Una última anécdota y paro. El libro apareció en su versión inglesa en 1959 y tuvo una primera edición española en 1961. La censura franquista prohibió la distribución de la obra. Carlos Gómez-Centurión nos dice en el prólogo que algún majadero llegó al extremo de incluir en el texto una advertencia que rezaba así: “El lector no debe olvidar que el autor de este libro es de religión protestante y como tal, adversario nato de la imperial y católica política de nuestros grandes monarcas de la casa de Austria”. Toma castaña.

Saludos y buenas lecturas

Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788475066615
Colección: ARMAS Y LETRAS (TURNER)
Nº Edición:1ª , Editorial Turner
Año de edición:2004
Plaza edición: MADRID

10 pensamientos en “La Armada Invencible, Garrett Mattingly

  1. Ya me gustaría a mi que los ingleses dedicasen tantos esfuerzos como dedican al tema de la Invencible a explicar el estrepitoso fracaso una año después de Drake en Portugal al mando de una Armada tanto om más poderosa que la enviada por Filipus.

  2. Bueno, ya se sabe cómo son las naciones. Sin embargo, incluso cuando se trata de este tema de la expedición de Drake a Portugal, que efectivamente fue un pifostio total, también hay más libros (o eso creo) ingleses sobre el tema que españoles. En realidad, la Invencible fue ventajosa para España, porque hizo recapacitar a Felipe II sobre las posibilidades del reino para llevar la guerra al Atlántico Norte, desguarneciendo a cambio los convoyes de Indias. La situación es parecida, salvando las distancias, claro, a la remodelación que los Aliados hicieron en 1941-1942 con sus convoyes frente a la táctica de los U-Boote.

  3. Hola, en primer lugar decirle que igual en victimismo es de los ingleses… poblecitos ellos.
    Otro libro de las caracteristicas que Vd. reseña puede ser: «The Confidend hope of miracle: The true History of the Spanish Armada», de Neil Hanson, en la obra el autor escribe de lo tragico de la aventura de la flota de Felipe II, insistiendo en los viejos tópicos, habla entre otras cosas de la inferior calidad de los navios y artillería española, le echa toda la culpa a Felipe II indicando que lo confió a «la esperanza de un milagro»; un capítulo entero lo dedica a los naufragios de la Armada… sin embargo cuando llega a -la derrota inglesa de la CONTRA-ARMADA en zonas costeras de Galicia y portugal en 1589, considerado por muchos como uno de los peores desastres de la Royal Navy, a manos de los españoles, pasa de puntillas, un poco más y ni comenta-. Bien, que nos dice todo esto, pues lo de siempre… posiblemente una parte del título que lleva esta obra «esperando un milagro» le aplica a ellos de lleno, y con la esperanza de que los tópicos y complejos hacia lo español se les disipe gracias a un milagro (el sentido de humor que no falte despues de todo).
    Como Vd. dice, los historiadores son o se supone que son prudentes y delicados, eso es muy correcto, pero le diré como muy bien debe de saber, que muchos son muy nacionalistas, ahí esta el problema, el llegar a ser imparcial es bastante sufrido, sobre todo cuando se le ven las vergüenzas de la «madre patria» en esto los ingleses , anglosajones en particular «pecan de ello».

    Un saludo.

  4. Bueno, es un tema bastante recurrente. Los Ingleses hay que reconocer que se saben sacar mucho partido de sus «victorias» y esconder como nadie sus derrotas debajo de la alfombra casi al punto de borrarlas de su historia, como hicieron con Vernon y el desastre de Cartagena de Indias por ejemplo.

  5. Si Javi, un excelente libro «Victorias por mar de los españoles», para efectuar una reseña en una página como la presente (observo que no hay reseña). Nos animamos y la hacemos, o sino mejor tu Javi que nos has recomendado el libro.
    Gracias.

  6. Javi, gracias por el ofrecimiento. Queda muy bien con la reseña actual para «Victorias por mar de los españoles», y el que lo hayas enlazado en la página de esta reseña queda perfecto… habrá más ocasiones.
    Un saludo.

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