Junio de 1941. Hitler y Stalin, John Lukacs

El mismo título del libro no deja lugar a dudas sobre su tema: estamos a las puertas de la Operación Barbarossa, la mayor ofensiva militar de la guerra mundial, la invasión de Rusia. Cuando ví el libro en La Central de Barcelona (cuando me fijé en él, en realidad, pues suelo mirar distraidamente las estanterías de Historia contemporánea siempre que voy, y eso ocurre por lo menos dos veces por semana) me pregunté qué de nuevo podía contarme el tal Lukacs sobre Hitler, Stalin y Barbarossa que ya no supiera o creyera saber (pues, como dijo aquél, la soberbia es lo mejor repartido de este mundo: todos creen tener la suficiente; tal es su soberbia). Me bastó leer diez líneas aquí y allá para comprender que estaba ante un libro hipnótico y de lectura que yo me atrevería a calificar de imprescindible. Habrá gente que se esté preguntando ahora mismo qué hace una chica como yo en un lugar como éste; es decir, porqué no conocía yo a John Lukacs, que al parecer siempre ha sido uno de los historiadores de la segunda guerra mundial más interesantes, prolíficos y contundentes de los últimos veinte años. No tengo disculpa, ya lo sé. Sorry. Verzeihen sie. Mil perdones. Vamos con el libro.

Junio de 1941 no es una historia de la invasión de Rusia por Hitler, sino de las tensiones y relaciones, múltiples, complejas y ambiguas, que llevaron a la Operación Barbarossa, uno de los episodios más decisivos de la historia moderna; de esa historia que, a grandes rasgos, comenzó en 1500 y acabó en 2000. Hitler y Stalin fueron hijos de esa época; ambos nacieron en el final de ésta, en plena crisis de los valores burgueses de aquel “mundo de ayer” del que tan magistralmente escribió Stefan Zweig (víctima del nazismo). Es sobre todo en las intenciones de estos dos estadistas en lo que se centra el libro. En una narración intensísima, de sólo 167 páginas, Lukacs nos explica con suma maestría y con una audacia intelectual tremenda la situación del momento. La habilidad del autor (combinada por cierto con una soberbia traducción al castellano de Ramón García, traductor habitual de todos los libros de Lukacs para Turner) hace que queramos saber qué va a pasar en la página siguiente, y luego en la siguiente… Es como una de esas intrigas que nos han contado cientos de veces, pero de la que no podemos despegarnos. En suma, hay que darle la razón a Anthony Beevor o a Paul Fussell cuando dicen que John Lukacs es uno de los historadores más audaces de nuestra época.

Conviene hacer un pequeño repaso a las coordenadas ideológicas del autor, que desde luego están a mil leguas de las de sus sinceros admiradores, y también de las mías. Lukacs (Budapest, 1924), hijo de católica y de judío, se define a sí mismo como un reaccionario antipopulista cuyo modelo de sociedad es el gobierno de una élite ilustrada guiada por principios cristianos. Enseñó en Estados Unidos y fue amigo (y biografo) del todopoderoso George Kennan, gurú del Departamento de Estado, maestro de Kissinger, y –según Noam Chomsky-, uno de los principales arquitectos de la estrategia norteamericana de la Guerra Fría. El mismo Lukacs tiene un libro sobre esta época, lamentablemente no traducido, como la inmensa mayoría de su obra, al castellano. Digamos de paso que Lukacs, admirador de la civilización y la Ilustración, no traga a los reaganitas, a los neocons y, es de suponer, tampoco a los del Tea Party actuales.

En sus libros sobre la última guerra mundial, Lukacs se opone a dos teorías muy populares en los últimos tiempos, el revisionismo de David Irving y una de sus variantes, la del “ataque preventivo”, teoría de algunos historiadores alemanes y rusos que sostiene que Alemania atacó la URSS porque todos los indicios mostraban que Stalin se preparaba para atacar Alemania. No es aquí el lugar adecuado para hablar de la validez de estas teorías o de la opinión que me merecen estas. Me limitaré a exponer, sucintamente, lo que dice Lukacs, que no tiene pelos en la lengua. Sus juicios pueden resumirse básicamente en que David Irving es un neonazi cuyas tesis supuestamente documentales sobre las intenciones de Hitler o lo que Hitler desconocía o conocía son absolutamente irrelevantes y no se basan en documentos, sino sólo en pura demagogia; en segundo lugar, Lukacs sostiene que la teoría del “ataque preventivo”de Hillgruber y otros no es más que un intento de justificar el comportamiento de Alemania durante la guerra, comportamiento que como sabemos desencadenó la guerra.

Stalin, según Lukacs, y como es público y notorio, no tenía intención alguna de atacar Alemania, según queda demostrado en documentos alemanes y soviéticos, abundantes e importantes; documentos del Alto Mando, del Ministerio de Asuntos Exteriores y demás, y no oscuros microfilmes o referencias a informes que no pueden comprobarse. Otra cosa es que, en un ejercicio de ingenuidad (o de cualquier otra cosa), se crea la misma propaganda nazi, se crea a Hitler mismo cuando decía a Ribbentrop, el 18 de junio, cuatro días antes del ataque a Rusia, “destaque los incidentes fronterizos”, para demostrar que su invasión de la Unión Soviética era de carácter preventivo. Si en algo está de acuerdo Lukacs con Irving es que esta fue La guerra de Hitler. Fue la guerra del Fuhrer de los alemanes; nadie se la había pedido, él la comenzó. También él atacó la URSS, sin previo aviso, y sin que mediara agresión alguna por parte de los soviéticos.

Según el libro Hitler tomó la decisión de invadir Rusia por etapas. Me refiero a la decisión política, no a la decisión operacional. “Las etapas decisivas fueron las órdenes que impartió el 31 de julio de 1940, el 18 de diciembre de 1940 y el 21 de junio de 1941”. Esta última, claro está, fue la consigna en clave “Dotmund” que indicaba que al día siguiente se desencadenaría el ataque. Las otras dos coincidieron con hechos significativos: el 19 de julio de 1940 Hitler ofreció la paz a Gran Bretaña (después de abortar la Operación Leon Marino, la invasión de las islas), oferta que como sabemos Churchill rechazó tajantemente, a pesar de que Petain ya había sido investido con plenos poderes por la Asamblea Nacional, lo que equivalía a decir que los ingleses lucharían solos contra el nazismo hasta junio de 1941. En diciembre de 1940 Hitler dijo a sus generales que se prepararan para la guerra contra Rusia. Un mes antes, Molotov había visitado Berlín y Hitler le agasajó esplendidamente y se prometieron amistad eterna entre los dos países.

Pero la invasión de Rusia no era ineludible; no se basaba en un compromiso ideológico de Hitler, en la cruzada antibolchevique o antijudía y toda esa xarrameca propagandística de Goebbels y demás tarugos. Es cierto que la propaganda fue útil, y que el anticomunismo fue un arma que Hitler utilizó hábilmente durante los años en que ostentó el poder (esencialmente para cautivar a los conservadores alemanes y de otros países, incluyendo a Chamberlain). Pero Hitler decidió invadir la URSS porque, en junio de 1941 pensó que, si la Rusia comunista era derrotada, tanto Inglaterra como Estados Unidos se replantearían su decisión de enfrentarse a Alemania. En pocas palabras, el último destinatario del golpe de Barbarossa no era Moscú, sino Londres. O más exactamente Churchill. El problema de Hitler es que no contaba con la alianza y la amistad de Churchill y Rooselvelt. Cuando en diciembre de 1941 Rundstedt no pudo apoderarse de Moscú y los japoneses atacaron Pearl Harbour, Hitler había perdido la guerra.

En los meses anteriores a la fecha de Barbarossa, veremos a un Stalin, terriblemente lento de reflejos, comprender poco a poco –pero no a tiempo- el juego de Hitler, un hombre por el que sentía una profunda admiración (recíproca, por parte de Hitler, que también admiraba al comienzo de la guerra a los británicos, a los que dejó escapar en Dunkerque: el momento en que Guderian podría haber ganado la guerra con una sola división panzer). Veremos los esfuerzos por parte de la inteligencia militar soviética para prevenir a Stalin acerca de los indicios más que evidentes de una invasión alemana, corroborados por mensajes del propio Churchill extraidos de ULTRA, de Rooselvelt y de otros, entre los que se contaba un agente situado en el más alto nivel de la Luftwaffe, que advirtió detalladamente sobre los preparativos alemanes. Merkulov, comisario de seguridad del Estado, se encargó de dejar su informe sobre la mesa de Stalin. Éste escribió en el margen: “camarada Merkulov, puedes enviar a tu ‘fuente’ a que le haga compañía a su puta madre. Esto no es una ‘fuente’ sino un desinformador”. Stalin escribió esto el 17 de junio, cinco días antes de Barbarossa.

Ay, un libro tan breve y concentrado no merecía una reseña tan larga y embrollada. Una última cosa: si he decir la verdad, lo que me ha gustado más del libro ha sido el empeño del autor de no tomar al lector por un escolar de secundaria, por hablarle en términos fuertes, dignos de la gran historia, no presentar a Hitler o Stalin como muñecos de feria, como Charlot o Iván el Terrible, por no confundir a dos de los estadistas más influyentes (para bien o para mal) de ese triste siglo que fue el XX, con personajes de Walt Disney. A primeras horas de la tarde del 21 de junio, Hitler dictó una carta a Mussolini (pág. 51). Le comunicó que se lanzaba contra la URSS. El final de la carta decía: “Me complace decir que al fin me he liberado de mi agonía mental”.

Saludos y buenas lecturas

Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788475067858
Nº Edición:1ª Turner
Año de edición:2007
Plaza edición: MADRID

13 pensamientos en “Junio de 1941. Hitler y Stalin, John Lukacs

  1. He visto el libro varias veces en los estantes de una libreria de mi ciudad, y no me habia decidido, pero tras leeer esta magnifica reseña seguro que lo termino comprando, entre otras cosas porque un libro de 167 páginas se lee en un dos o tres tardes, y “lo bueno si es breve dos veces bueno es”. De John Luckacs tengo el “Hitler de la Historia”, que aborda el estudio de Hitler desde el análisis de otras biografias, y me gustó porque no nos muestra un Hitler simplón y caricaturesco sino un personaje complejo, de personalidad atractiva y en el que no todo eran complejos. También recomiendo el libro de kershaw “Decisiones trascendentales” en el que se abordan las decisiones decisivas de la II Guerra Mundial ,entre ellas la de Barbarrosa. Hay gran coincidencia con la tesis de Luckac, lo decisivo fue cubirse las espaldas y sobre todo asegurarse el petróleo y materias primas soviéticas para así poderse enfrentarse a las potencias anglosajones y garantizar la hegemonía alemana en Europa.
    Por cierto, que suerte vivir en Barcelona y poder visitar frecuentemente “La Central”, yo la visito cuando una o dos veces al año voy a la ciudad condal , y es un placer recorrer sus mesas y estantes, sin duda una de las mejores librerias que conozco. Saludos cordiales.

  2. Si este libro fues de Planeta o Crítica costaría más de 20€, una suerte primero que esté editado en castellano y segundo que tenga un precio más que razonable, 12€, al igual que el resto de la bibliografía editada por Turner de este autor. Imprescindibles. La reseña fantástica.

  3. Yo descubrí este autor a raiz de una reseña de Félix, Sangre sudor y lágrimas. A partir de ahí comencé a hacerme con la bibliografía de este historiador. Sus lecturas son sensacionales y muy recomendables, este libro en concreto no lo tengo pero por poco tiempo, y más ahora que casi todas mis últimas lecturas están siendo sobre el frente del Este.

  4. Gracias por los comentarios a todos y por leer estas kilométricas reseñas. Efectivamente, La Central es una gran librería de Humanidades; en BCN hay dos igualmente bien surtidas. En cuanto a Lukacs, su lectura es una gozada. Yo estoy leyendo ahora The last european war y es genial. La pena es que no está traducido al castellano.

  5. Estimado Leiva,
    Gracias en primer lugar por esta interesante reseña. Me interesa, Leiva, saber qué dice Lukacs exactamente de Hillgruber. Andreas Hillgruber tiene un reconocido prestigio, sobre todo por su Hitler Strategie, no traducido ni al inglés. Prestigio que tiró en gran parte por tierra en los últimos años de su vida , a finales de los 80, en la serie de artículos publicados en los diarios alemanes en lo que se llamó la “Disputa de los historiadores” o Historikerstreit. En lo concerniente a la teoría del ataque preventivo de Hillgruber, entre 1953 y 1954 sostuvo una serie de debates con Gerhard Weinberg y Hans Rothfels. Tan demoledores fueron los argumentos de éstos últimos que Hillgruber repudió públicamente su anterior postura. Posteriormente la tesis que sostuvo fue que Hitler había lanzado Barbarossa en busca de Lebensraum. Es decir, su obra magna, Hitlers Strategie, está escrita después de esta disputa.

    Más sobre la teoría del ataque preventivo: hace un tiempo hice una reseña de un trabajo de Joachim Hoffman, “Stalin’s War of Extermination”, http://novilis.es/WordPress/?p=403, libro interesante, pero refutado y bien refutado actualmente. No deja de ser muy interesante, no obstante. Lo recomiendo.

    Qué grande, por cierto, me parece “El mundo de ayer” de Zweig. De lo mejor que he leído en los últimos años.

    No he leído nada de Lukacs, todavía. Espero que este sea el primero de muchos. ¿Sólo 12 euros? Eso es lo que dice la casadellibro. Ya está pedido.

  6. El libro parece interesante así como el precio y la editorial pero cuando lo vi en la página web de Turner no lo compré porque mi tiempo vital es limitado y las posibles lecturas infinitas. Uno de los motivos por los que no lo compré es que éstos dos personajes me repelen tan absolutamente, en todos los sentidos, que siempre encuentro lecturas mas ilusionantes. Eso sí, reconozco que el momento es crucial ¿por qué se metió Hitler en ese jardín?¿no sabía que toda la historia militar alemana es una huída de la lucha en los dos frentes?¿ para que quería invadir a la vaca lechera que le daba el petróleo que le hacía falta?¿racismo?¿anticomunismo?¿soberbia estupidez estratégica sin mas? ¿Porqué Japón no atacó nunca a Rusia y Alemania declaró la guerra a USA sin ninguna contrapartida por parte de Japón?¿se imaginan como hubiera acabado el cuento si Alemania, una vez metida la pata al invadir Rusia, y Japón le hubieran aplicado la pinza a Stalin?
    Siempre he pensado que Hitler se debería haber unido a Japón y a Rusia para dominar los imperios coloniales europeos en el medio y lejano oriente así como en Africa (menos mal que no lo hizo).
    La operación Barbarrossa es la guerra de Hitler y la “metida de pata” definitiva de Hitler, lo que le hizo perder la guerra y no llegar al “Reich de los mil años”(afortunadamente).

  7. Una reseña fabulosa Leiva.

    La verdad es que leer a Lukacs es un auténtico gustazo. En mi opinión uno de los mejores narradores sobre los grandes personajes políticos de la SGM. Os recomiendo, sino lo habéis leído, el titulado “Cinco días en Londres”, también editado por Turner. No os dejará indiferentes.

    Un saludo a todos.

  8. Bueno leiva.
    La Operación Barbarroja o para ser más exactos (nombre en clave del ataque sorpresa alemán sobre la URRS), >. La guerra de Hitler contra la URSS tuvo dos facetas, una militar y otra ideológica (en esto último que apunto es dónde creo que está el quid de la cuestión) resolver el dilema estratégico de Alemania y reportar el “lebensraum”. En la guerra ideológica, Hitler presentó a (Barbarroja) con la guerra de exterminio del judaísmo y comunismo. En el Mein Kampf planteaba la destrucción del comunismo y el espacio vital que tendría que ser conquistado en el este, a costa de Polonia y de la URSS. En la Directiva nº 21, de 1940, Hitler promulgó:
    “aplastar a la Rusia soviética (…) incluso antes de la conclusión de la guerra con el Reino Unido”.
    El error alemán (bueno de Hitler) invadir Rusia sin haber resuelto la confrontación con Gran Bretaña lo que le haría tener enfrentamientos simultáneo en el Mediterráneo y en los Balcanes. Sí, la obsesión de Hitler, su idea de crear un gran imperio germanico sobre la base de Rusia fue su perdición. No quiero entrar en detalles militares, sólo diré que los comienzos del ejército alemán fue arrollador y superior a las fuerzas soviéticas, sus causas: eficiencia y experiencia de la Wehrmacht. Algunos historiadores ven sólo el error o u error en la decisón de Hitler de no tomar Moscú y asegurar los flancos de Ucrania y Leningrado, cuando Hitler ordenó la transferencia de la Panzergruppen del general Heiz Guderian del Grupo de Ejército Centro al Grupo de Ejército Sur… pero la historia es así y las obsesiones de los que mandan también… El error de Hitler, vuelvo a comentar en mi modesta opinión, fue -el propio ego obsesivo de Hitler-.
    Por otro lado, en el > también podemos hacer alguna que otra lectura más detenidamente, como la británica, sí, tomo esa dirección hacia el Sr. Churchill y su amada Inglaterra:

    “¿ Habría podido sobrevivir nuestro país si, en lugar de atacar Rusia Hitler hubiera concentrado todo su poderío aéreo contra nuestros puertos comerciales, nuestros depósitos, nuestros estuarios, nuestra navegación costera? (…) Una grave e incontestable pregunta”
    S.W. Roskill, historiador naval británico.

    El Sr. Roskill no va nada desencaminado, todo lo contrario…
    Gran Bretaña habría sido aplastada por Alemania, sino hubiese sido el (factor Rusia) -obsesión de Hitler- que le llevó desde ése mismo momento a perder la guerra, ni antes ni después. Pero volviendo a Hitler, su propia derrota, fue el mismo – pasó de estratégia, táctica, etc., y todo lo que queramos añadir en el plano militar-.
    El > fue el comienzo de la realización de una obsesión compulsiva, la de Hitler, la de un hombre que arrastaba a toda una nación.
    No quiero dejar en el tintero a Stalin, aunque aquí comentaré, bien poco, sólo diré, que este Sr., lo único que quería era ganar tiempo, la URSS no estaba preparada para enfrentarse a la maquinaria bélica de Hitler en un principio, poco a poco se repuso, además en 1941, Alemania tenía otros frentes que la desgastaron más, de ello al igual que el Reino Unido se aprovecharía la URSS. El > hubiese llegado a su cenit (era un trampolín a las pretensiones de Hitler) si se hubiesen despejado las incognitas desde un principio, pero la obsesión (no es el único hombre obsesivo de la Historia) lo impedia y esa fue su derrota, su destrucción.

  9. Yo he descubierto a Lukacs no hace mucho. Recomiendo todos sus libros. El de “Cinco días en Londres” es fabuloso y, como dice Felix, no deja indiferente. “Sangre, sudor y lágrimas” se ocupa de una pequeña parte de lo que ya trata en “Cinco días” y “El duelo” trata del periodo que se extiende entre mayo y julio de 1940, de manera que un amigo de Lukacs le dijo en una ocasión si su próximo libro no se titularía “Cinco horas en Londres”; pero Lukacs considera que con esta trilogía “Churchill-Hitler” ya hay bastante.
    Isidoro, desconocía yo también el debate entre Hillgruber y demás. Bueno, algo sabía, pero nadie me lo había explicado tan bien como Lukacs. En Alemania estas cosas se las toman con seriedad, me parece a mí, sencillamente porque el debate está protagonizado por académicos (y por David Irving, que en mi opinión está un poquillo majareta). Si te interesa el tema Hillgruber, te recomiendo “El Hitler de la Historia”, de Lukacs, libro más complejo que este de Barbarossa.
    En cuanto a la posible antipatía que pueda despertar Hitler o Stalin, efectivamente, no son precisamente seres recomendables para nadie, y es posible que uno prefiera leer cosas sobre gente menos dañina. Incluso es recomendable leer cosas que nada tengan que ver con trincheras, barcos y cimitarras. Dickens es mejor que Lukacs, Turgueniev es mejor que Keegan, Proust es mejor que Beevor. Y me quedo corto. Lukacs ya alerta sobre el obsceno atractivo que despierta la personalidad de Hitler, un tanto ridículo también si se tiene en cuenta que este hombre era todo menos un “monstruo metafísico encarnación del mal absoluto”, y esto, precisamente, era lo que le hace a mi entender más horrible. Ya decía Hannah Arendt que el criminal del siglo XX es el hombre común.
    Otra cuestión sobre las motivaciones de Hitler para invadir la URSS es que no parece ser que le diera demasiada importancia, o una importancia primordial, al famoso Lebensraum o a la guerra contra el comunismo o el judaismo. Digo “importancia primordial”, porque Hitler daba mucha importancia al exterminio de los judíos, en especial a patir de noviembre-diciembre de 1941 en que se dio cuenta de que no podría ganar la guerra como el había querido y a partir de aquel momento decidió que su estrategia sería la siguiente: eliminar a los judíos, como legado para Europa, e intentar por todos los medios dividir a los tres miembros de la coalición aliada, especialmente separando a la URSS de los otros dos. Lo que realmente me ha dejado patidifuso es que Hitler no tenía problemas en negociar con Stalin en 1943; incluso se iniciaron contactos discretos entre diplomáticos -poco antes de Kursk, dicho sea de paso-; Ribentropp se ofreció en septiembre de 1943 a volar a Moscú (Hitler se lo impidió), etcétera. Igualmente hay que decir que los contactos de Himmler con Allen Dulles eran conocidos por Hitler. Otra dificultad para entender a Hitler (entender en el sentido que podemos entender a Napoleón o a Felipe González, por ejemplo) es que los biógrafos han prestado mucha atención a los años de la ascension al poder (1923-1933), pero menos a los años que Lukacs considera cruciales (1938-1941). A partir de 1938 Hitler consideró de pronto que el tiempo iba en su contra, que moriría pronto, y que debía actuar rápidamente para aprovechar su tiempo. Son cuestiones extrañas que determinaron algunos de sus movimientos. Pero, Lukacs insiste mucho en una cosa: lo que Hitler decía en público (incluso en sus famosas conversaciones privadas) y lo que pensaba, y que sólo conocían algunos de sus consejeros y sus generales (especialmente Jodl y Keitel) eran bien diferentes.

  10. Muy buena reseña leiva, el libro bien la merece. Hace al menos un par de años que leí esta obra de John Lukacs, la verdad es cuando lo compré no había leído nada de este autor, así que solamente por alguna breve referencia decidí hacerme con él. Además, el precio era muy asequible y el número de páginas tampoco eran excesivas. Muchas veces las grandes cuestiones tienen explicaciones más sencillas de lo que uno puede imaginar. En este caso, John Lukacs consigue en apenas 150 páginas, creo recordad que ese era el nº aproximado de hojas, responder a una de los hechos más controvertidos de los llevados a cabo por Hitler: el ataque a la URSS. A mí la teoría de Lukacs me parece muy bien fundada: para conseguir su Imperio en el Este primero debía conseguir hacer caer a su máximo rival en esos momentos, G.Bretaña. Si no podía hacerlo derrotando militarmente a los británicos, lo alcanzaría mediante un “golpe indirecto”, derrotando a la URSS, de esta manera Churchill y los suyos se verían abocados a solicitar la paz o arrastra consigo a los estadounidenses, los cuales se mantenían de momento en un estado de neutralidad, aunque la política de Roosevelt se acercaba más a la beligerancia contra el Eje que a otra cosa.

    Del resto de libros que comentáis de Lukacs los he tenido en más de una ocasión en la mano, pero no me he hecho con ninguno de ellos. Creo que esta reseña es un buen empujón para que vayamos haciéndonos con algún que otro ejemplar de tan ilustre historiador.

    Un saludo.

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