Mémoires du géneral baron de Marbot, Marbot

Ma chère femme, mes chers enfants, j’ai assisté, quoique bien jeune encore, à la grande et terrible Révolution de 1789. J’ai vécu sous la Convention et le Directoire. J’ai vu l’Empire. J’ai pris part à ses guerres gigantesques et j’ai failli être écrasé par sa chute. J’ai souvent approché de l’empereur Napoléon. J’ai servi dans l’état-major de cinq de ses plus célèbres maréchaux, Bernadotte, Augereau, Murat, Lannes et Masséna. J’ai connu tous les personnages marquants de cette époque. J’ai subi l’exil en 1815…

Así comienzan las Memorias del barón Jean-Baptiste Antoine Marcellin de Marbot (1782-1854), uno de los soldados más valientes y sinceros de toda la historia de las guerras. Desgraciadamente, tendremos que leerlas en francés, porque, que yo sepa, no han sido traducidas íntegras al castellano nunca. Imperdonable.

Tengo un vivo recuerdo del momento en que me compré, allá por el 2007, los dos volúmenes de las memorias de Marbot, grand sabreur de los húsares del Emperador, en la librería Delamain, en la rue Saint-Honoré de París. Por falta de pasta, años antes había dejado escapar la adquisición de la edición de Plon de 1912 en una preciosa librería de viejo en Lisboa, así que me tuve que conformar con esta reedición de Mercure de France que rinde homenaje a los textos de memorialistas y de personajes de los siglos xviii y xix, entre ellos Saint-Simon, cuyos recuerdos tampoco tienen desperdicio. Curiosamente, al otro lado de la manzana donde se encuentra Delamain (junto con L’arbre à voyager, mi librería preferida en París) está el hotel en el que siempre se alojaba Conan Doyle cuando visitaba la ciudad. Digo curiosamente porque al parecer Doyle se inspiró en las memorias de Marbot para crear a su personaje, el brigadier Gerard. Un servidor no ha sido nunca un fan precisamente de Conan Doyle y de sus libros, pero los de Gerard me parecen especialmente malos y fatuos, faltos de ritmo, llenos de tópicos y literariamente muertos.

Volvamos con Marbot: parece ser que en su testamento, escrito tres semanas antes de su muerte en 1821, Napoleon escribió que animaba al coronel Marbot a continuar “escribiendo para la defensa de la gloria de los ejércitos franceses y para confundir a los calumniadores y apóstatas”. No andaba desencaminado Napoleón al recomendarle esto, pues las memorias de Marbot, publicadas en 1844, se han convertido con el tiempo en una de los más célebres y leídas transmisoras de la leyenda napoléonida. Su estilo fresco, directo, lleno de humor, una capacidad para los detalles y una mente crítica que incluso sorprende en la actualidad, le convierte en algo más que otro testigo de la epopeya de la Grande Armèe. Marbot es el personaje de su propia vida, un héroe ocupado solo de su destino, que hace su educación sentimental e intelectual, romántica, en medio de las cabalgadas, la muerte, las acciones heroicas a menudo sin el más mínimo sentido, las balas que silban, las penalidades de la guerra, de la retirada de 1812, de la guerra en España. Es como un Fabrizio del Dongo stendhaliano pero en verdad. (Por cierto, Marbot y Stendhal son rigurosamente contemporáneos y ambos eran en 1800, en la campaña de Marengo, subtenientes de caballería, Marbot en los húsares, Stendhal –o mejor dicho, Beyle- en los dragones).

Hay muchas cosas interesantes en estas memorias de Marbot. La primera de ellas es que Marbot es un excelente escritor, que es capaz de tomar distancia de los acontecimientos cuando hace falta y que sabe de qué está hablando. Marbot vive durante quince años una tremenda aventura, sin un día de descanso, y es capaz de contarla apasionadamente, sin caer ni en el entusiasmo empalagoso de los que han estado en todos sitios a la hora justa, ni en el escepticismo mal utilizado que pervierte todas las cosas bajo el manto de la tristeza. Como a dicho Jean Doutourd, hay en ellas “une impression de verité violente a chaque page”. Es improbable que en el momento en que se puso a escribirlas la memoria le permitiera reconstruir con tanto detalle todo lo que cuenta, así que seguro que tomó notas, consultó sus carnets y espurgó la correspondencia que mantenía con su esposa y sus amigos durante sus andanzas de una punta a otra de Europa.

La segunda cosa interesante de las Memorias es que Marbot ya se da cuenta, a la altura de 1810, de que las cosas no van demasiado bien. Que Napoléon se ha quedado sin su famoso sexto sentido para ganar batallas, que la aventura en España, el bloqueo británico y la campaña de Rusia van a ser las tumbas del Águila. Los mariscales han engordado y los mejores, como Lannes, se han ido al paraiso de los héroes. Lo que queda es una nobleza de oportunistas y funcionarios incapaces de arriesgar sus rentas y sus pensiones, que seguirán a Napoleón cinco años a regañadientes. En la derrota, podemos leer algunos de los pasajes más brutales de la obra, como el cruce del Beresina. Marbot escribe que el río no era mucho más ancho que la rue Royale delante del ministerio de Marina (¿) y que se perdieron 25.000 hombres por pura gilipollez.

Napoleón nombrará a Marbot general el 17 de junio de 1815, la víspera de Waterloo, donde sufrirá la penúltima de sus doce heridas por una lanza prusiana. La Monarquía invalidará su título, pero luego Luis Felipe le homologará el rango. Marbot será teniente general, barón y par de Francia. En Argelia vivirá su último combate, siendo herido de bala en la rodilla. Morirá a los setenta y dos años.

“¡Que novela la de mi vida!”, exclamó Napoleón. Como muchas otras, incomparables, las que se vivieron entre 1789 y 1815. Veinticinco años extraordinarios, novelescos, durante los cuales todo era posible, los éxitos más imprevistos, las muertes más tremendas. La novela de Marbot, honesta, verdadera, bien escrita, divertida, nos devuelve a aquella aventura.

Salud y buenas lecturas

11 pensamientos en “Mémoires du géneral baron de Marbot, Marbot

  1. Merci bien, monsieur Leiva. Mais je sens qu´elle seulement est écrit en français, tu as compri?. Buena reseña Leiva. Parece muy intersante la vida de este soldado de mil batallas y, aunque peleó junto a Napoleón se le reconoció su mérito y nombró par de Francia. Eso si que es ser un buen soldado que lucha por su patria. Una pena que, por lo que dices, sólo esté en francés. Salut¡

  2. Parfois, il vaut mieux faire un effort pour apprendre des livres français ou dans d’autres langues, parce que je crois, à quelques exceptions honorables, la publication de livres sur l’histoire militaire en Espagne ne sont intéressés aux éditeurs s’ils peuvent gagner gros. Merci pour vos commentaires, Galaico.

  3. Muy interesante las reseñas que nos presentas Leiva, como siempre. No voy a volver a desear que todo lo que hay en las lenguas extranjeras estuviera en castellano, prefiero seguir soñando…..

  4. Marbot estuvo el 2 de mayo en Madrid como enlace entre Murat y las tropas acampadas en las afueras de Madrid, un Madrid que tuvo que recorrer a caballo en plena refriega de manolos y mamelucos. También estuvo en la mas famosa carga de caballería de la epopeya napoleónica: Eylau. Y estuvo en otras y sobrevivió a todas.

  5. Interesante reseña nos traes, leiva; creo haber leído estas memorias, ahora bien, no sé si era la traducción integra.
    Desde luego el que si parece íntegro es Marbot; no se le ve precisamente un “miles gloriosus”. Saludos.

  6. Hola, que tal
    He llegado a esta pagina porque estoy estudiando francés. Lo insólito de esto es que en mis manos poseo un libro muy antiguo escrito en francés. Sobre las memorias del general. Lo he comprado aqui en Chile juntos a otros libros en frances, dos de ellos datan del año 1863, quisiera saber si alguien puede autentificar dicho libro ya que no encuentro fecha en el de impresion, lo que me hace presumir que es de la misma fecha que el anterior, que tengo en frances. si quieren puedo enviar foto.
    gracias

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