Germany and the Second World War, Volumen VI

Con la entrada de Japón en la guerra en Diciembre de 1941 y la consiguiente entrada americana, la guerra Europea-Atlántica se convirtió en un conflicto global, cuyo desenlace estaba claro desde el principio, teniendo en cuenta los recursos de cada grupo de potencias, y la claridad de ideas entre los Aliados resumidas en: “Derrota Total del Eje” y “Primero Alemania”.

El volumen VI del MGFA (Militärgeschichtliche Forschungsamt, u Oficina de investigación de Historia Militar alemana) está escrito para explicar desde el punto de vista alemán cuáles son los mecanismos, las causas, los engranajes que hacen evolucionar la guerra desde el ámbito europeo-atlántico a un contexto global que, desde el mismo momento en que el conflicto adquiere este calificativo, se convierte en una carrera alemana y japonesa contra el tiempo, y cuyas esperanzas de ser ganada se esfuman por completo a finales del 42, principios del 43.

Está dividido en seis grandes partes, cada una a cargo de distintos historiadores: 1) Política y Estrategia 1941-1943: De una guerra Atlántica-Continental la guerra Global. (Horst Boog). 2) La guerra en el Pacífico.(Werner Rahn). 3)La guerra en el mar en el Atlántico y el Ártico (Werner Rahn). 4) La estrategia anglo-americana sobre Europa y la defensa aérea alemana. (Horst Boog). 5) La guerra en el mediterráneo 1942-43: Operaciones en el Norte de África y el Mediterráneo central. (Reinhard Stumpf). Y 6) La guerra contra la Unión Soviética 1942-1943 (Bernd Wegner).

La coherencia con que está escrito este libro, a pesar de contar con distintos autores, es la principal virtud, junto a la erudición desplegada en sus páginas. Y digo coherencia porque en ningún momento los distintos autores pierden de vista ciertos “faros argumentales” que condicionan, y deben condicionar, el hilo argumental: la carrera del Eje contra el tiempo a partir de Diciembre del 41, la disparidad de fuerzas y recursos, la robusta estrategia aliada versus la pantomima estratégica del Eje, la evolución soviética desde Aliado de “segunda clase” a potencia preponderante.

El año de 1941 ve cómo Japón se encuentra entre la espada y la pared: debe decidir si mantiene sus políticas expansionistas y aspiraciones en el sudeste asiático y por ende plantear una confrontación armada con los Estados Unidos, o por el contrario abandonarlas, y con ello tirar por la borda las conquistas conseguidas desde 1931. Pero los japoneses saben que sólo una guerra relámpago contra los Estados Unidos les llevaría a tener alguna posibilidad de victoria. Así lo planean y, nunca antes tan pocas fuerzas consiguieron conquistar tantos territorios. Sorpresa, velocidad, precisión y concentración de fuerzas son las bazas que juegan los japoneses para obtener sus espectaculares logros. Pero dos sangrías les debilitan en gran medida: la primera, la literal, la que les tiene ocupadas a la mayor parte de sus tropas de tierra en China. Y la segunda sangría, lastre, es la disensión existente entre la Marina y el Ejército. Nunca durante el conflicto los japoneses logran una estrategia coherente entre sus cuerpos, dejando las conquistas de las islas como una tarea enteramente de la Marina, concentrándose el Ejército por completo en el continente. Esto lleva a una dispersión de fuerzas que Japón no se puede permitir. Además, cierto es que los japoneses cuentan con una de las Marinas de Guerra más imponentes del planeta, pero no ocurre lo mismo con su marina mercante, de adolece de una escasez de tonelaje que en su momento, según defiende Rahn, es determinante: en un escenario salpicado por miles de islas, donde son necesarios centenares de barcos para transportar materias primas hasta las islas japonesas, donde están las fábricas, para transportar tropas, suministros y materiales de guerra, la falta de transportes y buques de escolta se convertirá en un problema insalvable. Sumado a esto, hay que añadir la guerra sin cuartel a la que los Estados Unidos, que sí son conscientes de este problema japonés, someten con su flota de submarinos a los transportes japoneses, una guerra, Rahn deja caer, igual (sucia o limpia) que la de las Manadas de Lobos en el Atlántico. Si alguna vez hubo ocasión con visos de éxito de colaboración entre Japón y Alemania, se argumenta, esa fue durante 1942 y, defienden los autores, hubiera consistido en un avance japonés desde el sureste asiático hacia el oeste, pasando por India, donde Gran Bretaña tenía serios problemas políticos, y un avance alemán desde el cercano Oriente hacia el este y conectar en algún lugar entre medias. Pero los objetivos de guerra de uno y otro socio son distintos como el agua y el aceite: Alemania quiere un estatus de potencia mundial, un estatus que resida sobre una Europa Germánica, que obtendría a través de una conquista de la Unión Soviética, conquista que le llevaría a poder sostener un conflicto posterior con los Estados Unidos. Japón tenía objetivos más limitados, a ser conseguidos después de una guerra limitada. Después de Guadalcanal, el sueño japonés empieza a desvanecerse.

En 1942 los alemanes ya tienen perdida la guerra en el aire, por lo menos en lo que se refiere a la defensa del continente. Los alemanes desde el primer momento conciben sus fuerzas aéreas como una fuerza ofensiva, destinando la mayor parte de la inversiones al bombardero como arma ofensiva. Los aliados piensan de la misma forma, con diferencias de matices entre americanos y británicos. Pero es la crudeza de la guerra y la multiplicidad de los frentes abiertos por parte alemana la que hace que la balanza se decante aplastantemente hacia el lado aliado: las múltiples necesidades alemanas condicionan el uso de los recursos hacia la producción pura y dura, dejando de lado la investigación, terreno éste que es explotado por aliados hasta tal punto que hacia finales del 42 Alemania prácticamente no puede competir tecnológicamente con los aliados. La Luftwaffe, el orgullo, la punta de lanza tecnológica alemana, “no pasa el test cuando se tiene que enfrentar a otra nación industrializada”.

Del mismo tenor es la situación en el Atlántico: una vez que los alemanes tienen claro que la guerra a los convoys la realizarían con el arma submarina ( rápido y barato de producir), comienza la guerra por el tonelaje: desde el principio es imposible destruir al ritmo que los Estados Unidos construyen. Si a esto le sumamos los avances tecnológicos en materia de radar y otros sistemas sistemas de detección y neutralización de submarinos, el resultado es que después del primer trimestre del 43, la guerra en este frente también está perdida.

El principal problema que se encuentra Rommel en África es que Hitler no lo considera un escenario alemán, sino italiano, y por tanto la prioridad en cuanto a envío de tropas y suministros ya queda sentenciada. Y el segundo es el control indisputado del Mediterráneo por parte británica. Al contrario que en el volumen III del MGFA (donde el historiador encargado es Bernd Stegemann), aquí, Stumpf analiza el hacer de Rommel desde una óptica más indulgente y admirada. Nunca se está cerca de conquistar Malta, que se convierte en un bastión británico formidable, que, por otro lado, al no formar parte de los grandes planes de Hitler, no se busca con la decisión que se tenía que haber buscado. En El Alamein acaba el sueño africano alemán.

El verano de 1942 contempla la segunda ofensiva de verano alemana: Blue. Se parece en pocas cosas a la primera, Barbarroja: se hace en el verano, y poco más. Para empezar, Barbarroja es una de las múltiples opciones estratégicas de 1941. Blue en 1942 no es una opción, es la única opción. Barbarroja es una empresa con el objetivo de destruir a un Ejército y un pueblo. Blue es una operación destinada a conseguir recursos, materias primas para poder plantar cara a los desafíos del futuro. Hitler es consciente de que cada vez tiene menos tiempo hasta que los Estados Unidos estén funcionando a toda máquina, y todas sus expectativas las pone en Blue. Es quizás esta prisa, argumenta Wegner, una de las causas por las que un Hitler nervioso hubiese ordenado en Julio del 42 la división de la ofensiva en dos ramas: Una para el Volga (Grupo Ej B) y otra para el Caúcaso (Grupo Ejér. A), trayendo las tempestuosas consecuencias que ya sabemos. Wegner quiere asímismo dejar muy claro que en su opinión la principal causa del fracaso de Azul fue el optimismo desmesurado compartido por la gran variedad de departamentos y organizaciones alemanas implicadas en la planificación de la operación. Y también busca una causa para este optimismo: la estructura de comunicación entre las distintas autoridades políticas y militares: Sólo la Wehrmacht contaba con una multitud de Estados Mayores y agencias con funciones complementarias y/o solapadas, pero ningún organismo que las coordinara, armonizara los distintos intereses y preparase en consecuencia decisiones conjuntas. Si la “comunicación horizontal” estaba muy limitada a contactos personales y poco más, lo que funcionaba es la “comunicación vertical” , que siempre llega al mismo punto: Hitler. Este estilo de “coordinación” lleva a una carrera entre las distintas autoridades por obtener el favor de Hitler, y para eso no hay mejor forma que regalar el oído con análisis optimistas.

Halder y el Estado Mayor del Heer se dan cuenta en Julio del 42 que Azul no va a tener éxito y Wegner presume que partir de entonces Halder empezaría a tomar decisiones destinadas a forzar su destitución. Hitler mantiene los ojos cerrados hasta Septiembre, que se da cuenta que no hay para dónde tirar: entonces estalla, y provoca la segunda gran crisis de mando en Rusia, después de la de Diciembre del 41: Halder, List son sustituidos. Y el resultado es un séquito y un Estado Mayor todavía más complaciente que antes con Hitler, y un Hitler todavía más poderoso. Quizás las páginas dedicadas a esta parte del libro sean de las más memorables que yo, como aficionado, haya leído sobre el tema.

Creo que no hay reseña que pueda hacer justicia a la calidad de este libro.

  • Hardcover: 1348 pages
  • Publisher: Oxford University Press, USA (November 15, 2001)
  • Language: English
  • ISBN-10: 0198228880
  • ISBN-13: 978-0198228882
  • Product Dimensions: 12.1 x 9.4 x 4.6 inches
  • Shipping Weight: 5.7 pounds

2 pensamientos en “Germany and the Second World War, Volumen VI

  1. Gracias, Leiva. Casi siempre estoy buscando nuevos libros, leyendo reseñas, las novedades de los mejores autores, y no miro a mi biblioteca. Tengo este libro desde 2006, y ahí estaba esperando.

    Por cierto, la reseña la escribí recién acabado el libro, y la verdad es que la hice con prisa, y por eso creo que se me pasó decir que el análisis referente a Stalingrado es lo mejor que he leído sobre el tema, sin duda. Me refiero a análisis en cuanto a toma de decisiones en el más alto nivel, cronología de las mismas y reparto de responsabilidades después del desastre.

    Saludos.

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