Gallipoli, Alan Moorehead

Los Dardanelos separan Europa de Asia. Es un estrecho de unos 50 km de largo y no tienen más de kilómetro y medio de largo en su punto más angosto. Conducen del Mediterráneo al mar interior de Marmara. En la costa noreste, Estambul (Constantinopla, la antigua capital de Bizancio, y en 1915, la del Imperio Otomano) guarda la entrada del Bósforo, aún más estrecho que los Dardanelos, y que conduce al Mar Negro. A partir de la orilla asiática, el Imperio turco se extiende por el Caucaso, el golfo Pérsico y el Mar Rojo. En el curso de la Historia, la posición estratégica de los Dardanelos atrajo siempre a los ejércitos y las armadas. No lejos de allí, en Tracia, los godos aniquilaron al ejército del emperador Valente en el 378, batalla que determinó bien fait la caida del Imperio Romano de Occidente. En Gallipolli habían resistido Ramon Muntaner y sus almogávares después del asesinato de Roger de Flor a manos de los bizantinos, que despertaría la famosa Vengança Catalana. En 1913, por ceñirnos más a la cuestión, los turcos habían rechazado un ataque búlgaro sobre Estambul en una de las varias guerras que preludiaron la catástrofe de 1914-1918. Rusia, por su parte, siempre ambicionó estos estrechos, asegurándose una salida al Mediterráneo y, con la conquista de Constantinopla, arrebatando a los turcos la Segunda Roma, la Bizancio que durante la Edad Media y el Renacimiento permaneció como una meta soñada para tantas cruzadas que quedaron en brillantes planes, pero que nunca fueron realizadas (precisamente, Lepanto, encuentro decisivo que ya reseñé la vez pasada, fue uno de estos proyectos malogrados por la rivalidad entre potencias y la falta de una iniciativa central en la guerra mediterráea). Ni franceses ni británicos estaban dispuestos –ni siquiera en el momento en que Rusia era aliada, en los horribles primeros meses de 1915- a consentir que el Zar pusiera un pie en los Dardanelos.

Debía ser, pues, un buen lector de Herodoto y Jenofonte, un apasionado soñador de empresas arriesgadas, Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, el que diera forma a una expedición a los Dardanelos. En enero de 1915 comienza a perfilarse el plan, que incluirá un bombardeo naval de la escuadra Mediterránea (tan pintorescamente relatado por Mateo Mille) y un desembarco en la península de Gallipoli. Se pretende abrir un frente en Turquía para aliviar la presión que los rusos sufren en el Caucaso y para desbloquear el impasse irritante y sangriento en el frente del Oeste. Desde ese punto de vista, Gallipoli es el único plan realmente original y arriesgado de una guerra que, salvo en teatros más exóticos, se caracterizó por amontonar bajas sobre bajas y transformó el noroeste de Francia en el planeta Marte a fuerza de obuses de gran calibre.

La cosa comienza mal, sin embargo. La flota anglo-francesa no consigue forzar el estrecho y sufre pérdidas importantes. Robeck, jefe de la flota, y el general Sir Ian Hamilton, jefe de las fuerzas terrestres, deciden que hay que desembarcar para realizar de otro modo lo que los colosos de acero no han podido cumplir, es decir, destruir las baterías artilleras turcas. El 25 de abril, día J, las fuerzas aliadas desembarcan en la península de Gallipoli. Les hacen frente cerca de 100.000 soldados turcos, dirigidos por el asesor alemán Liman von Sanders. Comienza una de las batallas más legendarias de la historia de la guerra y una de las carnicerías más espantosas e inútiles: cuando el 9 de enero de 1916 se evacue la cabeza de puente aliada, el ejército otomano contabilizará cerca de 300.000 bajas, entre muertos, heridos o desaparecidos. Los aliados tienen 265.000. La 29ª División británica ha perdido dos veces sus efectivos completos. Los australianos y neozelandeses, los miembros del ANZAC, quizás las fuerza más conocida de la campaña, sufrieron indeciblemente en los inútiles y sangrientos ataques en Anzac Cove, Lone Pine o Lancashire Beach, lugares que han pasado a formar parte de la tradición militar australiana y la identidad nacional de este país. Cada 25 de abril se celebra en Australia el ANZAC Day y en la península de Gallipolli, donde Mustafa Kemal creó un parque nacional para conmemorar la batalla, se encuentra uno de los monumentos más emocionantes y respetuosos del sufrimiento de ambos bandos.

Gallipoli, del australiano Alan Moorehead (1910-1983), es probablemente la obra que mejor ha narrado esta impresionante batalla. Es un clásico de la altura de Un puente lejano o de Los cañones de agosto. No sólo Moorehead es un magnífico escritor, uno de los grandes corresponsales de guerra de la Segunda Guerra Mundial, sino que es también capaz de tratar los múltiples aspectos del combate, desde las decisiones de los estados mayores hasta las trincheras desde las que, con improvisados periscopios, anzacs y turcos se intercambiaban descargas y granadas esperando su suerte. Fresco de una época, de una matanza y de una aventura osada y trágica. La única pega es que no se haya publicado antes en España (la edición inglesa es de 1956) y por eso que la publique ahora Inédita es todo un acontecimiento.

Como escribió John Keegan en su Historia de la primera guerra mundial, desde las ruinas de Troya puede verse en los días claros la impresionante columna de mármol blanco que se levanta en el cabo Helles, la playa W, donde el día 25 los Fusileros de Lancashire fueron diezmados mientras bajaban de las barcazas (“segados como por una cimitarra”). Troya y Gallipoli, dos epopeyas cuyos paralelismos no dejaron de remarcar los oficiales británicos, educados en la tradición clásica, en sus diarios, como el de Rupert Brooke, muerto de septicemia durante la batalla. Es difícil saber cuál de las dos epopeyas habría encontrado Homero más heroica.

Saludos y buenas lecturas.

Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788492400614
Colección:Historia Inédita 
Nº Edición:1ª Inédita Editores
Año de edición:2010
Plaza edición: BARCELONA
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26 pensamientos en “Gallipoli, Alan Moorehead

  1. Aprovechando esta entrada, ¿alguien puede recomendarme un libro «definitivo» sobre la primera guerra mundial? En el mercado hay varios y me gustaría uno que trate el tema con profundidad y de la forma más neutral posible.
    Muchas gracias

  2. La primera guerra mundial, de Michael Howard, y si puedes leer en inglés o francés, La primera guerra mundial, de John Keegan. Pero creo que en Historia los libros definitivos no existen y tampoco los libros neutrales. Estos dos mismos autores prestan más atención al papel de los aliados occidentales. Quizás un libro sobre la Primera Guerra Mundial que no trata de la guerra, sino de aquello que se perdió irremisiblemente con ella sea El mundo de ayer, de Stefan Zweig.

  3. Gracias a los dos.
    Sé que no existen los libros de historia «neutrales» ni definitivos, pero no quiero nada demasiado tendencioso ni partidista. Por ejemplo, ahora mismo estoy leyendo «Las guerras de Napoleón» de Esdaille y destila auténtico menosprecio por Napoleón, demasiado acusado desde mi punto de vista.
    No sé nada de la gran guerra, pero he leído muchísimo de la segunda y hay autores exageradamente pro-aliados. Por eso busco una narración lo más neutral posible, para hacerme una idea global de la gran guerra. Ya vendrán más adelante libros «especializados» como el de esta entrada en el blog.
    De nuevo, gracias por vuestra ayuda.

  4. Pues yo creo que si quieres un libro introductorio, el de Michael Howard es una buena síntesis, y creo que se reseñó también (JF, si no recuerdo mal) otro de un tal Stone. Te recomiendo de todas formas el de Gallipoli porque Moorehead, como ya dije en la reseña, es un gran escritor. Saludos.

  5. Poco se ha hablado hasta ahora del libro en cuestión y de la magnífica reseña, una más, del amigo leiva.
    El libro tengo que reconocer que lo comencé con reservas. Lo que hasta ahora he leído de Moorehead (Trilogía africana y Montgomery) me hacía sospechar de una parcialidad total hacia los británicos, pero una vez metido en faena reconozco que en esta obra no hay parcialidad alguna. El libro es todo un reportaje sobre lo ocurrido y como comenta leiva, recoge todos los aspectos, desde los más insignificantes a los más generalistas. Un gran libro sobre una gran batalla.

  6. Estupendo el que hayas reseñado la publicación (actualmente estoy con su lectura y no puedo opinar en general, pero de lo que llevo leído es muy interesante e ilustrativo). Es una batalla que conozco de otras obras y es la que más me ha interesado siempre de la I Guerra Mundial. Uno de los mayores desastres del Imperio británico en su historia, y su mayor artífice: Churchill.
    Recientemente he podido leer otra vez sobre la batalla de los Dardanelos en el capítulo IV. El cementerio de los acorazados (Los Dardanelos) de la obra «Historia Naval de la Gran Guerra» de Mateo Mille, y bueno interesantísimo, aunque claro se centra mayormente y como es evidente en lo naval… El libro que tú has resñado es otra historia… pero comentándote lo poco que he leído hasta el momento, te diré que me ha parecido muy pintoresco la expresión de la página 31, qué dice: «Deutschland über Alles»- Alemania por encima de todo. «Deutschland über Allah» -Alemania por encima de Alá. (No tiene desperdicio de lo descriptiva que es). Por otro lado, en la pág. 41, se menciona la Batalla de La Coruña, Sir John Moore. En 1807 cuando Napoleón avanzaba por el este, los rusos habían solicitado ayuda contra Turquía y los británicos enviaron aun escuadrón naval hacía los Dardanelos el cual destruyó un escuadrón turco, pero al final se ‘quedaría en nada’ además los ingleses en su retorno por los estrechos tuvieron 150 bajas. Sí, tomar los Dardanelos había cautivado a los estrategas británicos durante al menos un siglo, como dice la publicación.
    El capítulo II hace un comentario de por qué se toma la decisión de atacar Turquía en los Dardanelos -argumentos de Churchill-
    Fisher se puso en contra pero después claudicaría…
    Como un avance en la obra, he leido el capítulo XVI en él menciona una nota donde Churchill le dice a Monro:
    «Recuerde que una retirada de Gallipoli sería un desastre tan grande cómo el de La Coruña»
    Hay que ver, estos ingleses como se acuerdan (aunque escriben poco en sus obras) de los desastres a manos de los españoles…
    Está claro que Churchill, es el responsable de el desatre británico en Gallipolí, el y algunos jefes militares subestimaron a los turcos (que tenian apoyo de los alemanes)… les costaría caro.
    Veo que en tú reseña no mencionas a los franceses, los franceses dejaron muchas vidas en Gallipoli, más que australianos y neozelandeses juntos. Muchas veces parece que son los gran olvidados de Gallipoli, y hay que recordarlo, ellos también dejaron allí su sangre además de los turcos y algunos alemanes.
    Bueno, que el libro me va gustando mucho y su autor Moorehead, observo que es muy competente, los detalles como los que mencionado lo demuestran.

    PD: Qué suerte tuvistes al leer el libro en la mili, aunque fuera en inglés…

    Un saludo.

  7. Hola, JF, efectivamente los franceses lucharon también en Gallipoli, y sufrieron muchas bajas, unas 10.000, mientras que las de los australianos y neozelandeses fueron de 7.300 para los primeros y de 2.400 para los segundos, es decir, 9.700. Todo esto, naturalmente, son cifras redondas y tan anónimas que suena terrible contar así. También murieron muchos hindúes, que esos sí que son los más olvidados de todos y que, al igual que las fuerzas indígenas de todos las potencias coloniales (incluyendo en esto a España) no han tenido nunca la atención que merecen. Es curioso que, como dice Gabriel Cardona, muchos de los marroquíes que llegan ahora a España son los nietos probalemente de los «moros» que lucharon con el ejército nacional o incluso antes en África contra los españoles o en sus filas. Mi abuelo cayó prisionero durante la guerra de los regulares, que, aparte de quitarle el reloj, no le hicieron nada más. Otra cosa bien diferente fueron los falangistas.
    Recientemente, en la revista francesa Vae Victis, dedicada a los wargames, y ante la oleada de racismo de los Le Pen y otros mastines similares, se reivindicaba a las tropas indígenas -senegaleses, argelinos, etcétera- en las guerras del Imperio francés. Ellos también murieron por Francia (mientras que Le Pen sólo perdió un ojo, supongo que descorchando champán en la retaguardia). Hay que recordar que el primer día de Verdún, el alud de fuego alemán cayó sobre una división colonial, al mando de Mangin, que quedó prácticamente deshecha, pero cuyo sacrificio -es decir, exterminio- dio un cierto respito a los franceses para aguantar el ataque alemán. Se habla mucho de los taxis del Marne, pero nada de los zuavos, los tiralleurs y los senegalais que lucharon a cientos de kilómetros de sus casas por un poder que, al fin y al cabo, les consideraba poco menos que mulas de carga (basta leer los terribles comics de Tardi sobre la guerra de las trincheras).
    Por cierto que, por lo que leí hace tiempo -y quizás Mañes o tú mismo puedes aclaralo-, parece ser que en las fuerzas de la Legión Extranjera que pelaron en los Dardanelos o en Salónica, había muchos catalanes, que se habían alistado en la Legión porque eran aliadófilos y porque Joffre era rosellonés y habia gran simpatía por este jefe francés en Catalunya. Pero la verdad es que hablo un poco de oidas.
    Los desastres militares son un gran tema. Yo sueño con escribir algún día algo sobre las retiradas, que es un tema que no ha sido tratado demasiado. ¿Cuáles son las retiradas más fantásticas de la historia militar? Leí en un libro reciente, precisamente de un autor español, que la retirada final de Gallipoli sirvió de modelo a Urquart para su retirada a través del Rin en 1944, después de la catástrofe de Arnhem. En cuanto a Gallipoli -al plan, no a la campaña-, no me parece especialmente chapucero. Es sencillo: como fracasó, lo consideramos una castaña, pero eso vale para otras operaciones, Market-Garden, por ejemplo, era un diseño personal de Monty, pero no era diferente del ataque alemán a Holanda en 1940. Uno se fue al garete y otro triunfó, pero no por eso Monty dejó de ser un gran comandante (con el ego de una división panzer, eso sí, pero un gran comandante). Otro ejemplo es la retirada de La Coruña: los ingleses y La Romana, salvaron su ejército. Si Soult no se hubiera dedicado a hacer el idiota y a pensar que era mejor maniobrador que Napo quizás les hubieran atrapado. La Armada de 1588 tenía posibilidades -el mismo Parker opina que podía haber conquistado Inglaterra, y Farnesio no lo consideraba descabellado. ¡incluso sin la Armada!-, pero fracasó -como lo hizo Drake años después- y ha quedado como fiasco. Pero los fiascos, como las victorias, reflejan muy bien la mentalidad social del momento. Son interesantes. Ya no me enrollo más. Que disfrutes con la lectura de Moorehead y si lo consigues, no te pierdas el de El Nilo blanco, sobre las exploraciones en África, del mismo autor, que es una auténtica gozada.

  8. Hay un libro generalista y aséptico sobre la I Guerra Mundial de editorial Susaeta titulado «Atlas de la Iª guerra mundial» que es básico y está muy bien ilustrado con imágenes y gráficos. Del mismo estilo e intención pero mas cara es el de Wilmott, «La primera guerra mundial», editado por Inédita que está editado en tapa dura y es bastante mas caro que el otro.
    Respecto a Gallípoli mas allá de la película de Peter Weir y la simbología Anzac de la misma hay un libro de Geoffrey de Reagan titulado «Historia de la incompetencia militar» que habla de esta batalla como ejemplo de una buena idea (abrir un segundo frente en el bajo vientre de la Triple Alianza) torpemente desarrollada y, una vez destapado el efecto sorpresa, estúpidamente mantenida en el tiempo con resultado de un gran número de muertes inútiles.
    Lo mejor de esta campaña fue la retirada de las tropas aliadas y el descubrimiento de un líder militar turco, Mustaphá Kemal «Attaturk», que acabó disolviendo el decadente sultanato.
    Es curioso que Churchill, 30 años después y ya en la IIGM, volviese a insistir en crear el segundo frente en Grecia en lugar de desembarcar en Francia o en Italia que es lo querían sus generales (ingleses y americanos).

  9. Gallipoli no era una mala idea en sí. El problema fue ante todo de ejecución y no por parte de las sacrificadas tropas sino de sus generales.
    La consecución de los objetivos pudo realizar con más o menos facilidad de haber tenido más la energía de Mustaphá Kemal, y no la lentitud y falta de miras de la que hicieron gala en Suvla, Achi Baba,…
    Obviamente los turcos eran, desde la perspectiva británica, un enemigo de tercera provocando los errores diplomáticos y militares que llevaron al fiasco; y por carambola estratégica al futuro derrumbe de la Rusia zarista.

  10. un desastre en toda regla, en el que como casi siempre los britanicos pretendieron obtener ventajas particulares utilizando a todo el mundo menos a los britanicos. el gran juego de nuevo, el ultimo coletazo del imperio, despues solo quedo la decadencia. Churchill quiso forzar el paso de dardanelos y ganar una batalla naval en tierra

  11. Efectivamente, fue un desastre, como la gran mayoría de las batallas de la guerra libradas por todos los bandos, no sólo por los aliados. Los alemanes también obraron con una estupidez sobresaliente, incluyendo a los genios Hindenburg y Ludendorf, y al káiser, que era poco menos que un deficiente mental. Los alemanes ya inauguraron toda la serie de atrocidades despreciables que les harían tan célebres en la Segunda Guerra Mundial. Pero eso no quita que el plan fuera osado e imaginativo, probablemente el único durante la contienda de estas características. En cuanto a que los británicos utilizaron a todo el mundo menos a los británicos, es falso: durante la batalla, los británicos tuvieron 25.000 bajas durante la batalla; el resto de países, sumando las suyas, no iguala sus pérdidas. La única decadencia que veo es la de los poderes centrales: Gran Bretaña siguió siendo una potencia democrática (aunque con sus matices, claro); en cambio Alemania perdió la guerra, acunó a Hitler y se hizo cómplice de uno de los más horribles crímenes que se ha visto en la Historia.

  12. Efectivamente, leiva, «voluntaris catalans» (en su conjunto voluntarios españoles) se alistaron a la Legión Extanjera Francesa: la condición de extranjeros no le permitía alistarse en el ejercito regular francés, sólo les quedaba la legión. Los catalanes eran «francófilos» en la Gran Guerra, estos serían desplegados en el Ejercito de Oriente…; pero no eran tantos los catalanes… al final la leyenda se instala también aquí. Es verdad el general Joseph Joffre:
    «Havia nascut a Ribesaltes (Rosselló), zona reconeguda pels catalanistas més intransigens com un dels territoris irredempts de Catalunya» (Quaranta anys d’advocat. Historia del meu temps), Amadeu Hurtado.
    Está claro, su procedencia influyó a los catalanes del otro lado de los Pirineos, pero Joffre era más papista que el Papa, o sea francés hasta la medula… de catalán nada, su procedencia y antepasados no contaba nada, en todo caso más occitano, hasta el apellido Joffre es una forma limosina y no catalana ,y en última instancia lo que mandaba era Francia. No sé si has tenido ocasión o conoces la publicación: «Els voluntaris catalans a la Gran Guerra (1914-1918)» del historiador David Martínez, sino lo has leído te lo recomiendo y si lo conoces me alegro, es una obra magnifica.
    Claro que sí, Tardi lo deja bien claro en sus obras (es uno de mis autores preferidos en el Noveno Arte). No, si está claro que en esos olvidados (hablando de la I GM en general) se encuentran nacionalidades africanas y asiáticas de aquellas colonias inglesas y francesas; por parte de Francia, sirva como ejemplo: se reclutaria a los pintorescos tonquineses que entre otras cosas serían los encargados de de excavar fosas comunes en el Frente de Europa.
    Gallípoli no es que fuera mala idea o mal plan, sino que fue uno de los mayores desatres de la historia militar británica, los culpables (se habla mucho de los militares) fueron los políticos (Churchill, el primero), por insistente injerencia política en decisiones militares, planteamientos y conducción de las operaciones… De lo que habláis de decadencia, sí, Gran Bretaña perdería la condición de imperio a la conclusión de la II GM incluso antes, se quedaría hasta el día de hoy, como potencia democrática y nada más; su lugar lo ocuparía en condición de imperio los USA. Por otro lado, algo evidente es que Alemania le hubiese ganado la guerra a Gran Bretaña con su ‘compañera’ Francia en la Gran Guerra e incluso en la II GM sino es por la ayuda y poder del imperio que emergía: los USA, entre otras cosas
    Volviendo al hilo de Gallípoli y como idea propia de la batalla y teniendo mucha imaginación… si se me permite considero que la Batalla de Gallípoli o de los Dardanelos tiene mucha similitud, con la guerra de la Oreja de Jenkins (salvando las distancias):

    -Una flota enorme, la de Vernon; la segunda en comparación con la flota del desembarco de Normandía. La que se presentó en los Dardanelos era grande.
    -Los aliados subestimaron a las fuerzas turcas apoyadas por Alemania, al igual que haría Vernon (Inglaterra) con Blas de Lezo y los españoles en Cartagena de Indias.
    -Los aliados tuvieron que abandonar ante el fracaso y tanta muerte inutil (un ataque naval contra un ejército, contra artillería o baterias de costa y un asalto a una parte de la Península de Gallípoli) los ingleses en Cartagena de Indias les pasaría algo parecido.
    -La retirada, bueno los aliados se tuvieron que ir con el rabo entre las patas y en silencio ¡patético!. Los Ingleses en Cartagena de Indias ante los españoles les pasaria algo parecido.

    Dejando la imaginación… y hablando de retiradas, bueno la ejecución militar fue excelente en la retirada de las tropas en Gallípoli, pero hubo algo más: lo político. Si, pues se debió al ‘factor serbio’, a finales de 1915, Berlin y Viena tenían el respaldo de Bulgaria que al deshacer los ejércitos serbios… a los aliados les entró el ‘pánico zonal’ decidieron el reembarco y una parte de las tropas de los Dardanelos fue a parar a Salónica (Grecia), sino se hubiesen producido esos hechos, habría continuado por más tiempo la carniceria en Gallípoli… aunque bueno, la carniceria se movía de un sitio a otro (en las Gran Guerra estaban obsesivos con la guerra de trincheras). Y como ‘descubrimiento’, bueno Kemal no fue lo único como novedad, pues la Batalla de los Dardanelos, puso las bases de las operaciones anfibias las cuales serían tan famosas en la Segunda Guerra Mundial.
    Sí, los fracasos, las retiradas y demás están ahí presentes en la historia, y mira que se ha escrito poco. Si tienes intención de escribir, ánimo, no lo dejes… (no subestimes al tiempo) pues al final te come

    ¡Saludos!

  13. Muchas gracias por la información. Efectivamente, Joffre, como megamariscal de la France era antes francés que catalán, claro. Lo de Gallipolli tuvo ese final, efectivamente, debido a la «variación búlgara», por decirlo de alguna forma. Y Salónica iba a ser otro tejemaneje impresionante que no ha merecido tanta atención a mi entender. En cuanto a las operaciones anfibias, baste recordar la de Alhucemas, que se parece en los medios a la de Gallipoli.
    Por lo que respecta a escribir, gracias por los ánimos y saludos.

  14. Muy ilustrativos todos los comentarios; no sabía lo de tantos voluntarios hispanos en el E. francés; ¿se saben cifras exactas?

    España, con Alfonso XIII a la cabeza, era mayoritariamente aliadófila, si no estoy mal informado -aunque personas notables, como Pío Baroja, eran germanófilos. Creo que el rey incluso se planteó enviar una división expedicionaria al frente occidental como hizo Portugal ¿no?
    Lo de Salónica ¿no fue una coacción descarada a Grecia para que se uniese a los Aliados?
    Saludos

  15. Los voluntarios españoles apenas superaron el millar de media de efectivos constantes durante la IGM, todos en la Legión Extranjera. Los hubo, lógicamente, en el batallón de la Legión del Regimiento de Marcha de África destinado a Gallipoli. Existe una referencia literaria de ellos, en Salónica, en el libro de Blasco Ibañez, «Mare Nostrum». Realmente la presencia de voluntarios catalanes se exageró bastante …

    Un cordial saludo.

  16. En cuanto a cifras, Tasos, hay muchos números que circulan por ahí, incluido Internet, pero todo ello son datos que no están contrastados ni documentados. De los voluntarios se ha llegado ha decir hasta la cifra de 20000, de ellos 10000 catalanes -mucha exageración y leyenda es lo que hay- . Los españoles que estuvieron en la Gran Guerra llegarían a unos 2000, de estos aproximadamente 1000 serían catalanes. Me baso en fuentes como la del historiador David Martínez. Efectivamente, España estaba dividida en Aliadófilos y germanófilos, Alfonso XIII jugaba con dos barajas, él quería ser mediador en el conflicto, por otro lado el rey se volcó (1914-1918) en una empresa humanitaria de labor asistencial y compensadora en los países en guerra. En cuanto a Grecia, país neutral y bastante débil, efectivamente, una coacción, pero yo lo llamaría más bien, una violación en toda regla por la presencia de tropas francesas y británicas procedentes de Francia y Gallípoli. El ejército Aliado contaría con 600000 hombres en la zona.

    Saludos.

  17. Acabo de leer el libro de Moorehead sobre la campaña de Gallípoli y la verdad es que es un libro que hay que leer para saber los porqués y los comos de esta campaña.
    El libro describe el mundo de los «jóvenes turcos» y del Cabinet war inglés a la hora de plantear una incursión contra el imperio turco antes de que Bulgaria se aliara con los imperios centrales. Hay que resaltar la importancia de Lord Kitchener en la decisión militar inglesa por encima de consejeros y consejos militares. Moorehead describe el método de trabajo común entre el Lord del Almirantazgo, Churchill, y el Almirante Fisher que era el marino inglés con mas prestigio de la época.
    En el libro hay un desarrollo importante de las acciones navales y submarinas inglesas en el estrecho de los Dardanelos y el mar de Mármara. El tema submarinos es muy interesante puesto que son las primeras acciones de guerra de esta novedosa arma.
    Desde abril de 1915 a enero de 1916 se abre esta campaña que se cierra con la retirada de las fuerzas aliadas hacia Egipto y las islas del mar Egeo. El autor va desde las macrodecisiones estratégicas tomadas por los generales hasta las insufribles moscas que acosan a los soldados en el tórrido verano que pasan en las playas de Suvla o en los acantilados de Anzac bay. Aunque toma mayor importancia la descripción de la situación de la batalla desde el punto de vista de los aliados también recoge la acción desde el punto de vista turco con sus conflictos entre generales o la fuerza de carácter que muestra Mustaphá Kemal ante el desembarco de Suvla el 6 de agosto y que salva la campaña para los turcos. A pesar de ser anglosajón nos describe la indecisión y la incompetencia del mando táctico aliado en el campo de batalla.
    Lo mejor del libro es la astuta retirada que realizan los aliados engañando a los turcos por completo y reembarcando de noche a la totalidad de los 80.000 efectivos sin que los turcos se dieran cuenta en ningún momento de la operación de engaño.
    Al editor tengo que achacarle que no ponga índice de capítulos y que en la parte de la bibliografía se limite a copiar la usada por Moorehead en 1956 en la que solo constan libros en inglés del periodo de entreguerras sin ninguna opción para el lector español. Los mapas se nota que son de los años 50, menos el primero, pero sirven bien a la tarea de localizar espacialmente la toponimia turca de la campaña.

  18. Los asiduos del foro saben sobradamente que, como editor, no acostumbro a hacer comentarios a las entradas relacionadas con los libros que publico.
    En esta ocasión, simplemente quiero hacer un par de puntualizaciones a Vicent. Por una parte, creo que carece de sentido insertar un índice de capítulos cuando estos no tienen título. Por otra parte, en lo relativo a la bibliografía, apostamos por mantener la utilizada por Moorehead (ni siquiera pudimos incluir una referencia a ediciones españolas de los títulos citados porque, de existir, no han podido ser localizadas). El asunto puede ser objeto de largo debate. Habrá quienes apuesten por mantener el criterio utilizado por el autor y otros por actualizar la bibliografía. En este caso nosotros seguimos el primero porque pensamos que debíamos ser fieles a las fuentes utilizadas por el autor. En lo referente a los mapas, utilizamos los originales, pero pensamos que sería conveniente apoyarlos por otro que permitiese una mejor ubicación de los hechos.

  19. Después de estos últimos comentarios que se han vertido, quisiera comentar lo siguiente si se me permite:

    Es estupendo que se hayan añadido páginas con fotografías, 16 en total, algunas son muy ilustrativas, como las que muestran a los soldados británicos bañandose en las aguas del Cabo Helles o las posiciones de la fuerza de ANZAC en los acantilados.

    Creo que hubiera sido apropiado un apartado de «notas», pues 96 que se apuntan tanto del autor, como del editor y traductor son más que suficientes. El apartado hubiese ayudado más al lector.
    Ya que las notas tienen la misión de aclarar o ilustrarnos mucho más, observo que algunas notas (la mayoría te ayudan) carecen de una explicación. Por ejemplo: yardas, galones, de ellas te da una equivalencia en centímetros o en litros; sin embargo de pulgadas, pies y millas no hay equivalencia. Para aquellos que no estan familiarizados con las medidas anglosajonas, les habría ayudado más, sin necesidad de ir a un diccionario por ejemplo.
    En cuanto a grados de temperatura, bien menciona los grados centígrados en la equivalencia, sin embargo no menciona la denominación anglosajona:
    «…En julio, el calor había llegado a unos estables ochenta y cuatro grados en la sombra…» (nota 57).

    La nota de la pág. 187 (bueno aquí se puede sobre entender) indica: P.M. mencionando que es «Prime Minister», esto es Primer Ministro. Bueno esa denominación o equivalencia es muy inglesa, pero nada española… lo mismo que en los rangos militares se esfuerzan las notas para dar una explicación aproximada en su equivalencia en español, aquí también lo podía haber realizado…

    Por otro lado, la página 199, la (nota 46) se refiere a una referencia bíblica que hace del libro de Levítico 7: 1-10; «… y la grasa que lo cubre…» que indica en inglés, en el original; sin embargo no da la explicación, cómo si lo hace de su compañera la (nota 47).

    Bueno, un -índice analítico- hubiese realizado «maravillas»…

    Son pequeños ejemplos de detallitos que igual y seguro que no tiene mucha importancia… Por lo demás tengo que decir que la obra me ha gustado mucho: es ¡excelente!.

    Si se ha querido dejar la obra lo más aproximado a como la concibió Moorehead ¡estupendo! será más genuina…

    Saludos.

  20. Estoy de lleno metido en su lectura y de momento lo que parece claro es que esta campaña vuelve a demostrar que solamente con el poderío naval no era suficiente para derrotar a los turcos en Gallipoli. Al final es la infantería la que debe completar la campaña y poner los muertos para conseguir los objetivos tácticos. Avanzar y resistir….estamos en la Primera Guerra Mundial.

    Saludos.

  21. Me ha encantado el libro, al final, como he comentado anteriormente, es la infantería la que acaba una vez más poniendo los muertos. La acción naval no pudo acabar con la fuerte resistencia turca en la península y el plan de Churchill se fue al garete. Este libro, a pesar de los años pasados desde su inicial publicación, engancha prácticamente desde la primera página. Al final la batalla vuelve a plantearse mediante trincheras, avances y retrocesos ante la dura resistencia de ambos bandos, pero en este combate se dan otros condicionantes que la hacen muy atractiva para el lector. Por una parte, el inicial intento naval de rendir Gallipoli, por otra, la implicación de los submarinos le dan un toque diferente siendo ésta una batalla al fin y al cabo terrestre, a esto hay que sumar la acción de desembarco, el posterior y final reembarco, etc…

    En definitiva, un excelente libro con el que he disfrutado enormemente con su lectura. Totalmente recomendable.

    Un saludo.

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