Especial 70º aniversario de Pearl Harbor

Hoy estamos de rebajas en la sección de librería, dos por uno; trataremos “Pearl Harbour” de A.J. Barker (Ed. San Martín, Hª del siglo de la violencia, col. Batallas nº 1) y “El día de la infamia” de Carl Smith (RBA coleccionables SA, Osprey publishing).

Convengamos previamente que el mejor libro editado en nuestro idioma sobre el tema es el del francés Jean-Jacques Antier (Pearl Harbor. Drama en el Pacífico. Ed. Salvat 2001) que también ha visto publicado en la editorial Inédita su más que aceptable volumen La batalla de Leyte. Desgraciadamente conseguirlo es harto difícil.

Así mismo, si lo que uno desea es adentrarse en el mundo de la criptografía y el peso que tuvo en el affaire Pearl Harbour, es de obligada necesidad hacerse con un ejemplar de El sello roto de Ladislas Farago (Ed. Bruguera 1967).
Bien, entonces, centrándonos en los libros que nos ocupan, hay que decir que son complementarios; se pueden leer independientemente o en conjunto. Me explico, el Osprey se centra en las dos oleadas de ataque a Oahu pasando de puntillas por todo lo demás. La narración es pormenorizada y casi sabemos quién hace qué, dónde estaba en cada momento y qué material utilizaba para ello. El aspecto gráfico es magnífico (aunque una lupa para los que tenemos problemas de vista es necesaria en algún momento).

El de Barker (pese a su insistencia en cambiarle el nombre al Akagi por Agaki) es más completo, no es tan pormenorizado durante el ataque, pero proporciona una perspectiva más amplia. Nos cuenta el desarrollo de las relaciones diplomáticas, los pormenores del proyecto criptográfico Magic/Purple (es decir, el desciframiento del código de encriptación del cuerpo diplomático nipón y la distribución de las copias desencriptadas), el cambio de la estrategia japonesa en caso de conflicto con los Estados Unidos (de la batalla decisiva en los alrededores de Midway entre las dos flotas al ataque preventivo-sorpresivo en Pearl Harbour, el famoso Plan Z que no Plan Hawái como dice Smith) y del peso de Isoroku Yamamoto en la decisión, así como de varios aspectos más.

En definitiva, si sólo interesa el aspecto militar, acudid al Osprey; si queréis más, al San Martín.
En este último sólo echo en falta que hable un poco del posterior ataque japonés a las Filipinas y de cómo pilló a MacArthur con los pantalones bajados.

Los amantes de las conspiraciones quedarán igualmente contentos y desilusionados al leer cómo se ignoraron una tras otra las señales del ataque nipón, la destitución del almirante Richardson que precedió a Kimmel al mando de la flota del Pacífico por su actitud crítica a mantenerla en Pearl Harbour, cómo el telegrama que avisaba de un posible ataque se enviaba por una compañía civil de un modo ordinario (no urgente). Y, por el otro lado, al ver que la Flota estaba en puerto por decisión de Kimmel al no contar con la protección aérea de los portaviones y considerar que en puerto obtendrían una mayor seguridad, que si se hubiera lanzado una tercera oleada (que insistentemente pidieron Genda y Fuchida) hubieran localizado al Enterprise volviendo de su misión de trasporte de aviones a Wake pero que el incompetente de Nagumo la desestimó (¿Yamamoto la hubiera lanzado si se hubiera encontrado al mando directo?), y que si la Flota Combinada (Kido Butai) japonesa hubiera seguido la ruta sur de vuelta a Japón, otra vez desestimada por Nagumo, hubiera topado con el Lexington volviendo de Midway.

En suma, un tema muy interesante, unos libros amenos y correctos en función de sus objetivos y un misterio que no parece que se desvele con el paso de los años. Un buen material para un what if…

Título: Pearl Harbour.
Subtítulo: Batallas Nº 1.
Autor: A.J. Barker.
Editorial; San Martín.
Notas: 160p. R. f. b/n. 205×135.
Fecha de Edición: 1975.

Título: El día de la infamia.
Subtítulo: Pearl Harbor, diciembre de 1941.
Autor: Carl Smith.
Editorial; RBA coleccionables.
Notas: 96p. R. f. color.
Fecha de Edición: 2007.

12 pensamientos en “Especial 70º aniversario de Pearl Harbor

  1. Supongo que aprovechando el tirón navideño y el aniversario del hecho alguien aprovechará a reeditar algún libro, el de Antier por ejemplo.
    En cuanto a la famosa “tercera ola” parece que nunca estuvo planeada; Fuchida la mencionó, después de la guerra, para darse bombo, pero Genda negó que ese hecho hubiera sucedido.
    Así, el libro de Prange “At Dawn We Slept: The Untold Story of Pearl Harbor” ha quedado algo desfasado, aunque sigue siendo el “clásico” sobre el tema.

  2. Buena fecha, y buen aniversario. Pensándolo despacio, realmente hace muy poco tiempo, 70 años no es mucho y habrá mucho veterano vivo aun. Qué lejos y qué cerca……..

  3. Sin embargo, toda la historiografía que he consultado dice que, Fuchida, como oficial al mando del ataque, solicitó esa tercera oleada de ataque, que se lo propuso a Minoru Genda y que éste lo trasladó a Nagumo, el cual se negó a lanzarlo al considerar que se habían cumplido la mayoría de los objetivos de la misión.
    Sí es cierto que no estaba planificado, pero Fuchida tenía la potestad de solicitarlo ateniéndose a las circunstancias.
    Saludos.

  4. Según mis fuentes, incluso Yamaguchi era partidario de lanzar ese tercer ataque que destruiría las instalaciones portuarias y lo que, posiblemente, habría hecho detectar uno de los portaaviones norteamericanos.
    Saludos.

  5. Hum, es dificil decirlo, creo que Chuichi Nagumo sencillamente no reunía los requisitos necesarios para mandar las divisiones de portaaviones. El procedía de las torpederas y, creo, gobernar capital ships le venía grande.
    No obstante, no sólo hay que echarle la culpa a Nagumo; Kusaka, su jefe de Estado Mayor, al que consultó tras la propuesta de Fuchida (¡ojo!, Fuchida le comentó que habían sido identificados, por un par de pilotos propios, varios aviones procedentes de uno o dos portaaviones norteamericanos), estuvo de acuerdo en regresar a Japón.
    También Yamamoto se desentendió de la tercera oleada, dejando en manos del oficial sobre el terreno la decisión final (algo apropiado y lógico, aunque fatal para el futuro).
    Nagumo tomó su decisión no sólo por el hecho de haber conseguido su objetivo (o buena parte de los mismos), si no por qué lanzar una tercera oleada habría supuesto que los aviones regrasarán de noche, por lo cual se hubieran perdido bastantes.
    Sin embargo (como ves hay un montón de argumentos a tener en cuenta), el ataque lo hubieran llevado sólo bombarderos de altura, minimizando bajos por fuego antiaéreo y las ventajas habrían compensado las mismas; destruir las instalaciones (depósitos al aire libre de combustible tanto de aviación, muy volátil, como naval, el único dique seco del Pacífico central, etc.).
    Como digo, a Nagumo le faltaba el espíritu arriesgado/aventurero que el nuevo arma exigía; su indecisión en Midway y su negativa a bombardear Midway en la ruta de vuelta en diciembre de 1941 nos muestran a un almirante más preocupado en minimizar riesgos que en asumirlos a cambio de mayores beneficios.
    Dos apuntes; El Soryu (creo que era ese kokubokan) informó estar preparado para lanzar una tercera oleada poco después de que apontara la segunda, por tanto, no sólo Fuchida se lo planteaba.
    Yamamoto, en Midway, no tomó como buque insignia el Akagi (como debería haber hecho si realmente era tan innovador) si no en el superacorazado Yamato, si no que, para colmo, estaba en una fuerza distinta de los portaaviones, alejado de la toma de decisiones (esto lo planteo por qué hay muchos defensores de que, si Yamamoto hubiera comandado la fuerza Z de ataque a Pearl Harbour, se habría llevado a cabo la tercera oleada).

    Es dificil valorar las cosas cuando se desconoce el nivel de información que tenían los japoneses en ese momento, sin embargo, si te lo juegas todo a una carta (y Yamamoto lo hizo poniendo su cargo sobre el tapete si no se aceptaba su plan Z), deberías adoptar todos los riesgos que sean necesarios.
    Es irónico pensar que Nagumo estaba convencido de perder dos portaaviones en la operación, y no asumir los riesgos necesarios para eliminar las instalaciones de Pearl Harbor y obligar a los norteamericanos a basar su flota en la costa occidental.
    Saludos.

  6. De todos modos aunque hubiesen lanzado la 3ª oleada, destruido instalaciones y hundido dos portaaviones, sospecho que no habrían ganado más que unos meses de ventaja en el desarrollo de la guerra, que a la larga hubiera ganado igual EEUU, eso sí, con más costes humanos, económicos, etc. ¿no te parece?

  7. Sí, en eso no creo que haya la menor duda; Yamamoto pretendía buscar una paz negociada merced a una posición de ventaja, pero no parece probable que los norteamericanos hubieran accedido a ello, y menos tal y cómo se desarrolló el ataque (pese a los intentos nipones, por sorpresa).
    Saludos.

  8. ja ja ja
    Ahí está el quid de la cuestión; habían roto el código Magic, el usado por la diplomacia nipona (el código de los Almirantes, el JN-25 se rompería poco antes de Midway).
    Información suficiente tenían para sospechar que el ataque sería ahí.
    Información de que la guerra era segura, también tenían; se había marcado como fecha de no retorno el 29 de noviembre respecto a las negociaciones de paz, pasada la cual, la diplomacia sería una cortina de humo.
    Que Roosevelt necesitaba ser atacado para aglutinar al país y que este olvidará su promesa de que los hijos de norteamerica no morirían en suelo extranjero (sólo si eran previamente atacados) era un hecho.
    Que se ignoró cada una de las señales que avisaban del ataque, así como que se cesó a los mandos que se opusieron a la presencia de la flota en PearlHarbor por ser una posición demasiado expuesta e indefendible, es otro hecho.
    Pero la presencia del Lexington y del Enterprise muy cerca de Hawai el 7 de diciembre me hacen pensar que no existe ese complot en cuanto a Pearl harbor se refiere.

    Sin embargo, Gore Vidal en su libro “La edad de oro” dice que el ataque sí se esperaba en Filipinas…
    Para pensar.
    Saludos.

  9. Ah, entonces el Gobierno yanqui esperaba una agresión que le permitiera obrar en consecuencia pero lo que no sabían era el dónde, el cuándo, el cómo ni el cuánto o algo así ¿no?
    Gracias.

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