El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Fernand Braudel

«Amo apasionadamente al Mediterráneo, tal vez porque, como tantos otros, y después de tantos otros, he llegado a él desde las tierras del norte. Le he dedicado largos y gozosos años de estudios, que han sido para mí bastante más que toda mi juventud. Confío en que, a cambio de ello, un poco de esta alegría y mucho de su luz se habrán comunicado a las páginas de este libro». Qué duda cabe que Fernand Braudel cumplió sus deseos: nadie puede leer este libro inmenso, este monumento, sin sentir el goce de la erudición, el enorme magnetismo de la prosa de Braudel y el gran amor que tenía a su objeto de estudio.

A partir de una sugerencia de Lucien Fevre, otro peso pesado de la historiografía francesa, Braudel acepta en 1923 ampliar el campo de estudio de su tesis sobre Felipe II para hablar del Mar Interior, el Mediterráneo del siglo xvi. Recordemos que esta es la época, precisamente, en que todas las historias dicen que el antiguo mar color de vino pierde su posición hegemónica en beneficio del Atlántico, al que las navegaciones a Ultramar han convertido en el nuevo epicentro de las políticas, los conflictos y los sueños. Pero Braudel nos dice que, lejos de entrar en la «decadencia», el Mediterráneo de esta época es todavía una encrucijada decisiva en todos los aspectos, en la que se entrecruzan los designios de mil pueblos, entre ellos dos de los monstruos imperiales más poderosos de su tiempo: el imperio español de Felipe II, en el Occidente, y la Turquía de los otomanos, en el Oriente; y en medio de ellos los otros grandes actores,: Venecia, Génova, Francia, Argel, Marruecos, Egipto, con el escenario siempre cambiante de guerras, cataclismos, hambres, bancarrotas… El Mediterráneo siempre fue revuelto, siempre fue proclive a la catástrofe, a la revolución… no hay más que ver la tele para darse cuenta de eso estos días.

Dirigido por Fevre, Braudel comienza su investigación, que durará 12 años, recorriendo los archivos de Roma, Simancas, Dubrovnik, Venecia, Génova… produciendo unas 4.000 páginas manuscritas, rescribiendo tres veces el resultado: cientos de cuadernos escolares, muchos de ellos escritos durante su cautividad en Alemania, entre 1940 y 1945. El resultado es una vasta obra (dos volúmenes de novecientas páginas cada uno en la edición española) dividida en tres partes, que son también los tres «estadios» en que Braudel divide el tiempo histórico y que se han hecho célebres desde entonces: la «larga duración», que es la historia inmóvil de las relaciones del hombre con su medio, hecha de ciclos, casi situada fuera del tiempo; la «media duración», o historia social, la historia de los grupos humanos, de las economías, los Estados, las sociedades, las civilizaciones; finalmente, la «corta duración», la de la historia tradicional, la de los acontecimientos, la agitación de la superficie: «Historia que tal y como es, es la más apasionante, la más rica en humanidad, y también la más peligrosa. Desconfiemos de esta historia todavía en ascuas, tal como las gentes de la época la sintieron y la vivieron, al ritmo de su vida, breve como la nuestra. Esta historia tiene la dimensión tanto de sus cóleras como de sus sueños y de sus ilusiones».

Publicado en 1947, El Mediterráneo en… es una de las obras más decisivas del pensamiento histórico occidental de todos los tiempos y es un libro que he leído y releído mucho, por el puro placer de leerlo, por el puro placer de saber. Porque Braudel puede hablar con igual encanto de los campesinos pobres de Albania, del trigo de Salónica, del Fondaco dei Tedeschi o de la guerra de galeras. La misma bibliografía es una mina de sugerencias y no creo que nadie que guste de la época pueda pasar por alto el aire que el libro desprende de libertad creativa y de extraña compenetración con el mundo que describe. Naturalmente, habrá quien no trague este tipo de libros, quien diga que la escuela de los Annales es una excrecencia de pedantes parisinos que querían totalizar la Historia y que no lo consiguieron; en pocas palabras, los que prefieren la crónica política y diplomática, sin atender a los condicionantes sociales, a la geografía y a la economía, ya pueden abstenerse. Otros historiadores han dicho que «su interpretación daba demasiada importancia a las fuerzas ambientales, sociales y económicas a expensas de lo que hoy llamamos mentalités –religión, cultura, ideas–, que Braudel relegaba a una posición muy secundaria» (J.H. Elliott). En fin, tampoco Elliott puede dejar de sentir admiración por Braudel y por las extraordinarias sugerencias que el libro proponía. Ahora se va con mucha más cautela a la hora de afirmar algo; y eso los que afirman algo: «Es el miedo a la gran historia el que ha matado la gran historia», dice Braudel en el prólogo de su obra.

Siempre será mejor ver por uno mismo lo de bueno y de malo tiene un gran libro como el de Braudel, al que tantos libros –incluyendo algunos de sus detractores– le deben tanto. En lo personal he de decir que ningún otro libro de gran Historia, salvo quizás algunos de Paul Veyne y Las palabras y las cosas, de Michel Foucault, me ha sido tan grato y querido.

Saludos y buenas lecturas

Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788437500966
Nº Edición:2ª , Fondo de cultura económica de España
Año de edición:2001
Plaza edición: MADRID

9 pensamientos en “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, Fernand Braudel

  1. Un libro autenticamente impresionante ( Bueno, libros, yo manejé la edición en dos tomos).

    Lo leí ( Los leí) hace un millón de años, y aún me acuerdo sus mapas, especialmente de uno donde se señalaba la distribución del poder otomano en los balcanes…Un detallismo asombroso, sobre todo por comparación con las publicaciones históricas patrias de aquel entonces.

  2. Me arrodillo ante este libro. Esencial diria yo. Me lo mandaron leer en una asignatura de la carrera llamada “Cervantes y su tiempo” y me encantó. Una obra básica en cualquier casa.
    Felicides por la lectura Leiva.

  3. El Mediterráneo siempre queda en segundo lugar. Desde el descubrimiento de América en adelante el Atlántico parece haber centrado el protagonismo de la historia naval. Sin duda, en la época que el autor trata, el Mediterráneo tenía tanta o más importancia que el Atlántico. En el libro de “Victorias por mar de los españoles” de Agustín R. Rodríguez hay varios capítulos dedicados al Mediterráneo y a la guerra contra la piratería berberisca que causaba más daño y pérdidas que cualquier flota de Indias que fuera atacada por los británicos.

  4. Este es un libro perfecto para que lo reedite alguna editorial de prestigio como Crítica o Paidos. Yo le tengo sana envidia al que lo tenga, por la época en que editaron este libro yo todavía leía los tebeos del Capitán Trueno o de El Cachorro.

  5. Vicent, si puedes leerlo en francés, por ejemplo, existe una cómoda version en bolsillo de dos volúmenes, cómoda teniendo en cuenta el volumen de la obra. Pero sí que es cierto que, salvo en librerías especializadas en humanidades, como por ejemplo La Central, es difícil encontrarlo.

    En cuanto a lo que comenta Javi, es cierto. Recuerdo que me sorprendió lo que Elliott decía en su biografía sobre Olivares: el conde-duque siempre consideró América, por ejemplo, como un problema subsidiario, y prestó mucha atención a conservar el poderío español en Italia (él había nacido en Roma, cuando su padre era embajador ante el Papa).

    Cuando encuentre un rinconcillo de tiempo, porque ahora estamos en plena campaña editorial de libros de texto, reseñaré La gran estrategia de Felipe II, de Parker, que es otro libro magnífico y en buena parte deudor en sus directrices del de Braudel.

    Saludos y gracias por los comentarios

  6. Gran libro de un Gran autor, bueno estamos en el Mediterráneo, pero no olvidemos sus islas… ay, ay, las islas…

    “La gran historia, en efecto, pasa frecuentemente por las islas, acaso sería más justo, tal vez, decir que se sirve de ellas”

    F. Braudel

    -El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en época de Felipe II-

    Bueno Vicent, “El Capitán Trueno” se sigue leyendo, fijate si se sigue leyendo que hasta se ha reeditado en noviembre de 2009 una edición de la edición original. Hay algunos como un servidor que leemos cómics desde que eramos niños y seguimos leyendolos… El cómic esta más vivo de lo que se imaginan algunos o piensa que es de niños… craso error. El cómic histórico y bélico (el que me gusta) es una pasada…

    Saludos.

  7. Hola, Tasos. Es apta para todos los que quieren aprender. Y, recuerda, nadie es más ni menos ignorante. La grandeza de una obra así es que está escrita por un historiador de verdad y de los historiadores de verdad no has de temer nada.

    Ala, me ha quedado de consejo de Tú pequeño saltamontes…

  8. Releyendo mi comentario me he dado cuenta de que es bastante estúpido. No quiero ningunear a una editorial con el prestigio de la FCE ni que parezca que leer cómics es cosa infantil tan solo (yo soy adicto al Víbora y leo todas las semanas El Jueves). Solo quise decir que este, hasta donde yo se, es un gran clásico de la historiografía y es un delito que esté descatalogado. Braudel es el padre de muchas cosas y un libro mas citado que leído; si fuera mas accesible lo leería detenidamente como se merece.

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