DESPERTA FERRO MODERNA Nº8, Los Polacos de Napoleón

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“Recordad, polacos, que nunca habéis desfallecido; vosotros, que habéis dado al mundo tantas pruebas innegables de vuestro patriotismo, ¡uníos frente a la agresión con vuestro valiente ejército en defensa de vuestros hogares! […] Cubrid con vuestros cuerpos lo que al hombre le es más preciado: vuestra independencia y vuestros derechos.”

Consejo de Ministros del Ducado de Varsovia, 16 de abril de 1809 – (Entradilla, pág. 34)

En la Europa de finales del siglo XVIII y principios del XIX unas naciones se sometieron de mejor o peor grado a los designios de la Francia revolucionaria, primero, y a los de la imperial, después; otras se dejaron arrastrar por esos innovadores ideales y hasta hubo quien  sencillamente “se subió al carro vencedor”. Pero pocas, muy pocas, si es que hubo alguna, tuvieron tan justificada la adhesión a la causa napoleónica como Polonia, o para ser más precisos, como el pueblo polaco, puesto que del antiguo y antaño poderoso Reino de Polonia no quedaba nada: Rusia, Prusia y Austria lo habían descuartizado. Pero ¿eran resignados y conformistas los polacos? ¿se iban a quedar con los brazos cruzados y la cerviz doblada? Pues no, no y no.

Una vez  más, y ya son unas cuantas, la revista de historia militar y política DESPERTA FERRO, en su cabecera de Historia Moderna, nos instruye deleitándonos con un nuevo y, al menos para mí, esperado número sobre el pueblo y el ejército que más admiro y respeto de cuantos participaron en la quimérica epopeya napoleónica: el polaco.

En el DF. Moderna nº 7, se anticipa lo que vendrá en el siguiente con Las Legiones polacas (1797-1807); en 1795 Polonia deja de existir, entonces se produce una diáspora de miles de polacos, que huyen de la represión y de la opresión, con ansias de restaurar su patria, pero ¿cómo? Pues uniéndose al más poderoso enemigo de sus enemigos: la Francia revolucionaria.

Ya en DF. Moderna nº8, se nos presenta como entremés la historia de la que quizá sea la más destacada unidad extranjera al servicio de Napoleón, el 1er Régiment de chevau-légers (polonais) de la Garde Impériale, “que se distinguió en 45 batallas y encuentros durante las guerras napoleónicas”.

Los antecedentes que abocaron a la total “desaparición” de Polonia se desgajan en La cuestión polaca, donde se desvela que no toda la culpa se debe achacar a agentes externos sino que también ayudaron a “la extinción” un obsoleto sistema político-económico,  los privilegios de la alta nobleza,  una dinastía regente débil y los temores aristocráticos y eclesiásticos a las “innovaciones” revolucionarias francesas.

En La carga de Somosierra se analiza con rigor biográfico y arqueológico aquel hecho de armas que tanta notoriedad dio a la caballería ligera polaca.

De cómo se reorganiza y se desarrolla la maquinaria bélica de aquel estado “inexistente” se nos da meridiana cuenta en El Ejército del Ducado de Varsovia 1807-1814.

Otra destacada intervención polaca en la Guerra de Independencia española, 1808-1814, se expone de forma amena en La Legión del Vístula en el primer sitio de Zaragoza.

Raszyn y la campaña de 1809 en Polonia nos lleva a una zona de operaciones secundaria durante la Guerra de la Quinta Coalición. En esta ocasión la renacida Polonia se enfrenta en este escenario y en solitario al poderoso Imperio Austriaco y no solo frena en inferioridad a los austro-húngaros en Raszyn sino que lanzará ulteriores ofensivas que le permitirán recuperar unos dos millones de habitantes y 50.000 km2 de su antiguo territorio.

El artículo sobre Roman Soltyk nos habla de las experiencias de un oficial polaco en la campaña de Rusia, en 1812. ¡Ay, si Napoleón hubiese hecho más caso a los experimentados polacos…! – (Traduzcan estas memorias al español, señores editores.)

Y para cerrar, Los polacos en el Berezina, lúcido y emocionante broche sobre una batalla épica y desesperada en ambas márgenes del renombrado río donde nuestros protagonistas dejaron grandes muestras de valentía y sacrificio.

Y todo esto se nos relata gracias a un elenco de autores (polacos, españoles y ruso), reconocidos expertos en el tema. A todo lo apuntado cabe recordar que cartografía e ilustraciones, de la calidad habitual en la revista, incrementan enormemente el valor del texto.

¿Conclusiones? Napoleón se aprovechó de la desesperación polaca y los polacos apostaron a la única carta posible y, por desgracia, perdieron. Y perdieron hasta 1919 o, si me apuran un poco, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989.

¿Pegas? Pues que la revista no dispusiera de seis u ocho páginas más para contarnos las agónicas y trágicas hazañas polacas de las campañas de 1813 – pese al DF. Moderna nº 4- y de 1814.

¡¡Ojala venga más divulgación histórica como esta!! Divulgación con mayúsculas, que se salga de las manidas y cansinas ópticas eurooccidentales.

Gracias, Desperta Ferro.

7 pensamientos en “DESPERTA FERRO MODERNA Nº8, Los Polacos de Napoleón

  1. Buena reseña. Por poner algún “pero”, se te ha olvidado que en el número de DF aparece un artículo, como introductorio al número 9, sobre la batalla de Honnecourt (1642). Aunque me parece que en un futuro inmediato, por lo que he podido ver en novedades de librería Reyes, también va a ser tratado junto al Rosellón y el “mito de Rocroi” en otro libro de HRM: http://www.historiamilitar.net/detalle.php?titulo=Rocroi+y+la+p%E9rdida+del+Rosell%F3n+%38A+la+venta+el+15+de+Marzo%29&autor=Alex+Claramunt+Soto+%2F+Tom%E1s+San+Clemente+de+Mingo

  2. Ya compré la revista y la tenga en la mesilla de noche para leer. Es interesante que escriban en ella autores polacos y un ruso (Sokolov) además del bueno de Luis Sorando y es sorprendente que dediquen un monográfico a un tema tan poco tratado, en español, como es la caballería polaca en las guerras napoleónicas del que los españoles sabemos poco mas de su brillante carga en Somosierra en el invierno de 1808 y sus brillantes regimientos de lanceros que copiaron los holandeses, los ingleses y los propios prusianos (ulanos) en sus propias tropas de caballería.
    Yo, en mi época de recreador histórico, tuve ocasión de recrear la carga de Somosierra haciendo de español y me impresionó el orgullo con que los polacos recreaban a sus antecesores y el esfuerzo económico (venir de Polonia con caballos no es poca cosa) que tuvieron que hacer para recrear una acción que para ellos es uno de sus grandes momentos histórico-militares.
    Sigue sin gustarme que mezclen los artículos de un monográfico con un artículo de una revista anterior pero el acabado, los autores, el diseñor, la impresión y las ilustraciones son brillantes.

  3. Muy amable, Shy. Exactamente no se me olvidó sino que quise más bien “concentrar toda la artillería” en el monográfico. Aunque quizá sí debí mencionar “el Rocroi francés”.

    Con respecto al primer párrafo, Viçent: precisamente esa es, con frecuencia, la esencia y la identidad de DF, divulgar aspectos menos conocidos de la Hª de la mano de autores especializados y muy próximos a las fuentes; puede parecer increíble para “el imaginario popular” pero se pueda hablar de las guerras napoleónicas sin acudir a autores anglosajones y sin mencionar Waterloo o las campañas ibéricas de Wellington. DF lo ha demostrado con creces.

    Y sobre el último artículo de cada DF… Pues esa es la política editorial suya; a mí si me gusta pues con una cata te invita a saborear un nuevo contenido que a priori podría no interesarte, pero que a lo mejor descubres que sí tiene su interés.

    Saludos

  4. Muchas gracias, Roger; alguna más caerá pero ya te sabes, las obligaciones van primero y el tiempo es limitado así que entonces hay que ser selectivo a la hora de reseñar.

  5. Magnífica reseña para un magnífico número de la revista amigo Tasos. Lo que más me ha gustado es el mapa del reparto a finales del dieciocho. Si Napoleón hubiera nombrado rey de Polonia a Davout como este anhelaba…

  6. ¡Hombre, mi Mariscal! Ya me extrañaba que no asomases por aquí atraído por este tema. Ah… espera que me quite el chapska 😉

    Sobre lo de Davout; yo creo que Napoleón se iba a encontrar igual con el problema internacional de restituir a Polonia en toda su integridad. El Zar siempre se iba a oponer, Prusia también aunque con discreción, quizá Austria sería la más tolerante.
    Y en el interior la alta nobleza y la Iglesia no sé, no sé…

    Gracias y saludetes.

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