Desperta Ferro Especial Tercios en América

La cuarta entrega del la serie especial de los Tercios trasciende de las vicisitudes del tercio mismo para abordar en toda su dimensión el sistema defensivo de las Indias que desarrolló la Monarquía Hispánica durante los siglos XVI-XVII.

Durante buena parte del siglo XVI, y obviando algunas incursiones europeas puntuales, los asentamientos se desarrollaron poniendo su atención en el interior, despreocupados de las amenazas procedentes del mar, especialmente en las costas del Pacífico. Es el periodo de los primeros contactos con los indios y de las grandes campañas militares en las que solados brillantes como Cortés o Pizarro al frente de unas pocas compañías supieron jugar sus cartas en las guerras y conflictos existentes entre los propios pueblos indígenas para asentar las primeras organizaciones territoriales de los incipientes virreinatos de la Monarquía. La Guerra Chichimeca es un buen ejemplo de ello, si bien he echado de menos, aunque eso tiene remedio, que se tratase también la gran política de pactos que se llevó a cabo con los distintos pueblos indios y que hizo del fenómeno de las «guerras indias» un hecho prácticamente residual durante 400 años.

A medida que avanzó el siglo y a raíz de la unión con la Corona de Portugal y su entramado de posesiones y rutas comerciales, la posición geoestratégica de la Monarquía se hizo mundial, y los territorios americanos, con sus riquezas y sus demandas de bienes, pasaron a integrarse en una red global de puertos de origen y destino de transacciones comerciales.

La riqueza y el monopolio comercial comenzaron a ser fruto de la codicia de otros países que comenzaban a hacerse a la mar y a tener la tecnología naval suficiente para acercarse a las costas americanas y asiáticas de la Monarquía. Las posesiones españolas y portuguesas no estaban preparadas para esa nueva amenaza, así que, esta vez, tuvieron que volver a mirar al mar y a acometer planes de fortificación de los enclaves más importantes para evitar las correrías, o incluso los intentos de conquista, de corsarios y las grandes corporaciones corsarias que recibían el nombre de compañías comerciales.

En este sentido cabe resaltar el artículo que aborda los sistemas defensivos de fortificaciones y desarrolla el origen de los «morros», esos castillos situados en pequeños istmos en la boca de bahías o ensenadas que protegían habitualmente un puerto y que tan buenos resultados dieron en lugares como Puerto Rico, La Habana, o Santiago de Cuba, por citar algunos.

Me ha llamado especialmente la atención el estudio del sistema de tijera de las cortinas empleado en dichos castillos, que ya incluía el castillo de San Telmo durante el sitio de Malta. Se trataba de un sistema óptimo diseñado por un ingeniero español que presentaba el máximo poder de fuego contra flotas hostiles. Con todo, los cronistas del gran sitio de Malta se quejaban de lo difícil que fue la defensa de San Telmo por carecer el fuerte de traveses. Sin duda, debe tratarse de una de esas dicotomías por las que lo que es óptimo para la lucha en el mar no lo es tanto para la guerra terrestre o viceversa.

Si bien el sistema defensivo de fortificaciones defensivas, llamado por los ingleses «spanish main» fue de gran utilidad para la preservación de los virreinatos y posesiones de la Monarquía, no se pudo evitar que el acoso constante de países rivales como Inglaterra o las Provincias Unidas llevasen a cabo expediciones de conquista, como la extensa campaña que libraron hispano-lusos y luego portugueses contra las invasiones holandesas del Brasil.

Hubo grandes expediciones de conquista, como las de Salvador de Bahía y Lima en 1625 o como la de Pernambuco años después. Las fuerzas autóctonas, ante la imposibilidad de librar batallas campales y la dificultad de que les llegasen a tiempo fuerzas enviadas desde la metrópoli, tuvieron que desarrollar toda una miríada de tácticas nuevas de guerrilla, acoso y desgaste encaminadas a hacer insostenibles los enclaves enemigos en sus costas. En este contexto son de especial interés los artículos sobre las características de este tipo de guerra y de las milicias, soldados y panoplias empleados en estos entornos tropicales y por extensión de la dimensión naval de la defensa de los territorios y rutas comerciales.

En definitiva, otro especial que no decepciona ni en contenidos ni en enfoque, adornado siempre con el espectacular despliegue gráfico al que nos tienen acostumbrados.

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