Batallas entre hermanos, Pablo Camogli

Todos los combates de las guerras civiles argentinas

Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera.
Tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque, si entre ellos pelean,
los devoran los de ajuera.

José Hernández, La vuelta de Martín Fierro (pág.15)

¿Qué pasó después de que el Cabildo de Buenos Aires se proclamase independiente de la Corona española? ¿Qué ocurrió a lo largo del siglo XIX en los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata? ¿Por qué no se corresponden los límites de aquel virreinato con la actual República Argentina? ¿Qué proyectos de país se propusieron?

Sostiene el autor que desde 1813 se sucedieron prácticamente de continuo 101 años de guerras civiles hasta que en 1914 se produce la disolución de la última unidad empeñada en la represión y “limpieza” de los indios del Chaco.

Y, no, déjense de prejuicios, porque no se trata de otra tediosa e insípida relación de batallitas y combates de una guerra más; el autor tuvo el juicioso acierto de presentarnos el conflicto bélico dentro de su contexto histórico, atendiendo a lo político, a lo económico, a lo social e, incluso, a lo cultural. Así veremos que en la conformación de la Nación argentina se entrecruzan el problema de la naturaleza del Estado – centralista o federal – con el de la extensión territorial ya que primero los límites virreinales se contraen (surgirán cinco futuras repúblicas) y luego se buscará la expansión a costa de los espacios indígenas. Es esta precisamente una de las novedosas aportaciones de la obra, incluir “la guerra al indio”.


Virreinato del Río de la Plata hacia 1810; Chiquitos y los lindes vecinos eran también espacio indígena. Fuente: (www.revisionistas.com.ar)

Pero, ¿a qué se debió tanto enfrentamiento fratricida? Pues, simplificando, a tres motivos: la intensa militarización de la sociedad ya desde 1806; a las hondas divergencias entre los proyectos de estado y a la incompetencia de las clases dirigentes.

Fundamentalmente las élites criollas bonaerenses consideraban que su ciudad-puerto debería ser “el ama y señora” de todo el antiguo virreinato; también creían que los inmensos beneficios económicos de la Aduana y el puerto deberían quedarse en Buenos Aires ya que el resto del territorio era “inculto y atrasado” y no tenía más que  acatar y someterse. Por el otro lado, el resto del territorio se configuró en Provincias que exigían una representatividad proporcional y equitativa y un reparto justo de los beneficios de la urbe porteña. Esta además defendía el librecambio mientras que el Interior abogaba por el proteccionismo para frenar la avalancha de productos ingleses y, en menor medida, franceses.

Pese a la relativa complejidad de esos conflictos civiles, Camogli estructura el ensayo de manera muy pedagógica. Tras una aclaratoria Introducción, divide la obra en seis capítulos que coinciden con seis ciclos históricos de “las guerras civiles”, a saber:

  • El Litoral, de la guerra al poder, (1813-1821); conflicto entre el centralismo de Buenos Aires y el confederalismo de la Liga de los Pueblos Libres bajo el caudillaje de Gervasio Artigas; fracasadas ambas opciones se consolidan las autonomías provinciales y el federalismo. Simultáneamente acaece la Guerra de Emancipación contra los Realistas y la Corona Española (1810-1824).
  • El Interior en armas, (1821-1832); los “Unitarios” cuestionan el orden federal y reinician el conflicto. Ahora ya se enfrentan entre sí héroes y ejércitos de la Guerra de Independencia argentina; se inicia “la barbarización del conflicto”; además acontece una breve y victoriosa guerra contra el Imperio del Brasil. Finalmente, nueva victoria  de los “Federales”.
  • Rosas contra todos, todos contra Rosas, (1834-1852); entra en escena uno de los personajes más controvertidos de la historia argentina; Juan Manuel de Rosas. Este regirá la Confederación Argentina “con un fuerte perfil dictatorial” y otorgando a Buenos Aires cierta preeminencia, a pesar de lo cual se consolidará un principio de “unidad nacional”. Tras ser vencidos otra vez los “Unitarios”, los restos de estos y los  federales antirrosistas -más la ayuda de uruguayos “colorados” y brasileños- derrocarán en la batalla de Caseros (1852) al rígido estadista. Se trata del periodo más sangriento ya que se incrementa el salvajismo y se producen las batallas más mortíferas de las guerras civiles: Arroyo Grande, Quebracho Herrado y Angaco; éxitos federales las dos primeras.
  • El país de los dos países, (1852-1861); la honda crisis federal permitirá a los “unitarios” su recuperación y reacción. Se trata de un ciclo menos violento y más político. Buenos Aires sigue siendo “cuna de tensiones” ya que la oligarquía liberal y mercantilista propugna ahora un fuerte “nacionalismo” secesionista respecto a la Confederación Argentina.
  • La unidad a palos, (1861-1874); los hilos que manejaba el gobierno de la Confederación eran muy laxos y así la riqueza y la oligarquía centralista, positivista y liberal de Buenos Aires transfigura el poder político y militar (por ejemplo, sustituyen el ejército Confederado por el de la Provincia de Buenos Aires al que a su vez “convierten en Nacional”); de este modo la urbe portuaria se hace garante de “la Unidad Nacional”, pero eso sí, bajo los designios porteños. Mitre y Sarmiento se considerarán, a sí mismos, como “presidentes fundacionales” de la Nación Argentina ya que traen “unidad, civilización, progreso y decencia”; para ello emplean tan alto grado de violencia contra todo lo que suene a federal, caudillista y gauchista que las medidas alcanzarán casi cotas cercanas al exterminio. La disolución de las fuerzas federales dará lugar a las famosas “montoneras” o partidas armadas irregulares. En este momento también se produce la impopular pero enconada “Guerra de la Triple Alianza” contra Paraguay.
  • La conquista del territorio, (1821-1884); este ciclo se solapa con los anteriores y es el referido a “la guerra al indio”; Rosas y sobre todo el presidente Roca desarrollarán las campañas más furibundas contra los indígenas argentinos de La Pampa, Patagonia (al sur) y El Chaco (al norte), de hecho se puede hablar de una auténtica “limpieza étnica” en el sentido más amplio. Cafulcurá (Piedra Azul) será el cacique mapuche más poderoso e irreductible en estas luchas. Por lo general y llegado el caso, los indios apoyaron los postulados federales, más afines a su cosmovisión del mundo.

Para finalizar, en Conclusiones se aporta todo un estudio estadístico de las guerras civiles argentinas que da todavía mayor solidez, aún si cabe, a este libro de 340 páginas. La bibliografía es muy densa y abundante; la cartografía en blanco y negro consta de veinte mapas y croquis de batallas y es bastante funcional.

Pablo Camogli, natural de Misiones (Argentina), es periodista, docente e historiador y ha escrito, entre otros, Batallas por la libertad y Batallas de Malvinas.

Este libro ha supuesto una agradable sorpresa tanto por lo que en su contenido representa de novedad, al menos para mí, como por su coherencia y cohesión textual, así como por el equilibrado posicionamiento político del creador. Opino además que obras como esta son necesarias para conocernos mejor los habitantes de ambas orillas atlánticas, ya que tenemos más cosas en común de lo que solemos pensar.

¡Por lo visto, entre el siglo XIX argentino y español no hubo tantas diferencias en cuanto a lo agitado, inestable y confuso del periodo! ¿Verdad?

Páginas:344
Publicación:01/07/2009
Formato:15 x 24
Encuadernación:Rústica
ISBN:9789870412854
Editorial: Aguilar

2 pensamientos en “Batallas entre hermanos, Pablo Camogli

  1. Tasos,
    Muy buena la reseña. Aunque sorprenda, para los argentinos entre los que me incluyo la historia argentina del siglo XIX es tan desconocida como para un español, a la que hay que sumar las confusiones e ideas estáticas de la historia oficial y del busto de bronce.
    Por lo que veo de tu reseña el libro es bastante “clásico” a la hora de fijar los ciclos de conflictos internos. Que va de la independencia pasando por un proceso centrífugo y termina con un proceso de consolidación estatal.
    Creo que de todas maneras vale la pena darle una ojeada.

  2. Muchísimas gracias, Liborio.
    Lo cierto es que considero necesario conocernos más y la Historia es un modo más de hacerlo.
    El tema me encandiló dada la complejidad y lo desconocido que me era. Ahora que ya sé algo me llama la atención lo poderosa y maniquea que fue “la historiografía oficial”, sobre manera, a partir de Mitre, sobre esos largos conflictos; también me sorprendió el salvajismo alcanzado en algunos momentos, por otra parte, propio de los conflictos civiles.

    Se trata de alta divulgación muy recomendable; existe también la versión electrónica del mismo, más económica.

    Saludos

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