Bajo dos banderas, VVAA

Relatos de España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos

Recopilatorio digno de aplauso por la intención, aunque muy pobre de contenido, con escasos momentos de brillantez y mucho autor que se limita a cumplir con un compromiso
A quien no le suene, ZENDA es un proyecto editorial de reivindicación literaria e histórica de España, encabezado por Arturo Pérez-Reverte, capitán de un Tercio poblado de nombres propios de la cultura nacional (me remito expresamente a las plumas que se sumaron al recopilatorio que aquí reseño, quienes no necesitan presentación). Pecando de pedante, ZENDA bien podría conformar una especie de faro en un mar tenebroso de ignorancia, ineptitud y radicalidad en el que muchos nadan tan a gustito.

Entre otros muchos personajes del Pasado, en 2018 se quiso alisar las arrugas de la memoria (tomo prestadas estas bellas palabras al prologuista de la recopilación, Ignacio S. Galán) con respecto a don Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana y quien aportó el granito de arena y los litros de sangre a favor de la causa de George Washington en la guerra de independencia (la cuestión era joder al rey Jorge). Sobradamente conocido en los EEUU, contando hasta con una ciudad con su nombre en el estado de Texas (Galveston), su figura siempre pasó desapercibida por estos lares peninsulares, como tantos otros que fueron a las Indias a batir el cobre y más.
La plataforma, con el apoyo de IBERDROLA, convocó a doce autores para que, con pequeñas salvas, a modo de relatos breves, ficcionaran episodios vinculados con Gálvez y la guerra de independencia e los Estados Unidos, conformando el título «Bajo dos banderas».
Los relatos estuvieron siempre disponibles, de forma gratuita, en la web, pero se dedicó una partida al formato clásico, al papel. A mí me tocó un ejemplar en suerte gracias a un sorteo convocado por la propia ZENDA y, con algo de retraso, estoy escribiendo mi reseña, donde desmembraré cada relato, aunque ya os aviso que no ha sido un plato de mi gusto.
El autor que aparece tras abrir las tapas y salvar el prólogo, es Juan Eslava Galán, con su “El droguero de Mobile”. Nos ofrece un esmerado ejemplo de literatura epistolar, granado de ironía y elementos cómicos, así como del léxico propio de aquellos tiempos en los que se ambiente. Pone su arte al servicio de un entregado droguero, proveedor de Francisco de Goya (referencia innecesaria) y de sus cuitas por facilitarle a éste y otros artistas un género inigualable.
El droguero, en cumplimiento de su afán, relata en su carta varias desventuras, partiendo hacia el Nuevo Mundo para adquirir género en Méjico. Su mala suerte, sazonada con alguna queja hiperbólica, lo arrastrará hasta la Luisiana, donde será testigo de la batalla de Mobile en enero de 1781.
Lo más destacable del texto es la calidad gramatical y la riqueza de vocabulario.
A Eslava Galán lo sigue Espido Freire con “Hombres con suerte”. Con este relato, Freire pretendió dar una visión del conflicto de las trece colonias desde la óptica de un narrador muy especial, un miembro de la tribu india Muskogi.
Un grupo de creek espera, sometido a la sed y el hambre a que se presente el gran jefe de los blancos, Bernardo de Gálvez. Mientras esto sucede, se relata la posición intermedia de los indios, amantes de su estilo de vida que los europeos tratan de anular con la imposición del sedentarismo, la religión cristiana y un idioma de allende los mares. Gálvez los convence para que se alíen con los españoles, los americanos y los franceses, pero estos guerreros serán solo fieles a sí mismos, pues los amigos pueden cambiar a diario, al igual que los enemigos.
El relato se lee con soltura, aunque carece de chispa.
“El hilo de oro” es la aportación de Agustín Fernández Mallo y su planteamiento es, cuanto menos, extraño. La narración es el primera persona, pero poniendo voz a Gálvez, viajando hacia el Norte por el río Misisipi y sometido a una constante multilocación entre los siglos XVIII y XXI, centrándose en un objeto cotidiano: un pañuelo con letras bordadas en hilo de oro. Una avance-retroceso constante que solo quiere, con tristeza impregnada en las palabras, lamentar el olvido de los EEUU respecto a su origen español.
Lo peor del relato es el imperdonable poco acierto del autor al escribir todo en un solo párrafo y si apenas signos de puntuación que cierren las frases.
Susana Fortes cede “A la ventura”, un relato que considero el peor cerrado de todos y que se centra en los días previos a la toma de Fort Bute, a través de tantos ojos que es una locura enterarse. Más que un relato parece una relación de notas para una novela en ciernes, preocupándose por presentar los personajes de una forma deficitaria y necesitando, para ser comprendido, de un mayor número de páginas.
Con “Tú sola”, Luz Gabás dedica sus letras a la ciudad de Nueva Orleáns y a Felicitas, la viuda de Bernardo de Gálvez. Se centra en la figura de la viuda, a su sacrificio como esposa del gran oficial en una etapa tan tumultuosa, y humaniza a Nueva Orleáns.
El título se las trae: “La popa de una gallina anglicana”. Juan Gómez-Jurado nos lleva a Trafalgar, a pocas horas del desastre de la flota combinada hispano-francesa a manos de Nelson y los suyos que bordarían en oro. Ese instante parece el adecuado para que un veterano, aferrado a una jarra de vino, le narre a un joven marinero enrolado en el Santísima Trinidad la acción de guerra del viejo Luis de Córdova, haciéndose con un convoy dirigido a pertrechar a las fuerzas del rey Jorge III en Norteamérica y provocando incluso la caída de la Bolsa de Londres.
Con un estilo del que se desprende chorretones de mala baba contra los ingleses, es un relato que recuerda mucho a Pérez-Reverte. La escasa prodigalidad en páginas afectará a la narración, que es frágil y apurada en la boca del que recuerda, tan rápido como apura el vino de la jarra.
El final que firma Gómez-Jurado podría ser entrañable si no fuera porque sabemos cómo terminó aquella jornada de 1805.
“Las Bahamas y Perico Pelao” es el título del relato firmado por Emilio Lara que hace costumbre fea en este recopilatorio. Otra vez estamos ante un mal resumen de una historia mucho mayor en la mente del autor y que está tristemente llevada a este terreno de lo breve.
Se da cuenta de la invasión de las islas Bahamas por parte de Juan Manuel Cagigal, capitán general de Cuba, a través de los ojos de Perico Pealo, un niño, uno de los pífanos de la Armada.
Lara lo mismo nos habla de Perico, que del oficial artífice de la operación, que de la invasión en sí y, sin comerlo ni beberlo, el chico se hace hombre y se nos cuenta sus aventuras de vuelta en España.
El relato es inconexo y acelerado. Un esbozo más que un trabajo debidamente terminado.
Cristina López Barrio rubrica “La caracola”, un relato que se me ha antojado como muy interesante, pues permite saber del papel de los empresarios españoles en el conflicto de las trece colonias rebeldes a través de recuerdos evocados por un febril Juan de Miralles, a las puertas de la muerte. Miralles, mercader y espía, recibe los caritativos cuidados de Martha Washington, a quien le une lazos de amistad, así como a su marido George.
Sigue la molesta sombra y tónica de que la historia da para más, pero tiene un final correcto y para nada abrupto.
Con “En el sendero español”, José María Merino nos obsequia con un corto pero intenso relato de lealtades enfrentadas entre dos viejos amigos luchando en bandos enemigos. Por un lado está el granadero José Vidal que ha de comunicar al Estado Mayor de la llegada de tres buques de guerra ingleses. En el camino se encuentra con el desaparecido Pablo Ortiz, también granadero, quien ha adoptado el estilo de vida apache y sirve a los ingleses.
El punto discordante, por innecesario, es la referencia y muerte del joven Periquillo que poco o nada aporta.
Se hacía de rogar, pero es que los relatos están ordenados por orden alfabético. Aquí está Pérez-Reverte con “La cabellera”. Fiel a sí mismo, don Arturo nos hace escuchar a un veterano que recuerda una lucha sangrienta el calor de un tazón de vino. Relata un desesperado combate, el ansia por sobrevivir dejando atrás amigos y no tan amigos, terminando por compartir la huida con un indio, llamado Trancas.
Este es uno de los pocos relatos cuya estructura casa con lo que se espera de una obra corta.
“Agente 355” es la excusa de Clara Sánchez para hablar del Culper Ring, una red de espionaje al servicio de George Washington y al que perteneció el gobernador Bernardo de Gálvez. La reunión se celebra en el hogar de Anna Strong, el agente 355, a la que la escritora presta toda su atención a través de los ojos de Gálvez, con no poca pedantería, seamos sinceros.
El un relato agradable a la lectura y que remarca la importancia del espionaje civil en la contienda.
Lorenzo Silva es quien cierra el volumen y, para mí, no puede haber peor autor para cargar con semejante responsabilidad. Lo cierto es que este hombre no lo trago y no sé si mi opinión estará viciada de algún modo, pues es breve, concisa e hiriente: “Brest, Septiembre de 1779” no es un relato; es un artículo histórico con un personaje ficticio sobre el que pivota la narración. 
Interesantes son los datos que aporta, pero le resta, más si cabe, del atractivo y brillo que se quería para esta colección.
Confesaros que leer el recopilatorio se me hizo eterno. No os hacéis a la idea de las veces que lo dejé aparcado para cuando tuviera más arrestos en mi haber o mayor insensatez a la hora de empeñar las retinas.
Reseña publicada en el blog personal del autor de la serña

Un pensamiento en “Bajo dos banderas, VVAA

  1. Bueno, Javier, pues me despejas un montón de dudas; descartado.
    Por lo que deduzco se trata de un “lo que pudo haber sido y no fue». Lástima…
    Mil gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *