Aquellos hombres grises, Christopher Browning

El batallón 101 y la solución final en Polonia.

Christopher Browning

Explicar no es excusar. Entender no es perdonar.

Son palabras de Browning expresadas en el prefacio de su libro, muy afortunadas, ciertamente. “Aquellos hombres grises” cuenta la historia de los hombres, hombres normales, del Batallón de Reserva 101 de la Policía del gobierno nazi y su implicación en el asesinato de miles de judíos en Polonia.

Es el libro más tétrico, luctuoso y funesto que he leído en mi vida. Es un libro muy duro. Browning, a partir de entrevistas que fueron hechas a miembros del batallón en los años 60  trata de reconstruir los funestos hechos en que  estuvieron implicados durante su estancia en Polonia entre 1941 y 1943, participando de forma directa o indirecta en el asesinato de decenas de miles de  judíos, muchos de ellos asesinados a sangre fría.

El nivel de detalle con el que Browning explica los asesinatos es lo que hace el libro tan duro.

Los objetivos de Browning son dos: reconstruir los asesinatos y deportaciones en los que el batallón de reserva 101 se ve implicado, su papel en la Solución Final,  y tratar de explicar por qué hombres normales, de diferentes profesiones, con distinta formación cultural, todos ellos de Hamburgo, fueron capaces de verse implicados en esos lamentables hechos. Más bien, no verse implicados, sino implicarse tan descorazonadamente en el asesinato de víctimas indefensas.  Y hay un tercer objetivo, que se puede ver como un complemento del segundo: contestar a Daniel Jonah Goldhagen y a sus conclusiones vertidas en  “Los verdugos voluntarios de Hitler”.

La reconstrucción de los hechos es espeluznante, narrada con un estilo muy directo y limpio; no sobran palabras. Es preciso en las descripciones y ahorra todo calificativo gratuito. Esta reconstrucción va de menos a más, aunque ya desde el principio es brutal: el libro comienza con la matanza de Józefów, que al principio es un trago duro para casi todos los miembros del batallón, y termina con la matanza de la Fiesta de la Cosecha: las páginas más brutales que nunca leí.

En la segunda parte del libro viene el estudio sociológico de Browning, en el cual trata de buscar explicaciones racionales sobre cómo y por qué hombres normales pudieron hacer eso. A mí personalmente me ha parecido un poco aburrido, aunque tampoco es que la longitud del libro de para cansarse en demasía.  La conclusión a la que llega es que el antisemitismo en sí no es una condición suficiente como para perpetrar esos salvajes actos. Y con este mantra es con el que acude al final del libro a rebatir las tesis de Goldhagen, el cual también usa los testimonios de los policías del batallón 101 para escribir su controvertido “Los verdugos voluntarios de Hitler”. Resumiendo, Goldhagen defiende la tesis de que los alemanes en sus actos salvajes solo están dominados o motivados por un antisemitismo secular, que estaba inmanente al “alemán de a pie”, y que solo hizo falta despertarlo para que “el alemán” desatara su “antisemitismo aniquilador .Creo que Browning desmonta bastante bien esta explicación monocausal, desautorizando la principal conclusión de Goldhagen, el cual es descubierto siendo demasiado selectivo y tendencioso en la aportación de pruebas que validen su tesis.

Browning es una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de la Solución Final. Sería deseable que se tradujeran más libros suyos.

  • Editorial: EDHASA
  • Lengua: ESPAÑOL
  • ISBN: 9788435018869
  • Año edicón: 2011
  • Plaza de edición: BARCELONA

6 pensamientos en “Aquellos hombres grises, Christopher Browning

  1. Coincido contigo, Isidoro: es una obra de lectura dura pero necesaria. No apta para principiantes en la materia.

    Intenta responder a la eterna pregunta que siempre nos planteamos: ¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo fue posible que hombres corrientes – hombres grises, como acertadamente recoge el título -, con familias que les esperaban en su Alemania natal, se convirtieran, de la noche al día, en asesinos en serie? Browning, como también Laurence Rees en su imprescindible “El Holocausto Asiático” donde relata los crímenes del Ejercito Imperial en Asia durante la II Guerra Mundial,llega a la conclusión de que hombres corrientes se convirtieron en asesinos para no verse aislados de la que se convirtió en su única familia durante la guerra: los compañeros del batallón. Evidentemente, ello sólo fue posible en unas condiciones geográficas – Frente del Este – y temporales – guerra de exterminio – muy determinadas, y bajo el mando de oficiales fanáticos que propugnaban la limpieza étnica y el exterminio de la raza judía.

    Otra obra aún más dura a recomendar sobre el Holocausto es: “Amos de la muerte. Los SS Eisantzgruppen y el origen del Holocausto” de Richard Rhodes. La descripción de matanzas como la del barraco de Babi Yar a las afueras de Kiev resulta espeluznante.

    Imprescindible resulta la lectura de la obra de la genial Gitta Sereny para intentar comprender el ¿POR QUÉ?. Obras como “El Trauma Alemán” o la magnífica “Desde aquella oscuridad” – escrita tras las conversaciones mantenidas con Franz Stangl, comandante de Treblinka – te hacen plantearte dónde reside la condición de ser humano.

    Saludos.

  2. Para aquellos que hayan vista la película “la zona gris” (Sonderkommandos en Auschwitz) este libro es una versión escrita del mismo enfoque: contención, descripción pura, crudeza, horror desnudo y dolor. Es famoso el experimento que se hizo en EEUU en el cual a unos ciudadanos normales se les hacía apretar un botón que producía dolor “in crescendo” a un recluso condenado a muerte; a los participantes en el experimento se les decía que no se preocuparan por provocar dolor al sujeto ya que era un deshecho social y el experimento era útil para el bien común. Paso a paso, se llegaba hasta la muerte del sujeto y muy pocos ciudadanos paraban de aumentar el dolor ya que su acción estaba justificada por el conjunto de la sociedad. Este experimento venía a demostrar que el ser humano es, en parte, ciudadano obediente a las normas sociales. Este libro viene a demostrar que matar judíos no era una pulsión innata del “alma alemana” sino que se hacen este tipo de cosas por “esprit de corps”, solidaridad grupal, obediencia social, miedo al castigo, inercia moral etc.
    Algo que no se ha dicho en la recensión del libro es que los mismos ejecutores tenían que beber hasta emborracharse, escaquearse o derivar la acción a individuos de otras nacionalidades (ucranianos, letones, etc) porque no eran capaces de matar a un grupo de seres humanos a sangre fría. El mismo Himmler se daba cuenta de que el tiro frío no era la manera mas eficiente de generar genocidios a nivel industrial como los nazis querían hacer con los judíos y otros colectivos condenados.

  3. Completamente de acuerdo, Vicent. Precisamente, Richard Rhodes en su obra “Amos de la Muerte” explica cómo Himmler y los jerarcas de las SS comprobaron “in situ” como las matanzas iniciales de los Einsatzgruppen (tiros en la nuca a los indefensos judíos – hombres, mujeres y niños – que se iban amontonando en grandes zanjas que luego se cubrían con cal -) en el Frente del Este provocaban graves conflictos morales a los ejecutores y les impulsaban a la bebida y a la depresión. Ello trajo consigo una nueva fase en la eliminación física de los judíos: el proceso frío e industrializado – similiar a una cadena de montaje – que tuvo su culminación final en Auschwitz con la utilización de las cámaras de gas y los hornos crematorios.

    También lo explica Franz Stangl – infame comandante de Treblinka – en las entrevistas que mantuvo con Gitta Sereny: no les preocupaba lo más mínimo los sufrimientos inflingidos a los judíos hasta su eliminación física, sólo se preocupaban de que los ejecutores no se mancharan las manos durante la matanza.

    Saludos

  4. Hola, leí ambos libros, el de Browning y el de Rhodes hace tiempo y me quedó la misma sensación que han comentado Isidoro, Jose Sebastian y Vicent. Resultan “interesantes” en cuanto al proceso de transformación de simples soldados-civiles en asesinos. Quizás, y pese a que las tesis de Brownind y Goldhagen sean en ciertos aspectos contrapuestas debiera complementarse esta “gratificante” lectura con el libro de este último, “Verdugos voluntarios de Hitler” o el que se acaba de publicar en Critica de Soldados del Tercer Reich, cuyo prólogo ya es en si magistral, o el de Wolfgang Wette(hablo de memoria en cuanto a títulos y autores), tb absolutamente magristral en Crítica. En inglés tendríamos a Omer Bartov. O a Hanna Arendt. Amén de los tb indicados, muy acertadamente, de Gita Sereny. Y es que la banalización del mal existió hasta niveles nunca antes imaginados.
    Muy intersante el libro reseñado por isidoro y excelente su reseña. Y , como no, las colaboraciones de Vicent y Jose Sebastian son la ginda del pastel.

  5. Duro, muy duro el libro de Browning, es de esos trabajos que no olvidas fácilmente tras su lectura. Al igual que el mencionado de Richard Rhodes.

    La descripción sociológica de los perpetradores de este genocidio es sumamente interesante, además recuerdo como Browning destaca en su prólogo lo difícil que resulta en Alemania la utilización de los nombres propios de los implicados en las matanzas. Los tribunales alemanes son muy estrictos en cuanto al tema de la protección de datos.

    En cuanto a la controversia con Daniel Goldhagen, ésta no deja de estar relacionada con la tesis que defiende uno y otro, ambas basadas en asertos totalmente encontrados. Browning entraría dentro de lo que denominaríamos historiadores funcionalistas o estructuralistas, es decir, aquellos que creen que el genocidio Judío hubo más de improvisación y desarrollo sobre la marcha que preparación planificada. Para Goldhagen es todo lo contrario, su posición expresada en su famosa obra” Los verdugos voluntarios de Hitler”deja muy a las claras que los alemanes estaban predestinados a llevar a cabo el genocidio a la vista de su actuación de preguerra. Sin duda una discusión apasionante.

    Un saludo.

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